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AÑO BIBLICO EN AUDIO





El libro de los Salmos, o Salterio, deriva su nombre en castellano del título que la colección tiene en la LXX, Psalmói, plural de psalmós o sea una canción entonada con acompañamiento de instrumentos de cuerda. Un manuscrito tiene el título Psaltérion, de donde deriva el término "salterio". Psalmós es la traducción griega del mizmor hebreo, nombre técnico de muchos de los salmos. La raíz de mizmor es zamar, que significa "cantar con acompañamiento musical", o simplemente "cantar" o "alabar". En la Biblia hebrea el título del libro es Tehillim, "alabanzas"; y en la literatura rabínica, Séfer Tehillim, "libro de alabanzas". Tehillim deriva de la raíz halal, "alabar". HalaI nos resulta familiar debido a la palabra aleluya.
Los hebreos dividían sus escritos sagrados (el AT) en tres partes: la Ley (Torah), los Profetas (Nebi'im) y los Escritos (Kethubim) . La división llamada Escritos incluía los tres libros poéticos: Salmos, Proverbios y Job; los cinco rollos (Megilloth): Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester, y los libros históricos de Daniel, Esdras, Nehemías y Crónicas. Como se consideraba que Salmos era el más importante de los Escritos, ese título a menudo designaba a todo el grupo. Por esta razón los hebreos se referían con frecuencia a las tres divisiones de sus escritos sagrados como "la ley, los profetas y los salmos" ( Luc. 24: 44
Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.).

Los salmos son la obra inspirada de varios autores. Toda la colección en su forma final fue reunida posiblemente por Esdras, Nehemías o algunos de los escribas inmediatamente posteriores.  Las indicaciones más antiguas que tenemos respecto al origen de los Salmos están en los títulos o sobrescritos que aparecen al principio de dos terceras partes de los salmos. Estos sobrescritos aparecen en hebreo como parte del texto, y son más antiguos que la LXX. No obstante, muchos eruditos creen que fueron puestos al comienzo de los salmos después de que éstos se compusieron, por lo cual se duda de su validez y autenticidad. Estos eruditos presentan los siguientes argumentos: que (1) es incierto el origen de estos sobrescritos; (2) su contenido es a veces ambiguo u oscuro, y (3) parece difícil hacer concordar el contenido y estilo de algunos de los salmos con lo que afirman los sobrescritos o lo que se puede inferir de éstos.
Los estudiantes más conservadores de los salmos se inclinan por dar mayor importancia a las declaraciones explícitas de los sobrescritos como tradición muy antigua y valiosa: (1) porque puede probarse que ya existían por lo menos en el segundo siglo AC, pues están en la LXX (en verdad deben remontarse a un tiempo muy anterior, porque los traductores de la LXX no entendieron muchas de sus expresiones); (2) porque nos han llegado como parte del texto hebreo mismo; (3) porque los poemas líricos hebreos desde los tiempos más antiguos tenían sobrescritos, y (4) porque los sobrescritos proporcionan cierto material adicional que permite una comprensión más completa del significado y mensaje de los salmos que los tienen. Este Comentario acepta la segunda posición.
Ocho nombres de personas que aparecen en los sobrescritos parecen ser autores, colaboradores, compiladores, músicos u otros que se relacionaron con la composición, compilación y escritura de la poesía lírica sagrada. Los nombres son David, Asaf, Coré, Moisés, Hemán, Etán, Salomón y Jedutún.
El más destacado de estos nombres es el de David.  Aunque algunos críticos modernos niegan que David fuese el autor principal del libro de los Salmos y el colaborador más prolifero de la colección, pueden presentarse muchas razones para apoyar la creencia tradicional. David era un verdadero poeta y músico (1 Sam. 16: 15-23; 2 Sam. 23: 1; Amós 6: 5). Era un hombre profundamente emotivo, de magnanimidad notable (2 Sam. 1: 19-27; 3: 33, 34), y de gran fe y sentimientos profundos que hallaron su expresión adorando con entusiasmo a Jehová.  Bajo su dirección sabia y benévola floreció la música en Israel.  La captura de la fortaleza pagana de Jebús y el traslado del arca a un santuario en las alturas de Sión, aumentaron la importancia del culto público y estimularon la composición de himnos y música para el ritual sagrado.
La familiaridad de David con la naturaleza, su conocimiento de la ley, su aprendizaje en la escuela de la adversidad, del dolor y de la tentación, sus años de compañerismo íntimo con Dios, su emocionante vida como rey de Israel, la seguridad que Dios le dio de que le suscitaría un Rey eterno sobre el trono de David, fueron las experiencias que capacitaron al rey-pastor, el hijo de Isaí, para cantar las canciones más dulces y más tristes del alma humana sedienta de Dios.  Más aún, en los salmos abundan las referencias y alusiones a la vida de David y las evidencias de su personalidad y capacidad poética.  La vinculación del nombre de David con los salmos y con las partes de los salmos que se citan en 2 Sam. 22 y 1 Crón. 16: 1-36, son una prueba importante de que él fue su autor. Las evidencias del NT al usar el nombre de David en Mat. 22: 43-45; Mar. 12: 36, 37; Luc. 20: 42-44; Hech. 2: 25; 4: 25; Rom. 4: 6-8; 11: 9, 10; Heb. 4: 7, aumentan el peso de este argumento.
Setenta y tres salmos llevan en su sobrescrito la frase "de David" (en Heb. ledawid ): 37 en el Libro Primero, 18 en el Libro Segundo, 1 en el Libro Tercero, 2 en el Libro Cuarto, y 15 en el Libro Quinto. A estos 73 salmos se los llama comúnmente Colección Davídica. Sin embargo, la expresión ledawid, "de David", no es en sí misma una evidencia suficiente para atribuir a David la paternidad literaria del salmo sobre el cual aparece la misma. La preposición hebrea le expresa una cantidad de relaciones; ser autor es una de ellas. A veces le expresa la idea de "pertenecer a"; de ahí que ledawid podría significar "perteneciente a la colección de". Sin embargo, otras evidencias se unen para demostrar que David escribió por lo menos una buena cantidad de estos salmos. La opinión de los eruditos es que la preposición le con relación  a los salmos no implica, ni mucho menos comprueba, que ledawid signifique que David fue autor de todos esos salmos.  Por otra parte, sirve para mostrar que David fue el más destacado de los salmistas.
En el sobrescrito de 12 salmos aparece la frase (le'asaf) (Sal. 50, 73-83).  Como ocurre con la expresión ledawid, le'asaf no es evidencia positiva de paternidad literaria.  Varios de los salmos de esta colección indudablemente fueron escritos por David .  Asaf era un levita, uno de los directores de coro de David.  Como David, Asaf era vidente y compositor (ver 1 Crón. 6. 39; 2 Crón. 29: 30; Neh. 12: 46).  En la lista de cautivos que regresaron a Jerusalén, los hijos de Asaf son los únicos cantores mencionados (Esd. 2: 41).
En el sobrescrito de 11 salmos aparece la frase "para los hijos de Coré" (Sal. 42, 44-499 849 851 879 88).  La palabra hebrea traducida "para" es le, la misma preposición traducida "de" en la frase "Salmo de David".  Los hijos de Coré escaparon al castigo infligido por la rebelión de su padre contra la autoridad de Moisés (ver Núm. 16: 1-35), y sus descendientes llegaron a ser dirigentes en el culto del templo (ver 1 Crón. 6: 22; 9: 19).
Un salmo, (el 88) designado "para los hijos de Coré" también se denomina "Masquil de Hemán ezraíta".  Hemán era hijo de Joel y nieto de Samuel (Heb.  Shemu'el), coatita de la tribu de Leví y uno de los directores de la música del templo (1 Crón. 6: 33; 15: 17; 16: 41, 42).
Los títulos de tres salmos (39, 62 y 77) tienen el nombre de Jedutún, que fue jefe de un grupo de músicos del templo (ver 1 Crón. 16: 41, 42), el cual quizá arreglaba y compilaba música para el templo.  Sin embargo, estos títulos tienen otros nombres además del de Jedutún, y es probable que los tres salmos no fueran escritos por éste sino que tal vez debían ser cantados con melodías compuestas por él.
Un salmo (el 89) lleva el título de "Masquil de Etán ezraíta" (ver 1 Rey. 4: 3 l).
En los títulos de dos salmos (72 y 127) aparece la frase "para Salomón [lishlomoh]".
Un salmo (el 90) se titula "Oración de Moisés [lemosheh].
Aproximadamente la tercera parte de los salmos no lleva sobrescrito alguno; por lo tanto, son enteramente anónimos (se los llama salmos huérfanos).  Se ha pensado que entre los compositores de los salmos hubo otros personajes meritorios del AT tales como Esdras, Isaías, Jeremías, Ezequiel y Hageo.
Los intentos modernos de descubrir los autores y las fechas de los salmos comenzaron a mediados del siglo XIX, mediante un estudio de las referencias que hay en los sobrescritos.  Durante los últimos cien años los eruditos han estimado que los salmos fueron escritos en un lapso superior a los mil años: desde Moisés hasta Alejandro Janneo (m. 78 AC).  Hay una disparidad creciente en sus opiniones.  Heinrich Ewald, erudito alemán fallecido en 1875, adjudicó 13 salmos a la época de David, y consideró que la mayoría del resto de los salmos eran postexílicosCheyne (escribió de 1888 a 1891) asignó 16 salmos a tiempos preexílicos (principalmente durante el reinado de Josías), y consideró todos los demás como postexílicos, 30 de los cuales habrían sido escritos en el tiempo de los macabeos.  Con el surgimiento de la alta crítica entre los estudiosos de la Biblia a fines del siglo XIX, hubo una tendencia general a considerar que sólo unos pocos de los salmos pertenecían al tiempo de David; la mayoría fueron considerados como producto de tiempos postexílicos, principalmente de los períodos persa y griego, y algunos evidentemente macabeos.  Con todo, a fines del siglo pasado la tendencia general fue ubicar la mayoría de los salmos en el período persa.  Los nuevos conocimientos en cuanto al uso de salmos entre las naciones limítrofes de Israel han hecho que la tendencia  actual sea considerar muchos de los salmos como preexílicos. Los descubrimientos arqueológicos del siglo XX, especialmente el hallazgo de las tablillas de Ras Samra (Ugarit), de 1929 en adelante, tienden a comprobar que muchos de los salmos se remontan a fechas muy antiguas de la historia de Palestina (ver H. H. Rowley, cd., The Old Testament and Modern Study).  Buttenwieser (1938) sitúa los salmos desde Josué hasta el período griego, y ninguno posterior a 312 AC.
Los eruditos conservadores generalmente opinan que los salmos se compusieron en un período de mil años. Aunque no se pueden situar muchos salmos con exactitud en un punto específico de la historia del pueblo hebreo que va desde Moisés y David hasta los años que siguieron inmediatamente al exilio, puede deducirse con seguridad que el tiempo de su composición queda dentro de estos límites.
Muchas de las hipótesis que buscan establecer la paternidad literaria y la fecha de muchos de los salmos, son sumamente ingeniosas e interesantes; pero varias de ellas nada tienen de concluyente.  Las razones que han inducido a muchos eruditos modernos a rechazar total o parcialmente la autoridad de los sobrescritos de los salmos han dado como resultado diferencias tan grandes de opinión, que el asunto está en un estado de confusión casi irremediable. Cuando la paternidad literaria y el marco histórico son seguros y razonables, este Comentario sigue el plan de incluir esas informaciones en las notas introductorias de los respectivos salmos, antes del comentario acerca del texto mismo. Cuando en esas notas se emplea la palabra "salmista", no siempre significa un determinado autor -como David, Asaf o uno de los hijos de Coré-, sino que puede emplearse para expresar paternidad literaria en términos generales.
Aun cuando se desconozcan el autor y el marco histórico de muchos salmos, esto de ningún modo nos impide aceptar todo el cuerpo de los salmos como el producto de hombres que "hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1:21).
Entre los hallazgos arqueológicos más notables en años recientes, los que más han contribuido a una mejor comprensión de los salmos provienen de Ras Samra, en el norte de Siria, lugar llamado Ugarit en tiempos antiguos . En las excavaciones comenzadas en 1929 en este lugar, se han desenterrado centenares de tablillas de arcilla que usaron la escritura cuneiforme. Esta escritura desconocida hasta el tiempo de su descubrimiento, ha sido ya descifrada gracias, mayormente, a los hábiles esfuerzos del Prof. Hans Bauer y de P. Dhorme. En las tablillas hay textos mitológicos que tratan de la religión de los antiguos cananeos . El estudio de estos documentos se ha convertido en una ciencia especial llamada "ugarítica", nombre que se le ha dado también al idioma y a la escritura en la cual se redactaron estos documentos.
El ugarítico era un dialecto cananeo hablado por la población del noroeste de Siria a mediados del segundo milenio AC. Puesto que el idioma hebreo se diferencia muy poco del antiguo cananeo, la literatura religiosa ugarítica ha aclarado muchas frases y palabras oscuras del AT, especialmente de los salmos. La terminología y el vocabulario de la literatura religiosa ugarítica sólo tienen ligeras diferencias con los que usa la Biblia.
Además de aclarar muchos pasajes oscuros de los salmos, el estudio de la literatura ugarítica también ha mostrado que los salmos bíblicos son de mucha mayor antigüedad de la que muchos eruditos modernos les asignaban. Se ha demostrado que muchos salmos que la alta crítica había situado en la época macabea, contienen frases que eran de uso común en el segundo milenio AC, pero que no lo eran en el período helenístico. Esto tiende a dar un mayor fundamento a las fechas antiguas sugeridas para muchos de los salmos por sus títulos respectivos.
Sin embargo, la mayor contribución que el ugarítico ha hecho a los salmos es en lo que atañe al vocabulario y la fraseología. Muchos pasajes que anteriormente eran oscuros porque se había perdido el significado de las palabras y sólo podía suponérselo, ahora son claros y significativos gracias a un estudio de los equivalentes ugaríticos. En otros casos, el ugarítico ha confirmado lo que tradicionalmente se había entendido, y la traducción del texto que se halla en nuestra Biblia actual.
En los comentarios de los pasajes correspondientes se advertirán los casos en que el ugarítico ha contribuido mucho a una mejor comprensión de determinado texto o palabra. Sólo en unos pocos casos excepcionales se hará notar el hecho de que el ugarítico respalda la interpretación tradicional. Las notas acerca de ese idioma se basan en gran medida en la obra de los siguientes eruditos, los cuales han demostrado la influencia del ugarítico en el estudio de los salmos: W. F. Albright, H. L. Ginsberg, C. H. Gordon, U. Cassuto y J. H. Patton. El autor está en deuda con la obra de estos hombres y les expresa aquí su profunda gratitud.

El hombre está en dificultades, pero Dios lo socorre. Este es el tema -de alcance universal- del libro de los Salmos. En estos poemas sagrados oímos el clamor no sólo del hebreo, sino del hombre universal que se eleva a Dios en procura de ayuda, y vemos la mano de la Omnipotencia que desciende para socorrer.  No es extraño que durante siglos, tanto para el judío como para el gentil, el salterio haya proporcionado material para la oración privada y para el culto público y haya servido satisfactoriamente como liturgia formal del templo y la sinagoga hebreos, como himnario de la iglesia cristiana y como libro de oraciones para los solitarios hijos de Dios de distintas razas o credos.
La historia del uso del salterio entre los hebreos es muy interesante. Desde muy antiguo los salmos llegaron a ser la expresión de la devoción del pueblo tanto en la vida privada como en el culto público.
Una parte importante del culto del templo era el canto de los salmos por coros antifonales, que se hacía en forma de recitado con ligera entonación musical o por el coro y la congregación en estilo antifonal. David fijó este modelo al confiar un salmo "para celebrar a Jehová" en las manos de Asaf y sus hermanos cuando llevó el arca a la tienda recientemente levantada para ella en Jerusalén (ver 1 Crón. 16: 7-36). Según la Mishna y el Talmud se asignaba un salmo para cada día de la semana, para cantarlo después del sacrificio diario cuando se vertía la libación de vino.
Se escogieron salmos especiales como adecuados para las grandes fiestas: Los Sal. 113-118 para la Pascua; el Sal. 118 para el Pentecostés, la fiesta de los Tabernáculos y de la Dedicación; el Sal. 135 para la Pascua; el Sal. 30 para la dedicación; el Sal. 81 para la nueva luna, con el Sal. 29 para el sacrificio vespertino de ese día; y los Sal. 120-134 para la primera noche de la fiesta de los Tabernáculos.
En la sinagoga las oraciones diarias reemplazaron a los sacrificios del templo, y se hizo corresponder lo más posible el servicio diario con el del templo. Después de la destrucción del templo se usaban los salmos como oraciones junto con la lectura de la Ley y los Profetas, y proporcionaban así una comunión constante con Dios en el culto público. Se usaban determinados salmos para ocasiones especiales: el Sal. 7 para Purim; el Sal. 12 para el octavo día de la fiesta de los Tabernáculos; el Sal. 47 para el año nuevo; los Sal. 98 y 104 para la luna nueva; los Sal. 103 y 130 para la expiación. La gente sabía de memoria los grandes hallel, o "aleluyas": Sal. 104-106; 111-113, 115-117, 135 y 145-150, que se usaban como expresiones de agradecimiento público.
En la sinagoga moderna el uso de los salmos varía según el ritual que se emplee (europeo oriental, hispano-lusitano, yemenita, italiano, etc.), pero los salmos ocupan un lugar de honor en todos los rituales.
Igualmente en la vida del judío ortodoxo, desde que se levanta hasta antes de iniciar el descanso de la noche, los salmos son una parte importante de sus oraciones.
Los cristianos han seguido hasta cierto punto el molde fijado por el judaísmo. Jesús de Nazaret citó con más frecuencia de los Salmos y de Isaías que de otros libros del AT. Ningún otro libro del AT se cita con tanta frecuencia en el NT como el de los Salmos, con la posible excepción de Isaías. Los primeros cristianos incorporaron los salmos en su culto (ver 1 Cor. 14: 26; Efe. 5: 19; Col. 3: 16; Sant. 5: 13), y las iglesias que siguieron continuaron esa práctica a través de los siglos.  Crisóstomo (c. 347-407) atestigua la preponderancia de los salmos en todas las formas de culto.  En la iglesia medieval el clero recitaba todo el libro de Salmos semanalmente. Se dice que San Patricio recitaba cada día todo el libro de SaImos.
Los salmos son una parte muy definida del ritual católico, tanto romano como oriental, y continúan ocupando un lugar importante en el culto de las diversas denominaciones protestantes de la iglesia cristiana, según se puede observar y experimentar hoy.
En su trato del tema de la aflicción del hombre y el socorro de Dios, los salmos se nutren de la realidad personal y nacional de un pueblo que experimentó muchos dolores y alegrías, frustraciones y gozos, chascos y satisfacciones; de las reacciones de un pueblo que sintió profundamente el acerbo dolor de sus vicisitudes y se expresó con emocionada libertad. De ahí que los salmos reflejen casi toda experiencia posible para el ser humano, y prácticamente expresan todas sus emociones. "Los salmos de David pasan por toda la gama de la experiencia humana, desde las profundidades del sentimiento de culpabilidad y condenación propia hasta la fe más sublime y la más exaltada comunión con Dios" . Tratan de la enfermedad y el saneamiento, del pecado y el perdón, de la tristeza y el consuelo, de la debilidad y la fortaleza, de lo efímero y lo permanente, de lo vano y lo que tiene propósito.
Hay salmos para toda persona, en cada estado de ánimo y necesidad: para los frustrados, los desanimados, los ancianos, los desesperanzados; para los enfermos y para los pecadores; salmos para el joven, para el vigoroso, para el que tiene esperanza, para el hijo de Dios fiel y creyente, para el santo triunfante. Hay salmos con sólo una tenue nota de esperanza en su atmósfera de desesperación; por otra parte, hay salmos de alabanza que no contienen ni una sola palabra de ruego. Hay salmos en los cuales el pecador se detiene "en el lugar secreto" de la "presencia" de Dios "bajo la sombra" de sus "alas" para expresar sus más íntimos sentimientos en la soledad; y hay salmos en los cuales el santo de Dios se une a la vasta asamblea de adoradores en la gran congregación y, acompañado con toda suerte de instrumentos, alaba a Dios en alta voz. En toda la colección se exalta a Dios como la solución de todos los problemas humanos, como el Todo en todos: nuestra esperanza, nuestra confianza y nuestra fortaleza; nuestro triunfo encarnado en el Mesías, cuya llegada trae redención y da lugar al reino universal y eterno de justicia. Cristo actúa a lo largo de los salmos; en ellos contemplamos destellos proféticos de su deidad (Sal. 45: 6; 110:1), de su condición de Hijo (Sal. 2: 7), de su encarnación (Sal. 40: 6, 7), de su sacerdocio (Sal. 110: 4), de su traición (Sal. 41: 9), de su rechazo (Sal. 118: 22), de su resurrección (Sal. 16: 9, 10) y de su ascensión (Sal. 68: 18). "La llave de oro del Salterio está en una mano traspasada" (Alexander). 627
Entre las muchas fases de la forma en que el salmista desarrolla su gran tema se pueden sugerir las siguientes declaraciones como de importancia especial:
1. El alma consagrada no puede imaginar mayor bendición que la de estar en la presencia de Dios, ni mayor calamidad que la de ser excluida de su presencia.
2. El Dios creador y gobernante soberano del universo es al mismo tiempo el padre amante de sus hijos y tierno pastor de sus ovejas.
3. La religión verdadera es una experiencia intensamente gozosa, que abunda en toda forma de expresión y requiere la consagración de todos los valores humanos para la alabanza de Dios. "Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón" (Sal. 9: l).
4.
La petición y el agradecimiento deben ir juntos. La oración y la alabanza son compañeros.  Cuando el salmista pide una bendición a Dios, lo alaba por la abundancia de sus bendiciones y le agradece por la bendición como si ya la hubiese recibido.
5. La contemplación de la naturaleza siempre induce al alma consagrada a alabar a Dios como creador: la naturaleza nunca es un fin en sí misma.
6. Puesto que la historia muestra que Dios ha bendecido abundantemente a su pueblo en lo pasado, puede esperarse confiadamente que continuará bendiciéndolo ahora y en lo futuro.
7. La rectitud tiene su recompensa al fin.  En general, la vida terrenal consagrada es muchísimo más satisfactoria que el camino del mundo; y al fin proporciona satisfacción eterna. Y a la inversa, la maldad trae sufrimiento y por último la muerte. Aunque los impíos parecen prosperar durante un tiempo, la justicia del gobierno de Dios demostrará al fin la necedad de su camino y les dará el resultado lógico de su impiedad.
8. El hijo de Dios tiene el privilegio y la responsabilidad de compartir su experiencia con otros.  El nacionalismo evidente de algunos de los salmos se desvanece en otros ante el reconocimiento que el salmista tiene de la iglesia universal.
9. El dolor, el sufrimiento y la enfermedad forman parte del plan redentor de Dios, y debe aceptárselos como instrucción y amonestación. Todos los problemas de la vida se resolverán finalmente con la venida del Mesías y el establecimiento de su reino eterno de justicia.
10. En el gobierno de Dios, "la misericordia y la verdad se encontraron" (Sal. 85: 10), es decir la ley y el Evangelio se unen con una unión perfecta.
Para expresar mejor el dilatado tema de los salmos en sus muchas fases, los salmistas escogieron la poesía lírica como la más apropiada para manifestar mejor los más profundos sentimientos del hombre y sus más altas aspiraciones y anhelos de disfrutar de la comunión con Dios. Los salmos son "la perfección máxima de la poesía lírica" (Moulton). Pero para el lector ocasional, acostumbrado a las formas métricas de la poesía occidental, los salmos no tienen forma poética, pues no halla en ellos el ritmo y la rima que constituyen salvo excepciones los rasgos típicos de la poesía de los idiomas occidentales. La poesía hebrea, que alcanza su perfección máxima en los Salmos, es de naturaleza enteramente distinta a la de la poesía de Occidente. Su ritmo no consiste en una repetición regular de sílabas acentuadas e inacentuadas, con rima final y a veces dentro de los versos. Parece que el acento que se repite irregularmente es un rasgo característico de la forma de la poesía hebrea, pero su naturaleza despierta la curiosidad de los eruditos, quienes aún no la comprenden plenamente . La rara aparición de sonidos similares al final de versos contiguos no significa que el poeta hubiera querido rimarlos. Ninguno de estos elementos aparecen en las traducciones comunes al castellano. Es significativo que la  base métrica de la poesía hebrea, en común con la de otros idiomas del Cercano Oriente, es mucho más flexible que la base métrica de la poesía tradicional de Occidente. Es tan flexible, que revela en su estructura interna el desarrollo y la relación de los pensamientos que constituyen la composición entera.
La característica principal de la poesía hebrea es la cadencia de pensamiento llamada paralelismo o estructura equilibrada, en la cual se juntan versos dentro de una variedad de moldes. Esta estructura peculiar se ha comparado con el flujo y reflujo del mar, y, en palabras de un escritor alemán, al "elevamiento y hundimiento alternos del corazón atribulado". Hay algo en esta poesía que trasciende la nacionalidad; parece ser propia del corazón humano. Y el lector de la Biblia puede solazarse en el hecho de que esta forma poética del Cercano Oriente pierde poco o nada de su validez y belleza en las traducciones de la Biblia al castellano, a medida que él se acostumbra a la repetición de las frases, colocadas en orden de acuerdo con un amplio recurso de variaciones equilibradas.
El paralelismo tiene tres formas básicas:
l. Paralelismo sinónimo. El pensamiento se repite inmediatamente con palabras e imágenes diferentes. Los dos versos forman un dístico de ideas unificadas. En los dos primeros ejemplos, el paralelismo es total, tanto en sintaxis como en sentido. En el tercero, hay un paralelismo de ideas, pero se observa una construcción invertida. Se denomina paralelismo invertido o quiasmo; por ejemplo:
"Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve" (Sal. 51: 7).
"Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto en mi socorro" (Sal. 71: 12).
"No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares" (Sal. 71: 9).
2.Paralelismo antitético. Aquí se contrasta o se invierte el pensamiento en la línea siguiente; dos pensamientos se contraponen mutuamente. Veamos los ejemplos:
"Como prodigio he sido a muchos, Y tú mi refugio fuerte" (Sal.71: 7).
"Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria" (Sal. 20: 7).
3.Paralelismo sintético. En éste, el segundo verso del dístico añade un pensamiento afín al del primero, o completa el pensamiento; por ejemplo:
"Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos" (Sal. 18: 3).
"Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen" (Sal. 103: 11).

La disposición tipográfica del texto de los Salmos en las versiones castellanas de la Biblia aunque sólo sea en prosa se aproxima a la estructura poética del pensamiento rítmico del paralelismo hebreo. La RVR representa en buena medida la disposición métrica de la poesía hebrea de los Salmos. Hay versiones la BJ y NC, por  ejemplo- que mantienen una nítida separación en los versos, y que además preceden éstos con las respectivas letras que tienen en el original hebreo.