La visión del trono de Dios

 

¿quién puede abrir el libro?

 

En Apocalipsis 4 y 5 tenemos una visión de la sala del trono. Allí el padre se sienta en el trono (Apoc 5:1-5) y el Hijo se acerca a él (vs. 6,7), y durante el resto de los capítulos son las figuras centrales. Apocalipsis 5 proporciona una percepción en el hecho de que el asunto de la justicia de Dios incluye a todos los seres creados. Cristo, como el Cordero inmolado (v. 6), toma el libro que tenía el padre que estaba en el trono (v.7). Eso hace que los humanos redimidos (los 24 ancianos) canten: "Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificados, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda la raza, lengua, pueblo y nación. De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra" (Apoc 5:9,10).

Juan introduce un segundo grupo. "Luego miré", dice el apóstol, "y oí la voz de muchos ángeles que estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era millares de millares y millones de millones. Cantaban con toda su fuerza: ¡ Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!" (vs. 11, 12,).

Aún otro grupo se une a los humanos redimidos y a los ángeles no caído: "Y oí  a cuanta criatura hay  en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación que cantaban: ¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!" (v.13).

Creo que representan a todos otros seres creados por todo el cosmos, sean caídos o no caídos, incluyendo así a los ángeles y a los humanos caídos, así como los seres no caído de los planetas habitante a través de todo el universos. Así, los seres humanos caídos también alabarán a Dios y a Cristo como resultado del acto de autojuzgarse. En aquel momento final ven claramente lo resultado del conflicto cósmico. Reconocen que Cristo, con su muerte en el Calvario, dio a la revelación definitiva del carácter de Dios. Los perdidos reconocen que Dios ha hecho todo para asegurar su salvación. Sólo por su propio rechazo de ese don se descalificaron para el cielo, y aunque a la fuerza y de la mala gana, y en vista de las abrumadoras evidencias, no pueden sino proclama la justicia de Dios.

El padre le otorgó el reino a Cristo (LC. 22: 29) , y Cristo a su vez se lo otorgará a todos los que le siguen. Noten que Cristo dijo que se sentarían "en doce tronos juzgando a las 12 tribus de Israel" (v.30). Esto sugiere claramente que la nación física de Israel nunca cumplirían las promesa de su reino. Tuvo la oportunidad, y le dio la espalda, y Cristo estableció la Iglesia cristiana como el nuevo "Israel de Dios" (Gal. 6:16), "nación santa" (1 Ped.2:9), "las 12 tribus " (Sant.1:1). Cristo compro a sus miembros "de toda la raza, y lengua y pueblo y nación", y "de ellos hiciste un reino" (Apoc.5:9,10).

                                   

 

 

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