* La quinta iglesia: Sardis
Escribe al ángel de la iglesia
en SARDIS: el que tiene los siete los
siete espíritus de
Dios, dice esto: Yo conozco tus
obras, que tienes nombre de que vives, y
estás muerto (3:1).
Sardis significa “Canto de gozo” y representa la iglesia en tiempos de
la Reforma del 1517, hasta el 1798, cuando culmina la gran profecía de tiempo
de Daniel 7:25 y que varias veces se menciona en Apocalipsis.
La obra de reforma, que había sido aplastada por el poder religioso-político del Medioevo, tuvo
su gran victoria con el monje alemán Martín Lutero. Por primera vez un reformador tiene el apoyo de toda una nación,
representada por sus príncipes.
Lutero era monje de la orden de los Agustinos. Su vida monástica se concentraba en estudios
profundos de teología y en mortificaciones del cuerpo. Su primer contacto con la Biblia fue en la
biblioteca del monasterio. Aquel libro
lleno de polvo asombró al monje y desde ese momento lo hizo su compañero.
En un viaje a pie que tuvo que hacer a Roma con un compañero
de la orden, Lutero notó la buena vida que se daban los monjes en Roma y la
pompa en que vivía el pretendido vicario de Cristo. Quiso subir de rodillas la “escala santa”, la cual se decía que
fue trasladada milagrosamente al Vaticano, y al ir por la mitad se acordó de un
texto bíblico que cambió el derrotero
de su vida: “El justo vivirá por la fe”.
Lutero razonó: “Si ya Cristo la
subió por mí. ¿qué hago yo aquí? Si
debo vivir por fe, ¿para qué este sacrificio?”
El monje se levantó y prosiguió la subida a grandes zancadas.
De regreso a su tierra, la vida de Lutero había cambiado. Se doctoró en sagrada teología y se
convirtió en profesor en la moderna
universidad de Wittenberg. Su conocimiento de la Biblia hizo de su
cátedra una diferente a la que estaban acostumbrados los estudiantes. Varios cursos se basaban enteramente en el
Tomo Sagrado. A veces se apartaba del
latín y enseñaba sus clases en alemán.
Para construir la basílica de San Pedro, el papa Julio II había ideado
vender las indulgencias. Por toda
Europa, los monjes dominicos fueron
llevando el decreto del papa y recolectando dinero. El abuso llegó al colmo al insistir en que, no sólo el dinero
dado sacaba las almas del purgatorio, sino que tenía el poder de perdonar los
pecados pasados, presentes y futuros de los dadores. Al ver este trágico espectáculo , Lutero se molestó, y el 31 de
octubre del 1517, clavó un pliego conteniendo 95 tesis en contra de la venta de las indulgencias en
la puerta de la catedral de la universidad e invitó a estudiantes y profesores
a discutir con él su contenido. Esto
fue el comienzo de la Reforma en Alemania, que repercutió por toda Europa.
Sin la autorización de Lutero, sus tesis fueron traducidas a los
idiomas de Europa y distribuidas por todo el continente. Avisado el papa de las actividades del monje
rebelde, este no le dio importancia.
Pero a medida que pasaba el tiempo,
los líderes de la iglesia consideraron a Lutero un peligro para la
unidad de la iglesia.
Varios concilios se celebraron para enjuiciar a Lutero. Grandes disputas se llevaron a cabo, una de
ellas con el doctor Juan Eck, paladín del romanismo. Nada convencía a Lutero, el cual tuvo que asistir a los concilios
con un salvoconducto para ser protegido, ya que había amenazas de muerte contra
él. Viendo el peligro que corría el
reformador, Federico, elector de Sajonia y amigo de Lutero, lo raptó con sus
guardas y lo llevó aun antiguo castillo llamado “El Wartburgo”. Inquieto
como era, Lutero comenzó allí la traducción de la Biblia al
idioma alemán, gracias a su conocimiento de las lenguas hebrea, griega y latina.
Mientras Lutero estaba en el Wartburgo, su amigo y colaborador Felipe
Melancton y otros redactaron la “Confesión de Ausburgo”, la cual fue leída ante
el emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos V, en el concilio. El emperador intentaba reconciliar a los
príncipes alemanes con Roma, pero no pudo.
Los príncipes protestaron ante el concilio, declarando que nadie, ni el
emperador, podían mandar en sus
conciencias y se
declararon evangélicos
luteranos. Esta protesta ha dado a los
no-católicos el mote de “protestantes”. La “Confesión” es el primer tratado sobre libertad de
conciencia.
Lutero no quería apartarse del catolicismo, pero viendo que los líderes
de la iglesia se mantenían en su posición de seguir con las prácticas anti-bíblicas,
rompió con Roma y organizó la nueva iglesia.
El movimiento luterano no estuvo exento de errores. Lutero aprobó la matanza de los campesinos
rebeldes e hizo otras cosas que no estaban bíblicamente correctas. Varias de sus doctrinas eran muy cercanas a
las del romanismo. Pero no podemos
olvidar su gran contribución a la comprensión del Evangelio y su lugar en la
obra de reforma.
“Tienes nombre que vives y estás muerto”; este es el
fin pronosticado por Cristo del movimiento de la Reforma. El
“canto de gozo” de “el justo por la fe vivirá”, se convirtió en una licencia
para pecar. Muchos predicadores
indicaron que la gracia y la fe no nos
obligaba a obedecer los mandamientos de Dios.
Que “esa ley” ya fue guardada por Cristo y que el nuevo pacto nos
libraba de su observancia.
Sé vigilante, y afirma
las otras cosas que están para morir; porque no
he hallado tus
obras perfectas delante de Dios.
Acuérdate por tanto de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete.
Pues si no velas, vendré a ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré
a ti (3:2,3).
El sabio Salomón nos dice en Eclesiastés 12:13: “El
fin de todo el discurso oído es este:
Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del
hombre.” La observancia de la ley de
Dios nunca ha sido dada para salvar al individuo, más bien como una norma de
vida para el cristiano. Pero la
doctrina que pretende que el individuo salvado no tiene la obligación de
guardar la ley de Dios es tan peligrosa o peor que la que hace un énfasis indebido en la observancia rigurosa
de la ley para ser salvos. Las palabras
de Cristo al joven rico son más que claras:
“Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.” (Mateo 19:17) Pablo, el apóstol de los gentiles, tiene un texto que a algunos
no les gusta: “…los hacedores de la ley
serán justificados.” (Romanos 2:13)
Los que han aceptado la salvación de Dios a través del sacrificio de
Cristo no guardan la ley para ser salvos, sino como resultado de la salvación
recibida. Pero lo que enseñan algunos
teólogos modernos está en contra de lo que la gracia significa. Pablo dice que el que está en Cristo es “una
nueva criatura.” Lo que hace la gracia
es transformar a un individuo, de un transgresor en un guardador de los preceptos
divinos. La gran combinación es: “los
mandamientos y la fe de Jesús.” (Apocalipsis 14:12)
Esa actitud negativa hacia la perfecta ley de Dios (Salmo 19:7), hace
que Cristo indique a Sardis: “No he
hallado tus obras perfectas delante de Dios.” Dios llama a los dirigentes a recordar lo que habían
“recibido y oído”. Es necesario volver
a la Biblia. Buscar en ella esas
verdades preciosas y abandonar los “mandamientos de hombres.”
“Vendré a ti como ladrón” es otra alusión a la segunda venida
de Cristo. Él vendrá “como ladrón”, no
en un “rapto secreto”, como dicen los modernos predicadores, sino que viene sin
avisar. Al comentar Apocalipsis 1:7,
hablamos de este tema.
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus
vestiduras; y andarán conmigo en
vestiduras blancas porque son dignos
(3:4).
En el período de Sardis, a pesar de la proliferación de sectas y de las
doctrinas falsas en contra de la ley de
Dios, hubo sinceros cristianos. Las
vestiduras blancas representan la justicia de Cristo. Al aceptar las provisiones del Evangelio recibimos ese ropaje
celestial, pero es nuestro
deber ineludible de mantenerlo en su blancura.
Salomón nos dice: “En todo tiempo sean blancas tus vestiduras.”
(Eclesiastés 9:8) Si la justificación
por la fe pudiera resumirse en una palabra esta sería “dependencia”. Ni por un momento podemos dejar de mirar a
Cristo, depender de su gracia.
El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su
nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de
sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo
que el Espíritu dice a las iglesias
(3:5,6).
Son los vencedores los que recibirán la salvación en el reino de gloria
de Cristo. Si aquí en la tierra, a
pesar de las maquinaciones satánicas, mantenemos las ropas de la justicia en toda su blancura, poseeremos por siempre
el ropaje celestial.
El tema de la
Justificación por la fe debe ser analizado a menudo. Se debe predicar con más entusiasmo. Esta doctrina ha de ser predicada, hasta que cada miembro de la
iglesia esté familiarizada con ella.
Este será el tema a estudiar aun en la eternidad.
La
expresión “no borraré su nombre del
libro de la vida”, indica una obra de juicio.
Al aceptar a Cristo como Salvador, nuestros nombres son escritos en “el
libro de la vida”. Pero eso no es
garantía de salvación. En algún momento
de la historia, los libros debían de
ser abiertos y juzgados los casos de todos los profesos seguidores de
Dios. Esta escena de juicio se presenta
en el libro de Daniel 7:9-14. El
momento de la apertura del juicio se halla en los capítulos 8 y 9 de Daniel, lo
cual veremos en el próximo capítulo.
Los victoriosos de Sardis, así como los victoriosos de todas los
períodos eclesiásticos, han de pasar el escrutinio del juicio
pre-advenimiento. Este acto no debe
atemorizar a los cristianos, ya que contamos con el gran Abogado (1 Juan 2:1),
Jesucristo. Él tomará nuestro caso y
responderá por nosotros cuando nuestro nombre sea llamado.
* La sexta iglesia: Filadelfia