¿Cuánto Vales?

Rescate y  Reunión

“Juez, ¿alguna vez has pensado en lo que tu significas para Dios?” Dirigí mi pregunta a un amigo que había servido como juez del condado por muchos años y que también su esposa había fallecido recientemente. Nuestra conversación se volvió al tema de las promesas de la Biblia y el mensaje de consuelos que trae. “Recientemente en Venezuela,” Yo continúe, “Un padre pago $900,000 para rescatar su hijo de trece años que había sido secuestrado. ¿Valió la pena?” “Claro que Si,” dijo mi amigo, “El niño es muy valioso para su padre.”

“Si” estuve de acuerdo, “Ahora Juez, dime, ¿alguna vez alguien ha pagado un rescate por ti?”


El asintió. El sabia del sacrificio del Calvario.


“Juez, ¿tú vales la pena?”


Inclino su rostro. “No, Mr. Frazee, desafortunadamente no.


“Espera,” Yo insistí. “¿Dios reconoce valores?  ¿Él que te creo sabe cuánto valor tienes? Si El dice que tú vales la pena por lo que pago por ti, ¿lo dudarías? Después de todo, Si no valieras la pena, pues se habría engañado el mismo, ¿no crees? Gracias a Dios, Juez, tu si vales el rescate.”


 ¿Qué hace el hombre tan valorable para Dios?


Supongamos, cuando el padre busco por todas partes por su hijo secuestrado, alguien se le acerco, y le propuso esta oferta: “Señor, Escucho que buscas a tu hijo y que pagarías $900,000 por su rescate.”


“¡Si, absolutamente! ¿Me puedes ayudar en encontrar a mi niño?”


“Pues, creo que puedo encontrarte un niño que te saldría en solo mil dólares. Te ahorrarías mucho dinero.”


 ¿Crees que el padre presto la mas mínima atención? ¡Claro que NO! El no buscaba por cualquier niño. El buscaba por EL niño, por su propio hijo.


 ¿Porque Dios pago un rescate tan infinito por el hombre?


Para entender tenemos que reconocer el propósito de Dios al crear el hombre.


Dios creó el hombre para que tuviera 
compañerismo con El mismo. Referente al antiguo Israel, Dios dijo, “Este pueblo lo he formado para mi” (Isaías 43:21). Si, “El Señor se deleita en su pueblo” (Salmos 149:4).


Cada uno es diferente, un nuevo individuo. ¿Alguna vez has visto alguien como tú? A veces cuando hago esta pregunta, alguien responde, “¡No, y es una buen respuesta!” Si, es una gran cosa. Si pudieras conseguir tu duplicado, tu valor bajaría por lo menos un cincuenta por ciento. Pero no hay peligro. Tu res único. Dios “necesitaba” solo uno como tú. Pero el “necesitaba” ese. “Nosotros somos traídos a la existencia porque somos necesitados” (Ellen G. White, Signs of the Times, Abril 22, 1903).

Una de las mayores necesidades del Corazón humano es sentirse necesitado. Para llenar la necesidad de aquel a quien amamos, saber que esa persona llena nuestras necesidades- esto constituye la base de la verdadera comunión. El esposo y la esposa que tiene una experiencia junta disfrutan de un anticipo al cielo. Cuando padres e hijos comparten esta comunión, no hay una brecha generacional. La satisfacción de la amistad verdadera es posible debido a la necesidad mutua y la mutua satisfacción de la necesidad. Y por todas estas relaciones humanas Dios busca revelarse antes nosotros. El desea hacernos comprender no solo lo que El significa para nosotros pero lo que nosotros  significamos para El. Muchos héroes bíblicos han alegrado a su Creador por solo disfrutar una relación intima con El. Enoch camino con Dios trescientos años. El significaba tanto para Dios que dijo, “Ven conmigo a mi hogar, Enoc, y caminaremos juntos durante toda la eternidad.” “Antes de que fuese traspuesto tuvo su testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5). Enoc hizo a Dios feliz.  El satisfizo la necesidad del corazón de Aquel quien es Infinito, y hay Enoces hoy (COL 332).

 

Piensa en Abraham. Mientras las Escrituras registran todos sus errores y fallas, también afirma que “El se llamaba el amigo de Dios” (Santiago 2:23). ¿Quién lo llamo así? El señor mismo. El se refería a él como “Abraham mi amigo” (Isaías 41:8). Nota que en la historia de Génesis 18 el compañerismo que Dios disfrutaba con Sus amigos. Escucha Su expresión de confianza: “Yo lo conozco” (Génesis 18:19). Escúchalo hablar con Abraham sobre la suerte de Sodoma.

Presta atención a como Abraham habla con Dios reverentemente, pero con seguridad, sugiriendo lo que él piensa que está de acuerdo con la justicia divina y la misericordia.

 

Entonces considera a Moisés. “El Señor le hablo a Moisés cara a cara, como un hombre le habla a un amigo” (Éxodos 33:11). Esta intimidad, se desarrollo mientras los años de Moisés en solitud como pastor en Madian, continuo intacto (guarda para el momento de impaciencia en Kadesh) durante sus cuarenta años como líder visible de Israel. Observa a Moses en el monte,  encerrado con Dios en la más estrecha comunión. Aquí fue cuando Dios le revelo los planes de un santuario en la tierra, un modelo en miniatura del templo celestial. Pero la consideración de estos planes se interrumpe cuando Dios le dice a Moisés que es lo que estaba pasando en el campamento.  La apostasía exige medidas severas, y Dios propone destruir a Israel y empezar una nueva nación con Moisés. Como Abraham, Moisés se atreve con humildad pero con valentía de interceder con Dios. El insta razones por las que Dios debe perdonar a Israel.

El ofrece dar su propia vida por su gente. Su pedido resuena los más profundos anhelos del Altísimo.

 

Entonces Dios y Moisés llegan a un entendimiento juntos, un acuerdo sobre el futuro de Israel.

¿Y dónde caes tú en el cuadro? Dios te formo a ti también para ser Su amigo. Tú no puedes coger el lugar de Enoch, ni el de Abraham o el de Moisés, ni nadie puede coger el tu lugar tampoco. Dios tiene un lugar en su corazón infinito que solo tú puedes llenar. Él te “necesita” como Su amigo. El busca tu compañía, tu amor, tu entendimiento. Para el eres inapreciable. Por esta razón el te creo. Por esta razón el murió por ti. Por esta razón el volvió al cielo a prepararte un lugar, dejando su promesa de despedida, “yo volveré de nuevo, y os tomare a mi mismo; para que donde yo este, vosotros también estéis” (Juan 14:3).

 

Toda mi vida he entendido que yo necesitaba de Dios. Pero me vino como una maravillosa revelación cuando aprendí que él me “necesitaba” a mí, no solo para hacer mandados para él, pero para ser su amigo. Y quiero compartir esa buenas noticias contigo en este libro. Que no importa cuánto el me quiere y me aprecia a mí, recuerda que el te valora a ti como si fueras la única persona en el mundo. “Las relaciones entre Dios y cada alma son diferentes y llenas como si no hubiera otras almas en la tierra” (SC 100).

 

¿Cómo Dios necesita de un solo individuo cuando él tiene millones de otros amigos?

Imagínate una familia de ocho niños. A medida que crecen a la adolescencia  y veinteañeros, siete de ellos salen ser buenos hombres y mujeres quienes respetan a sus padres y aprecian todo lo que han hecho por ellos. Pero uno de ellos es un malcriado, desobedeciendo las leyes de Dios y las del hombre. Se sentara el padre con la madre y dirá “pues, madre, hemos hecho un buen trabajo. Tenemos siete de los ocho, que viene siendo arriba del promedio. Lo lamento por Harry. Si él decide regresar a casa, claro que le daremos la bienvenida, pero no debemos permitir que lo que ha hecho destruya nuestros corazones. Después de todo, tenemos siete hijos leales. Seamos agradecidos y no nos preocupemos.”

 

¿Crees que así habla el señor? Y si así es, ¿crees que una madre estaría de acuerdo con él?

En mi imaginación yo veo la familia juntos en el Día de acción de Gracias. Jorge, el hijo mayor, ha venido a casa para la reunión. ¡Qué alegría le trae al corazón de sus padres! Y Mari, Dios la bendiga, ¡revela un carácter hermoso! Y lo mismo con los otros cinco sentados alrededor de la mesa en esta reunión tan alegre con sus padres. Pero una lágrima corre por las mejillas de la mama. Y otra, porque piensa en Harry, su niño rebelde, afuera en el mundo. Y cuando miro en sus ojos llenos de lagrimas, me llena de tristeza el hecho de que tenga siete niños leales, amables solo empeoran el dolor al pensar en Harry. Ella tiene un lugar en su corazón que solo Harry puede llenar.

 

Entonces, ¿qué de aquel quien hizo a las madres? El también tiene un lugar en su corazón en el que nadie más pero tú puedes llenar. Y el amor de aquellos otros millones de personas que alegran el corazón de El no pueden coge el lugar de tu amor, tu amistad, ni tu compañía.

Solo una cosa impide. Pecado separo al hombre de Dios en Edén, y el pecado prolonga esa separación hoy.  “Tus iniquidades te han separado a ti y a tu Dios” (Isaías 59:2)

 

Ya que el pecado hace la separación de Dios y esos quien ama, El odia eso, no lo puede tolerar, no puede vivir con eso. El tiene que erradicar eso, pero ¿cómo hace eso sin destruir esos infectados con pecado?

 

En el santuario Dios revelo su grandioso plan para resolver el problema del pecado- como destruir el pecado sin destruir aquellos a quien el ama, como salvar los pecadores sin perpetuar el pecado. Es un plan costoso. Ya le ha costado a los cielos largos ciglos de tristeza y dolor. Pero eres tan valorable que Cristo hubiera pagado tu rescate entero solo para salvarte a ti.

 

Rescate es una cosa, Reunión es otra, y Cristo nuestro Creador, Redentor, e Intercesor ha provisto completa mente ambos.

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