EL CABALLO ROJO (v.3-4). 

Cuando Jesús abrió el segundo sello, el caballo que apareció era "rojo" o "Al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande" (versículos 3, 4). “Y cuando abrió el segundo sello”.  El segundo sello está representado por un caballo rojo.  El color rojo en las Escrituras está asociado con violencia, o derramamiento de sangre (Is 63:1-2, Ap 19:13-15).  La gran ramera se describe sentada sobre una bestia de color rojo o escalata, la cual está embriagada con la sangre de los mártires (Ap 17:3,6).  El dragón tiene un color rojo (Ap 12:3).  “Y el que estaba sentado sobre él, fue dado poder de quitar la paz de la tierra”.  Este sello es muy diferente al primero.  El jinete del caballo blanco anuncia victoria, buenas nuevas para el cristianismo.  El jinete del caballo rojo anuncia muerte y persecución contra la iglesia. El jinete de este sello recibió autoridad.  Es decir, se le permitió quitar la paz y que se matasen los unos a los otros.  Una vez que Jesús ascendió, Satanás se enojó contra los descendientes de la mujer (Ap 12:17).  Roma abusó de su autoridad y fue usada por Satanás para maltratar a los hijos de Dios. El sello segundo representa el período de persecución durante el período de la iglesia de Esmirna.  El imperio romano fue el instrumento en las manos de Satanás para perseguir  a la iglesia cristiana.  Daniel había anunciado persecución bajo este cuarto imperio mundial (Da 7:23).   A los cristianos que les tocó vivir bajo el segundo sello, se les dijo: “sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Ap 2:10).

APOCALIPSIS 6:5-8

EL CABALLO NEGRO

El caballo del tercer sello era "negro" o "El que lo montaba tenía en la mano una balanza, y oí como una voz en medio de los cuatro Seres que decía: 'Un litro de trigo por un denario, tres litros de cebada por un denario, Pero no causes daño al aceite y al vino' " (versículo s 5-7). “He aquí un caballo negro”.  Del color rojo pasamos al color negro.  El color negro está asociado con oscuridad y tinieblas (Gen 15:12, Prov. 4:19, 2P 2:4, Jud 6).  La Biblia dice que Dios es luz (1Jn 1:5), andar en tinieblas sería andar en oposición a Dios.  El color negro es el color opuesto al color blanco.  El color negro del caballo del tercer sello, ilustra el ambiente de apostasía vivido en el tiempo de la iglesia de Pérgamo.  En esta iglesia, la presencia de idolatría y de fornicación  fueron comunes.  Así como Balac y Balaam se combinaron para hacer daño a Israel, de la misma manera (Ap 2:14), la iglesia y el estado se unieron para introducir la apostasía y la idolatría en la iglesia cristiana. Para el tiempo de este sello, Satanás tenía su silla en medio de la iglesia (Ap 2:13). “Con una balanza en su mano”.  A diferencia del sello anterior, el jinete del sello tres no mata, sino que vende ciertos productos con una balanza en sus manos.  En las Escrituras, las pesas o balanzas son usadas como referencia a transacciones comerciales.  Dios espera que sean balanzas justas (Job 31:6, Prov. 16:11).  También como símbolo de juicio (Dan 5:27, Lev 19:36).  En el contexto de este sello, el jinete usa la balanza contrario a lo que Dios recomienda.

“Dos libras de trigo por un denario”.  Un denario era lo que un obrero común ganaba al día.  Esto puede ilustrar que los precios por los productos que aquí se venden son elevados.  El trigo era un alimento básico en el oriente.  Este jinete lo ofrece entre ocho a dieciséis veces más caro que el precio regular de la época.  El trigo es usado como un símbolo de bendición de parte de Dios en una tierra fértil (Gen 27:28, Dt 8:8).  También representa a los hijos de Dios (Mt 3:12, 13:25, Lc 22:31).  “Seis libras de cebada por un denario”.  La cebada era otro producto indispensable en Palestina.  Este cereal era usado para hacer pan (Juec 7:13, Jn 6:9).  La cebada era un producto más barato que el trigo.  Esto ilustra la falta de alimento espiritual que los miembros de Pérgamo van a experimentar.  La iglesia escondió el verdadero alimento y negoció con el estado la pureza del evangelio.  Por eso Jesús se presenta en Pérgamo como aquel que va a pelear con la espada aguda de dos filos (Ap 2:16).  Miles de cristianos sufrieron de hambre espiritual. “Y no hagas daño al vino ni al aceite”.  Sin embargo, a este jinete se le prohíbe tocar el vino y al aceite.  El vino es usado como un símbolo de la sangre de Cristo (Mat 26:27-29, 1Cor 11:25).  La sangre de Cristo es la señal del nuevo pacto.  Ella fue derramada como expiación por nuestros pecados.  El vino junto con la leche son ofrecidos gratuitamente (Is 55:1).  El aceite era usado para ungir a los sacerdotes y a los reyes (Ex 30:25, Lv 8:12, 1Sa 10:1, 16:13, Sal 23:5).  También para ungir a los enfermos (Mr 6:13, Sant 5:14).  El aceite en estos contextos es símbolo del Espíritu Santo.  Al jinete del caballo negro no se le permitió negociar con el Espíritu Santo ni con la sangre del Hijo de Dios.  Estos dos símbolos eran gratis para todos aquellos que lo pedían.

 EL CABALLO AMARILLO (v. 7-8)

El cuarto caballo era "verdoso" o La versión Reina- Valera dice: "Amarillo". La versión francesa de Louis Segond dice: Pale, "pálido". El nombre de su jinete era "Muerte" y el "Hades" (la morada de los muertos) le seguía. “He aquí un caballo amarillo”.  El sello número cuatro está representado por un caballo amarillo.  Por lo general el color amarillo anuncia enfermedad.  La lepra se anunciaba por medio de una mancha amarilla (Lv 13:29-30).  “Y el que estaba sentado sobre él tenía por nombre muerte”.  Este jinete es muy significativo.  Anuncia muerte, destrucción y el infierno.  Así como Jezabel mató y persiguió a la iglesia en tiempo de Elías, la iglesia cristiana perseguiría a sus propios miembros (Ap 2:20).  “Y le fue dada potestad para matar”.  Esto está bien explicado en el libro de Daniel (Dan 7:20-25, 8:9-12).  Recibió autoridad por un período definido (Ap 13:5,7).  Quedó ebria de la sangre de los mártires (Ap 17:1-6).  “Sobre una cuarta parte de la tierra”.  Su influencia estuvo limitada a una porción y no a toda la tierra.  Este período es el conocido como la edad oscura del papado.  Es el período conocido como los 1260 años.  La iglesia de Tiatira representa muy bien este sello.

 

En conjunto, a estos tres temibles jinetes se les dio "poder sobre la cuarta par­te de la tierra, para matar con la espada, con la peste y con las fieras de la tierra" (versículos 7, 8). Los caballos negro, bermejo y amarillo son usados por sus jinetes para matar y destruir. Algunos caballos con colores similares aparecen en dos grupos en la profecía de Zacarías. En Zacarías, capítulo 1, aparecen dos caballos rojos, pero ninguno negro. En Zacarías 6 encontramos a lo menos ocho caballos, que aparecen en dife­rente orden: rojos, negros, blancos y "tordos" (mezcla de negro y blanco), todos ellos unidos a carros. Su tarea consiste en "recorrer la tierra". No tienen jinetes. Evidentemente no son los cuatro caballos del Apocalipsis. En este último libro el jinete del caballo rojo recibe una "espada'" y se le per­mite "quitar de la tierra la paz" e inducir a la gente "para que se degollaran unos a otros". Evidentemente, éste es un símbolo de violencia y guerra.

El hombre del caballo negro, que pesa alimentos a precio fijo, representa esca­sez y hambre. El "trigo", la "cebada", el "aceite" y el "vino" eran alimentos bá­sicos en la antigüedad. La cebada, más fácil de cultivar que el trigo y que no tenía tanta aceptación, se vendía a precio menor y era especialmente importante para los pobres en ciertas zonas. El aceite era esencial para hacer pan. El vino parecía más saludable que el agua proveniente de antiguas cisternas y de ríos y arroyos contami­nados. Los precios máximos a menudo eran establecidos por la ley, especialmente cuando había escasez. Los panaderos que se excedían en el precio en esas épocas corrían el riesgo de ser severamente castigados.)

Las Escrituras identifican al cuarto jinete como la "Muerte". La tumba, es decir, el "Hades", la morada de los muertos, lo acompañaba como un fatídico fan­tasma, siempre presente. En resumen, San Juan nos dice que los jinetes de los caballos rojo, negro y pálido estaban horrorosamente equipados para proseguir su carrera mortal con "es­pada", "hambre", "pestilencia" y "las fieras de la tierra". A primera vista, no parece que hubiera mucho de nuevo en todo esto. Trágica­mente, hace mucho que se reconoce que las guerras y hambres y epidemias son clá­sicos azotes de la humanidad.

En el Sermón profético Jesús dijo que se oiría hablar de "guerras y de rumores de guerras"; habló también de "hambre" y de "terremotos" "en diversos luga­res", y que todo ello no se limitaría al fin del mundo (S. Mateo 24: 6, 7). Habría que considerarlas como calamidades normales a lo largo de la historia.

 Pero evidentemente las guerras, las crisis económicas y las epidemias no necesitaban ser normales, a lo menos no para todos. Allá en Levítico 26, poco después de la salida de Israel de Egipto, Dios pro­metió a los israelitas por medio de Moisés que si permanecían fieles a sus enseñan­zas y si guardaban sus mandamientos, El se responsabilizaría de que siguieran siendo prósperos, y gozaran de salud y de paz. En otras palabras, Ellos escudarían de las incursiones de los tres jinetes malignos.

Por cierto, la contribución señaladamente brutal hecha a los desastres de la tie­rra por entidades nominalmente cristianas, ha inducido a algunos reflexivos comen­taristas a identificar a los cuatro jinetes del Apocalipsis con la iglesia cristiana. La iglesia del Nuevo Testamento, con toda su pureza inmaculada, sería, según estos comentaristas, el jinete del caballo blanco. La decadencia moral de la iglesia me­dieval, según ellos, estaría relacionada con los jinetes de los caballos rojo, negro y pálido. Podrían tener razón.

 

Sea como fuere, el jinete del caballo blanco sigue cabalgando. En efecto, está en la actualidad ganando más corazones en más lugares en todo el mundo que nun­ca antes, en cumplimiento de S. Mateo 24: 14. Sus mejores días de triunfo todavía están en el futuro. "Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo ente­ro, para dar testimonio ante todos los gentiles. Y entonces vendrá el fin".

Los tres jinetes malignos que han producido tantas perturbaciones en el mun­do amenazan a nuestras familias. Uno de los mensajes del Apocalipsis es que el jinete del caballo blanco, el verdadero cristianismo, puede influir para que las co­sas sean totalmente diferentes. Creemos que el verdadero cristianismo puede escudarnos de muchas de las gra­ves tribulaciones de la vida. Sin embargo, algunos fervorosos creyentes en Dios a menudo parece que sufren tanto como cualquier otro ser humano.

Perder un familiar, un ser querido en un accidente es doloroso. Pero perder cuatro seres queridos, esa fue la experiencia de mi hermano Omar Arellano. En un solo día, perdió a su mamá, a su abuela, a su hermana y a su sobrina en un accidente de auto. En el funeral, mi querido hermano Omar dijo: "que el Señor le estaba guardando a su familia para entregársela en la segunda venida de Cristo".

 

            El sufrimiento humano y los siete sellos. Si Dios está al frente de todo, ¿por qué no hace algo? Si realmente se preocupa por nosotros, ¿por qué no responde nuestras oraciones? Es especialmente apropiado formular estas importantes preguntas en el marco de los siete sellos.

La escena introductoria del santuario presenta a Dios en su tro­no. El primer sello nos muestra el cristianismo galopando sobre la tierra para brin­dar ayuda y seguridad, y para escudar a los creyentes de los jinetes de la guerra, el hambre y la pestilencia. Pero el quinto sello nos presenta las "almas" de los már­tires que yacen debajo del "altar" y que claman con angustia: "¿Hasta cuándo, Due­ño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?" (Apocalipsis 6: 9, 10).

Hay una diferencia abismal entre la escena del trono de Apocalipsis 4 y 5, don­de Dios gobierna y los ángeles cantan, y la escena del altar del capítulo 6, donde las almas claman: "¿Hasta cuándo?"

Las almas que están debajo del altar representan a los fieles mártires, sacrifi­cados como si fuera en un altar "a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron" (versículo 9). Si Dios estaba al frente de todo, si se preocupaba por ellos, ¿por qué no contestó sus oraciones? Seguramente lo merecían. El hecho es, por cierto, que Dios los cuidaba. No les presentó a sus amados mártires la razón de su demora o exactamente cuándo contestaría sus oraciones, pero eso no quiere decir que no los amaba. "A vosotros no os toca conocer el tiem­po y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad", dijo Jesús cierta vez a sus propios discípulos (Hechos 1: 7).

A pesar de todo, el Señor hizo algo sumamente maravilloso en favor de sus mártires. Los invitó a "que esperasen todavía un poco", que dejaran sus casos com­pletamente en sus manos, "hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos con ellos". Y Dios tuvo cuidado de que cada una de sus amadas víctimas recibiera "un vestido blanco" (Apocalipsis 6: 11).

Jesús enseñó en una de sus parábolas (S. Mateo 22: 1-14) que todo lo que Dios requiere de nosotros para admitirnos en el banquete celestial es que tengamos un vestido de bodas, su propia túnica blanca. La recepción de la túnica blanca equiva­le a aceptar al jinete del caballo blanco. Esa túnica representa su propia pureza y justicia, que aceptamos y de la cual nos apropiamos por medio de la fe. Cuando los mártires recibieron la túnica blanca, también recibieron todo lo que vale la pena tener: la vida, la salud y el gozo con Dios y su pueblo en su reino sempiterno.

 

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