¿Que es una Religión Fácil? ¿Mi religión esta a la altura de la Palabra de Dios?

El evangelio de Jesús nunca ha sido popular. Los evangelios revelan que Jesús “vino a lo que era suyo, y los suyos no le recibieron.” Juan 1:11.  De manera que Jesús nos dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; porque es estrecha la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo hallan.” Mateo 7:13–14. Aunque siempre ha habido una multitud de personas que profesan una religión, por esa razón, sólo ha habido unos pocos que han estado dispuestos a convertirse verdaderamente, dispuestos a ser quebrantados por la Roca y a crucificar el yo. A la religión nunca le ha faltado popularidad. A través de la historia, la mayoría de la gente tenía una “religión,” y hasta se sentían orgullosos de ella. Pero “la religión que es elegante, que es popular en el mundo, no es la religión del manso y humilde Jesús.” “La religión de Cristo no permite ninguna concesión, no cede a las influencias del mundo.”

Uno de los objetivos de Satanás para con nuestra iglesia es hacer que la religión sea popular; que las normas de la verdad sean rebajadas, para que nuestra iglesia pueda llenarse de quienes profesan una religión, pero no están verdaderamente convertidos. “El enemigo se ha esforzado continuamente por introducir en la iglesia a personas que dan su asentimiento a una buena parte de lo que constituye la verdad, pero que no están convertidas. Los cristianos profesos que obran con falsedad en relación a sus creencias son canales mediante los que Satanás trabaja. Él puede utilizar a los miembros de iglesia que no están convertidos para promover sus propias ideas y retardar la obra de Dios. Su influencia siempre tiende hacia el mal.”

El libro de Apocalipsis revela que Satanás ha tenido éxito en debilitar esta iglesia a través de personas que profesan la religión pero no están convertidas. En la profecía, esta iglesia es descrita: “Así, por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente. . . y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” Apocalipsis 3: 16–17. Pero a causa de su profesión, los laodicenses se ven a sí mismos como ricos y sin tener necesidad de nada. Ningún engaño más terrible podría llevar cautivo a un pueblo, y no hay una descripción más adecuada que ésta para describir nuestra iglesia de hoy en día. Estamos más resueltos a mantener un buen nombre que a vivir una vida santa. Queremos sentirnos satisfechos de nosotros mismos mientras conservamos nuestro estilo de vida mundano. Deseamos ser tan populares como las iglesias del mundo.

Ya no hay persecuciones desde afuera, solamente las que vienen desde adentro cuando alguien eleva su voz pidiendo una reforma. Y todavía con todos los esfuerzos para obtener popularidad, no estamos creciendo, cuando menos en los países occidentales. ¿Por qué debería ser esto así? Nos hemos convertido en laodicenses en forma relativamente lenta. ––adoptando las formas de las iglesias que componen la Babilonia mística, por rebeldía más bien que por intención. Como Elías dijo: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.” 1 Reyes 18:21. Escojamos tener una religión popular y agradable, o aceptemos el oprobio de la cruz. De manera que, para aquellos que desean una religión agradable y popular, no por  rebeldía sino por intención, aquí hay tres maneras de tener una religión agradable como la del mundo:

1) Predique a Jesús pero no Requiera una Obediencia Perfecta.

 Cada cual tiene un pecado que lo acosa. Desde nuestro nacimiento, Satanás ha estado cultivando ciertos pecados dentro de cada uno de nosotros. Recuerdo que en una clase bautismal, mientras estábamos leyendo en la Biblia acerca de las joyas, una joven habló, y dijo: “Si tuviera que quitarme mi anillo de bodas para ir al cielo, ¡no puedo ir!” Ella había estado casada solamente por seis meses y tenía un nuevo anillo de bodas de diamantes. Cuando la visité dos días después en su casa, estaban con ella dos ministros que no eran de otra denominación ayudándola a ver que un poquito de joyas no era malo. Ella vino al bautismo usando todas sus joyas. Me dijo que le explicara nuevamente las razones por las cuales el usarlas era malo. Entonces fuimos a la oficina y pasamos la próxima hora y media leyendo nuevamente todos los versículos y discutiendo su significado. Finalmente, con lágrimas, ella dijo: “¡Me rindo!” Desde ese momento en adelante el Señor la usó, y dentro de un período de tiempo relativamente corto, trajo a varias personas a la iglesia. Pero ella tenía que vencer el pecado que la acosaba. Posiblemente algún ángel malo había obrado para desarrollar en ella este amor, desde el tiempo en que era una niñita. Probablemente había recibido regalos de joyas. Sin duda alguna, se habían hecho comentarios arrogantes acerca del uso de las joyas, y lo bien que hacían que uno luciera. El uso de joyas ha sido asociado con la feminidad, con el atractivo sexual, con el matrimonio, con la riqueza, el éxito y el atractivo personal. ¡Cuán fácil habría sido el haberla traído a la iglesia sin tener que aconsejarla acerca del uso de las joyas!   ! Y aunque eventualmente ella tomó la decisión de quitárselas, cuántas no lo hacen!

Recuerdo otra joven que tenía trescientos pares de pendientes, algunos cientos de pares de zapatos, y tres abrigos de mink. Era amiga personal de algunas actrices de cine famosas. Ella asistió a todas las reuniones y aceptó todas las verdades––excepto una. Esa, nuevamente fue el uso de las joyas. Por consiguiente, encontró una iglesia que la aceptaba con el único pecado que la dominaba. Algunos se pierden cuando las normas son elevadas. Jesús perdió al joven rico. ¡Cuánta  credibilidad le hubiera dado a la iglesia en principios! Tenía dinero, influencia y liderazgo. Además, guardaba todos los mandamientos, y aun aceptó a Jesús públicamente. Se acercó a Jesús en plena luz del día y se arrodilló delante de él–– ¡más de lo que hizo Nicodemo! La aguda percepción de Judas  inmediatamente captó lo que significaría tener en su pequeño grupo a este líder tan respetado. Si el joven necesitaba algunas reformas, él pensaba que éstas podrían venir después. Cuando Jesús presentó al joven rico la condición del discipulado, Judas sintió desagrado. Pensó que se había cometido un error. Si a hombres como este joven príncipe podía relacionárselos con los creyentes, ayudaría a sostener la causa de Cristo. Si se le hubiese recibido a él, Judas, como consejero, pensaba, podría haber sugerido muchos planes ventajosos para la pequeña iglesia.

Cuando Jesús presentó al joven rico la  condición del discipulado, Judas sintió desagrado. Pensó que se había cometido un error. Si Jesús hubiera escuchado a Judas, el pequeño grupo de discípulos o habría perdido al joven rico, ni a la multitud de 5,000 cuando “muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.” Juan 6:66. Jesús parecía perder más discípulos de los que conservaba. Por alguna razón a él nunca se le habían enseñado los secretos del crecimiento de una iglesia. Sus normas eran demasiado elevadas, en la opinión de Judas. Numéricamente, Jesús podría haber tenido mucho más éxito, y nosotros podemos también, si solamente estuviéramos contentos de predicar más de “Jesús,” y no estuviéramos tan preocupados con la obediencia. Mientras una persona acepte a Jesús como su Salvador, y acepte “la mayoría” de las normas de la iglesia, con seguridad los otros puntos de una vida piadosa se reflejarán en la persona al sentarse sábado tras sábado en la iglesia. El único problema es que mientras aún existe un punto que no se ha rendido completamente al Señor, Satanás tiene el control de la vida. Pero “como esto exige una transformación completa y la renovación de toda nuestra naturaleza, debemos entregarnos a Él completamente.  No somos hijos de Dios a menos que lo seamos enteramente.”  

Aun cuando se muestren en la vida muchas áreas de un vivir piadoso, si un sólo pecado es acariciado, la experiencia cristiana es sumamente engañosa. Mientras existe un punto que no se ha rendido, toda la predicación del mundo no tiene ninguna utilidad. Judas no se convirtió por su asociación con Jesús. “Un solo rasgo malo en el carácter, un solo deseo pecaminoso, persistentemente albergado, neutraliza con el tiempo todo el poder del Evangelio. Cada vez que uno cede al pecado, se fortalece la aversión del alma hacia Dios.” El pecado es como un cáncer. O es completamente erradicado, o  erradicará completamente a Cristo. Hay solamente dos caminos que podemos recorrer: uno es el de la victoria total, el otro es el de la derrota total. Todo  lo que tenemos que hacer es descender un paso, y el siguiente se hará más fácil. “Después de cada paso de avance en el camino hacia abajo, Satanás tiene alguna tentación especial para guiar a los [profesos cristianos] aún más adelante en la senda equivocada.” Pero aquí está el problema. No sabemos cuándo hemos sido completamente derrotados. “Una vez que el pecado amortiguó la percepción moral, el que obra mal no discierne los defectos de su carácter.” El pecado ciega la percepción. Los líderes judíos en el tiempo de Jesús estaban bajo el completo control de Satanás, pero creían que eran los guardianes de la fe. Todo lo que Satanás necesita es que rechacemos una de las normas. “La eliminación de una salvaguardia de la conciencia, el fracaso en hacer justamente lo que el Señor ha señalado, un paso en la senda de los principios equivocados, a menudo conduce a un cambio completo de la vida y las acciones.” De manera que, si queremos ser populares como las mayorías de las iglesias, solamente prediquemos a “Jesús.” Llamémoslo “Cristo nuestra justicia.” Hagamos que la gente se convierta en cristianos activos y felices. Pero permítales conservar ese pecado acariciado.

2) Dígale a la gente que espere a que Jesús venza sus pecados por ellos.

 Si la mentira de que la perfecta obediencia es innecesaria no trabaja, Satanás tiene otra estratagema que es igualmente efectiva. Si él no puede engañarnos para que creamos que podemos ser salvos mientras conservamos ese pecado acariciado, entonces esta filosofía trabajará con seguridad. Predique a Jesús. Predique la obediencia perfecta. Predique la santificación. Pero dígale a la gente que Jesús efectuará la perfección por ellos. Enséñeles que solamente lean la Biblia y oren, y Jesús hará el resto. Esta es la más engañosa y atractiva filosofía. Recuerdo haber estado hablando con una persona que tenía una posición de liderazgo en la iglesia y que era adicta a cierta bebida cafeína. Ella la tomaba durante todo el día. Me dijo que sabía que esto era malo, pero que no podía dejarla. Le pregunté por qué la compraba. Me contestó que estaba esperando que Dios le quitara ese pecado. Aun sugirió que sería malo de su parte el dejarla a menos que Dios le quitara el deseo. Ella había asimilado este engaño magistral. Es cierto que no tenemos ningún poder para vencer el pecado por nuestra propia fuerza. Pero Dios nos ha pedido, que con su poder, lo saquemos de nuestras vidas. Jesús nos da el poder, pero nosotros debemos vencer. “En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo, hay la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los  dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.

Cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades  del alma, quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo. Cuando Judas se acercó a Jesús, pensó que si solamente se asociaba con él, todos los rasgos pecaminosos de su carácter serían borrados. ¡Qué equivocado estaba! “[Judas] sintió en su propia persona la evidencia del poder de Cristo. Amaba al gran Maestro, y deseaba estar con él. Sintió un deseo de ser transformado en su carácter y su vida, y esperó obtenerlo relacionándose con Jesús. El Salvador le dotó de poder para sanar a los enfermos y echar a los demonios. Pero Judas no llegó al punto de entregarse plenamente a Cristo. No renunció a su ambición mundanal o a su amor al dinero. Judas deseaba ser cambiado. Pensaba que por su asociación con Jesús sería transformado. Él escuchaba las palabras de Jesús día tras día, y hablaba con él cara a cara. Pero como no abandonó sus pecados, su vida no cambió como él esperaba.  ¡Cuántos atraviesan hoy en día una experiencia como la de Judas a causa de tener su misma filosofía! Han aceptado la idea de pasar solamente tiempo con Jesús y dejar que él cambie sus vidas aparte de sus propios esfuerzos. Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios dio a los hombres el poder de elegir; a ellos les toca ejercerlo. Desear ser bondadosos y santos es rectísimo; pero si no pasáis de esto, de nada os valdrá. Muchos se perderán esperando y deseando ser cristianos. No llegan al punto de dar su voluntad a Dios. No deciden ser cristianos ahora. Hay una obra que el hombre debe hacer para vencer el pecado y que Dios no puede hacer por él. Dios le dio a Sansón fortaleza sobrehumana, pero él tuvo que ejercitar cada onza de su propia energía para levantar las puertas de la ciudad. Él no tenía poder para hacerlo por sí mismo. Pero tampoco podía simplemente arrodillarse junto a esas puertas y esperar que éstas se movieran. Tuvo que usar el poder que Dios le había dado. Y nosotros también debemos hacer el esfuerzo de expulsar el pecado del alma. Debe haber un esfuerzo sincero por vencer mediante la gracia que Dios nos da libremente. La agradable fábula de que lo único que hay que hacer es creer, ha destruido a decenas de millares, porque muchos la han llamado fe, lo cual no es fe sino simplemente un dogma. El hombre es un ser inteligente y responsable; no ha de ser llevado por el Señor como una carga pasiva, sino que ha de trabajar en armonía con Cristo. El hombre ha de realizar la obra que se le ha señalado al luchar por obtener la gloria, el honor y la inmortalidad. Dios exhorta al hombre a usar cada talento que él le ha prestado, a ejercitar cada poder que él le ha dado, porque el hombre nunca puede ser salvo en desobediencia e indolencia. La ayuda divina ha de  combinarse con el esfuerzo humano, la aspiración y la energía. Pero no podemos alcanzar las almenas del cielo sin ascender por nosotros mismos. Ni siquiera el poder divino puede elevar hasta el cielo a un alma que no esté dispuesta a realizar esfuerzos en su propio beneficio. Dios trabajará por sus  hijos, pero no lo hará sin su cooperación. Ellos deben tener una energía indomable. Dios no librará a quienes no luchan por liberarse a sí mismos [de la tentación].

El consejo es claro. Debemos vencer como lo hizo Jesús, primeramente, uniendo nuestra debilidad con su fortaleza, nuestra fragilidad humana  con su divina omnipotencia, nuestra naturaleza con la suya, y entonces, habilitados de esa manera, debemos vencer el pecado rehusando hacer el mal y escogiendo hacer el bien. “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8:13. Pero esta obra requiere la crucifixión, lo cual no es agradable para el corazón natural. Esto no contribuirá a formar una iglesia grande y popular. Si queremos tener una doctrina placentera que gane más adeptos, predique la victoria mediante Jesús, llámela “justificación por la fe,” pero enseñe que Jesús efectuará la obra de vencer por nosotros.

3) Conduzca a la Gente a Adorar el Sistema.

En todas las edades, la adoración del sistema ha trabajado efectivamente. Haga que la gente transfiera lo creado la lealtad que debe a Dios. En épocas pasadas los hombres adoraban las obras de la creación en el sol, la luna y las estrellas, todo en el nombre de la religión. Pero en el tiempo del Nuevo Testamento Satanás ha encontrado algo nuevo––la iglesia. A través de la Edad Media, el ídolo y el narcótico de la humanidad era la iglesia. La gente miraba hacia la iglesia para la interpretación de las Escrituras, para que estableciera la pauta de sus vidas diarias, y para llenar el vacío que existía en el corazón de cada hombre y mujer. Ellos trabajaban y se sacrificaban por la iglesia. Dios era su padre, pero la iglesia se convirtió en su madre, y su lealtad absoluta era para su madre. ¿Estamos nosotros en el mismo peligro? En el mensaje a Laodicea se presenta a Jesús como estando ente la puerta, mientras que la iglesia en su interior continúa funcionando como si no tuviera necesidad de nada. La  iglesia ha reemplazado a Jesús. ¿Necesitamos la iglesia? Sí, de la misma manera en que necesitamos el sol, la luna y las estrellas. Pero la iglesia nunca debe tomar el lugar de Dios. Nunca debe haber un credo que ocupe el lugar de la Biblia. Nunca debe haber un sistema que tome el lugar de la obediencia personal. Nunca debe haber una interpretación oficial que sustituya la convicción personal.

La nación judía no llegó repentinamente a su condición de pensamiento y conducta. De generación en generación estaban actuando sobre la base de teorías falsas, aplicando principios opuestos a la verdad y combinando con su religión pensamientos y planes que eran producto de mentes humanas. Se consideraba que los planes humanos eran supremos. El poner a los hombres donde Dios debe estar no lo honra ni lo glorifica. Podemos ascender en el sistema de la organización humana, pero no podemos subir a la prominencia en la viña del Señor. Él dijo: “El que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro servidor––como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Mateo 20:27–28.

El servicio de culto organizado es más fácil, más agradable y más satisfactorio para el corazón carnal que hacer todo por el Maestro. Es muy engañoso porque Dios ha ordenado que haya organización. Dios no está conduciendo elementos discordantes hacia el reino, sino un ejército bien disciplinado. Pero cuando prestamos nuestra lealtad al ejército en vez de al Rey, entonces la organización se convierte en una maldición en lugar de ser una bendición. A causa de este problema, la organización durante el Nuevo Testamento se mantuvo muy sencilla y sin ninguna pretensión. Había  suficiente organización para impulsar a la iglesia a diseminarse por todo el mundo, unida por los lazos de amor hacia Dios y humildad de servicio a la humanidad. Todos eran siervos de Aquel que había dado su vida por ellos. Todos eran estudiantes de la Palabra. Todos se consideraban hermanos. Como Jesús dijo: “Todos vosotros sois hermanos.” Mateo 23:8. Por eso, aunque esta lista no afirma estar completa, hay tres pasos importantes, todos igualmente exitosos para hacer que la iglesia sea popular y laodicense:

1.       Predique a Jesús, pero no requiera una obediencia perfecta.

2.       Dígale a la gente que confíe en que Jesús va a vencer sus pecados por ellos.

3.       Dirija a la gente a que le rinda culto al sistema.

El difunto Marshall Grosboll era el director de Steps to Life, en Wichita, Kansas, cuando este artículo fue publicado por primera vez.

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