NO HAY JUSTO

"Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia  de los hombres que detienen con injusticia la verdad" (1: 18).

 

El tema central de la epístola a los romanos es " la justicia de Dios," la provisión divina para hacer frente a la emergencia que introdujo el pecado en los dominios de Dios. Pero, ¿por qué fue necesaria tal provisión? ¿No había otro camino, otra manera de resolver el problema?

 

En realidad, había otro camino, pero Dios rehusó tomarlo. Cuando Adán y Eva fueron creados y colocados como mayordomos de Dios en el jardín del Edén, fueron puesto "a aprueba." Dios le especificó claramente las condiciones bajos las cuales debían operar. Había un árbol, El árbol de la ciencia del bien y del mal en medio del huerto, del cual no debían comer. "Por que el día que de él comiereis, ciertamente moriréis" (Gn. 2: 17), les advirtió El Señor.

 

¿POR QUÉ LA CRUZ?

El versículo 17 dice que el Evangelio revela la justicia de Dios, y en seguida, en el versículo 18, plantea el problema diciendo que hay dos razón. Que demandaron la cruz; una tiene que ver con Dios y la otra con el hombre. Veamos como lo expresa: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detiene con injusticia la verdad."

Lo primero que menciona es la ira de Dios, y en segundo lugar, el pecado del hombre. En otras palabras, el problema del pecado es más complicado de lo que a veces suponemos. Dios tenía un problema real que necesitaba resolver para poder salvar al hombre, el problema de su "ira." ¿Pero cómo? ¿No es que Dios es amor? ¿Cómo puede ser posible que la cruz  haya sido requerida por la ira de Dios? ¿Está acaso enojado Dios con el hombre?

 

LA IRA DE DIOS.

Adán y Eva no recibieron el castigo que merecía, no fueron objeto de  la ira de Dios, porque apareció un sustituto que tomaría el lugar de ellos y pagaría el precio de su redención.

Debemos detenernos todavía por un momento para aclarar el significado de la palabra "ira" en la Escritura, porque no es que la palabra aparece en forma accidental sólo en el versículo que estamos considerando. En realidad, se encuentra más de 500 veces en la Biblia.

En el Antiguo Testamento se menciona la ira de Dios en diferentes contextos. Abuso e injusticia para con la viuda y el huérfano  despierta la ira, o el furor, de Jehová (Éxodo. 32:22-24). La idolatría, como en el incidente del becerro de oro que fabricó Aarón, despierta la ira, la indignación de un Dios santo (Éxodo. 32:10).

La otra palabra, la que se usa en el texto que estamos considerando, es la palabra orge, la cual significaba originalmente un impulso natural, una disposición. No se refiere a algo repentino o descontrolado. Juan el Bautista, el precursor de Jesús, les dijo a los fariseos que lo escuchaban: "¿Quién os enseñó a huir de la ira (orge) venidera?" (Mateo. 3: 7).

El apóstol Pablo usa 10 veces la palabra ira en esta carta y varias veces más en las otras epístolas. Es interesante notar que la Biblia también nos habla de "la ira del Cordero" (Ap.6: 16).

El concepto de ira, humanamente hablando, tiene la connotación de enojo, de pasión irracional, de arrebato, de descontrol. Pero cuando se refiere a Dios, apunta a una dimensión de su carácter que es tan real como lo es su amor y su justicia. Él no se enoja como el hombre, pero reacciona con justicia. La ira de Dios, por lo tanto, la reacción natural, inevitable de un Dios santo y justo ante todo lo que es pecado e injusticias.

 

El Pecado Del Hombre.

El significado primario de la palabra "impiedad," asebeia en griego, tiene que ver con idolatría, con tener dioses ajenos, con negarle a Dios lo que le corresponde. Es un pecado en contra de Dios y, por lo tanto, es la violación del primer mandamiento. La segunda palabra, "injusticia," es adikia, un término que en forma general habla de obrar mal, de obrar en forma injusta, inmoral; describe el pecado contra el prójimo. Es la violación del segundo gran mandamiento.

El pecado ofende a Dios y lastima al prójimo. La impiedad es precursora de la inmoralidad. Es una relación desquiciada con Dios, lo que es, en última instancia, la causa de toda inmoralidad e injusticia entre los hombres. Cuando el hombre se separó de Dios, también se separó de su prójimo. Es por eso que Jesús dijo que el primer mandamiento tiene que ver con el amor a Dios, y de él se desprende el segundo, el amor al prójimo. El amor al prójimo es el resultado del amor de Dios en el corazón.

Después de exponer en forma sucinta el problema que el pecado introdujo en el universo, con el propósito de aclarar de él por qué fue necesaria la cruz, el apóstol va a ahondar, en el resto de esta sesión, acerca de los efectos del pecado, de total bancarrota moral en la que se encuentra de todo ser humano.

 

DEPRAVACIÓN TOTAL.

Ésta es la situación triste, pero real de la humanidad. El pecado de Adán ha tenido efecto devastadores, no sólo en la conducta del hombre, sino en su naturaleza. Le escritura hace referencia a esta realidad cuando dice que Adán "engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen" (Génesis. 5: 3). Adán, en su estado de inocencia y perfección, había sido creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis. 1: 26). Pero el hijo de Adán nació conforme a la imagen de su padre después de la caída. Desde entonces, "todo designio del pensamiento del corazón de ellos (de los hombres) era (es) de continuo solamente al mal" (Génesis.6:5). El pecado esclavizó al hombre, rindiéndolo incapaz de hacer el bien.

 

DESPROVISTOS DE JUSTICIA.

Además de que todo hombre está bajo el juicio de Dios, bajo condenación, desprovistos de justicia y bajo sentencia de muerte, sino que nadie puede remediar su situación, no hay nada que el hombre pueda hacer para librarse del espantoso fin que le espera, porque "por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él..." (3: 20). Es muy obvio, por lo tanto, que si Dios va a salvar a alguien, debe hacerlo por algún otro medio.

 

Es por eso que Dios proveyó una justicia, esa justicia que el hombre necesitaba, pero que es incapaz de producir. Y puede recibirla como un don gratuito, pero sólo cuando reconozca su total bancarrota morar y falta de recursos, y acuda penitente al dador de la gracia.

El reconocimiento de nuestra necesidad debe ser, pues, permanente. No es suficiente reconocerlo sólo hasta que encontramos a Dios y después olvidándonos de ello. Nuestra gran necesidad es parte de nuestra vida, por lo que siempre debemos seguir buscando; como dijera Agustín hace 1500 años, "una vez que hayas encontrado a Dios, sigue buscándolo." Si hemos comprendido la realidad del pecado, la convicción de nuestra permanente necesidad nos va a acompañar todos los días, porque es solo dependiendo de la gracia de Dios como podremos avanzar seguros.

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