
* Las
Siete Trompetas
Esta visión ha tenido variadas interpretaciones. Unos alegan que estas trompetas son juicios
de Dios contra el mundo y que se manifestarán antes de las plagas. Un estudio cuidadoso del capítulo 16 nos
llevará a la realidad que las plagas postreras son tan devastadoras que es
imposible que sean antecedidas por otra serie de ellas. En un programa especial de televisión
llamado “Hercólubus”, aunque más se basaba en Nostradamus y otros astrólogos y
adivinos, el moderador usó algo de esta profecía para sostener sus
interpretaciones. Alegaba que la
“estrella” de Apocalipsis 8:10 era el famoso “Hercólubus” o el gigantesco
planeta-cometa que habría de pasar muy cerca de la tierra el 11 de agosto del
1999. Lo que ignoraba el productor de
“Hercólubus” es que en el capítulo 9:1,
Apocalipsis presenta otra estrella, y nos indica que a este astro “le
fue dada la llave del abismo”. Podemos
ver que esto es una personificación y que esta estrella representa a un
personaje, como veremos al estudiar esa parte.
Como todas las falsas profecías, esta cayó en el ridículo.
Otros indican que esta visión es similar a la del capítulo 16. Cierto es que algunas de las plagas se parecen a las trompetas,
pero un estudio serio nos llevará a la conclusión que es imposible que sea
así.
Las 7
Trompetas
1. Granizo, fuego y azufre son echados
a la tierra.
2. Monte ardiendo echado en el
mar. 3ra. parte se torna en sangre.
3. Estrella cae en 3ra. parte de los
ríos y fuentes de aguas. Aguas se vuelven amargas.
4. Se hiere la 3ra. parte del sol, la
luna y estrellas.
5. Estrella cae a la tierra. Se le da
la llave del abismo. Salen langostas.
6. Se desatan los 4 ángeles del
Éufrates. Ejército de 200 millones.
7. Catástrofes finales.
Las 7
Plagas
1. Úlcera maligna y pestilente.
2. Mar se torna en sangre.
3. Ríos y fuentes de agua se tornan en sangre.
4. Plaga en el sol. Grande calor.
5. Plaga en la silla de la bestia.
6. 3 espíritus inmundos. Armagedón.
7. Jesús reina. Se ve el arca.
Como pueden ver hay ciertas coincidencias en las plagas 2 y 4, pero en
el resto hay marcadas diferencias. Veamos lo que consideramos
la interpretación más razonable en cuanto a esta visión.
Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y
se les dieron siete trompetas. Otro
ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le
dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de los santos, sobre el altar
de oro que estaba delante del
trono. Y de la mano del ángel subió a
la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el
ángel tomó el incensario, y lo llenó de fuego del altar, y lo arrojó a la
tierra; y hubo truenos y voces, y relámpagos y un terremoto (8:3-5).
Las 7
trompetas representan juicios de parte de Dios contra los opositores de su
iglesia. La escena que vemos nos lleva
de nuevo al Santuario celestial. El
mueble que ahora vemos es el altar del incienso. Aunque este era un mueble del
lugar santo del Santuario, aquí se presenta delante del trono. Tenemos que recordar que, aunque el altar
estaba delante del arca, el velo se encontraba entre los dos muebles. Pero en el cielo no hay velo, así que este
mueble es presentado delante del trono de Dios.
Los truenos, voces, relámpagos y
terremoto que surgen del fuego que
lanza el ángel a la tierra, representan anticipos de los desastres que
permitirá el Señor como castigo a los perseguidores de su pueblo. Las cuatro trompetas del capítulo 8 son los
castigos a Roma occidental por medio de las tribus bárbaras. Las dos trompetas del capítulo 9 van
dirigidas a la Roma oriental: Constantinopla, que sería asediada por los
árabes. En el capítulo 11 se halla la
7ma. trompeta, la cual nos acerca a nuestro tiempo.
Y los siete ángeles que tenían
las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con
sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles
se quemó, y se quemó toda la hierba verde (8:6,7).
El imperio
romano, por tres siglos perseguidor del cristianismo, aunque en el siglo 4to.
está ligado al cristianismo nominal, recibe un fuerte castigo de parte de los
Godos, comandados por Alarico. Los
invasores comenzaron por el oriente, en el 395 DC. Luego conquistaron a Tracia, Macedonia, Atica y el
Peloponeso. Luego cruzaron los Alpes y
los Apeninos hasta llegar a Roma que
cayó ante los bárbaros en el 410, haciendo huir al emperador. Por 4 años los Godos saquearon a Italia.
El granizo nos indica el origen septentrional de
los invasores; el fuego, la gran destrucción por las llamas de las ciudades y
los campos; la sangre es sinónimo de la
gran carnicería que quedaba al paso de
los Godos.
El
segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo
fue precipitada en el mar, y la tercera parte del mar se convirtió en
sangre. Y murió la tercera parte de los
seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue
destruida (8:8,9).
Luego de la muerte de Constantino, el imperio romano se
dividió en tres partes. Los hijos de Constantino quedaron así
distribuidos: Constancio quedó en el Oriente, con su sede en
Constantinopla; Constantino II reinó en
Gran Bretaña, las Galias y España mientras que Constante reinó en Iliria, África
e Italia. Esta división del imperio en
tres partes es lo que hace que en la profecía se mencione “la tercera parte de
los hombres”, indicando la tercera parte del imperio. Y así sucesivamente la tercera parte de otras cosas, como en el
caso de la segunda trompeta, animales marinos o la tierra.
La segunda
trompeta representa la invasión de los Vándalos, con Genserico. Estos conquistaron a África y luego
invadieron a Italia. El “monte
ardiendo” lanzado al mar es símbolo adecuado para la
incursiones de Genserico con sus hordas de Vándalos, pues ellos atacaron
especialmente el comercio marino en las costas del Norte de África. Del 428 al
468 es el período de las conquistas de
Genserico, quien hasta
avanzada edad, dirigía sus ejércitos a piratear los barcos romanos. No quedó prácticamente una costa del
imperio que no fuese atacada por estas
hordas bárbaras. Esa es la razón por la
cual el texto dice que “la tercera parte de las naves fue destruida.”
En cuanto al símbolo de “un monte”, no es
difícil asociarlo con un personaje o una nación, ya que hallamos la misma
comparación en Jeremías 51:25, donde el
Señor habla sobre Babilonia: “He aquí yo contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y
extenderé mi mano sobre ti, y te haré
rodar de las peñas y te tornaré en monte quemado.”
En la lucha contra los Vándalos, en una ocasión
en que una flota romana de 1,113 barcos con más de 100,000 hombres quiso
hacerle frente, el astuto Genserico les prendió fuego en la noche, usando
barcazas llenas de combustible. La obra
de los Vándalos fue tan devastadora, que aún hoy su nombre es sinónimo de
destrucción.
El
tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo
como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las
fuentes de las aguas. Y el nombre de la
estrella es Ajenjo; Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo;
muchos hombres murieron a causa de las aguas, porque se hicieron amargas
(8:10,11)
Esa gran estrella representa a Atila, rey de los Hunos. Estos
eran los más salvajes de los bárbaros.
Comían carne cruda y dormían sobre sus caballos. Atila es conocido como “el azote de Dios” y
se decía que por donde pasaba no crecía la hierba.
Las hordas de los Hunos vinieron del
Oriente y cayeron repentinamente sobre el imperio romano. Atila vestía muy vistosamente, con planchas de metal sobre su pecho. Por
su apariencia y rapidez parecía literalmente un meteoro. El nombre de “ajenjo” indica consecuencias
amargas y encuadra perfectamente con la devastación que dejaban a su paso los salvajes Hunos con su rey Atila.
Las principales operaciones de Atila fueron desde
los Alpes, de donde los ríos bajan a las regiones romanas. A pesar de sus grandes conquistas, los Hunos
no se establecieron permanentemente en ningún lugar del imperio romano.
El cuarto ángel
tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera
parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, para que se oscula
tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y
asimismo de la noche (8:12).
Como en el resto de las trompetas, esta parte no puede
tomarse literalmente. ¿Cómo puede
oscurecerse la tercera parte del sol o de la luna y que se oscurezca la tercera
parte del día o de la noche? Esto es
un obvio símbolo.
La cuarta trompeta nos lleva a la caída definitiva del
imperio romano de Occidente. En el 476
cayó Rómulo Augústulo, último emperador romano, y Odoacro, rey de los Hérulos,
se convirtió en el primer rey bárbaro en gobernar a Roma. El sol, la luna y las estrellas son símbolos
apropiados para designar el sistema de gobierno de Roma: el emperador, el
senado y los cónsules. Al indicar la
tercera parte de ellos se refiere a la tercera parte del imperio, o sea, Roma
Occidental. Odoacro eliminó al
emperador, mientras, años más tarde, al ser conquistados los Ostrogodos por
Justiniano, éste eliminó el senado y los cónsules.
Y
miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra, a
causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles
(8:13)!
Las últimas tres trompetas son
llamadas ayes, por causa de lo terrible que serán. Mientras las primeras cuatro devastan a Roma
occidental, las siguientes dos van dirigidas al imperio Oriental:
Constantinopla. Ahora no serán los bárbaros
los atacantes, sino una nueva potencia asoladora, no solo guerrera, sino audaz,
con una doctrina religiosa que se establece mediante la fuerza. Este es el panorama que se nos presenta en
el capítulo 9.
El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella
que cayó del cielo a la tierra; y se le
dio la llave del pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran
horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. Y del humo salieron
langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los
escorpiones de la tierra (9:1-3).
Notemos que a la estrella “se le dio la llave”. ¿Cómo es posible que a una estrella se le
entregue algo? No es posible que sea
una estrella literal. Es claro que hay
que ver lo que representa esta estrella.
Esta estrella representa a Cósroes II, rey de Persia, quien
conquistó gran parte del imperio romano
oriental, reduciéndose este a Constantinopla y algunas porciones en Grecia,
Italia, África y pocas ciudades aisladas.
La intervención de Heraclio pudo rescatar gran parte de lo
conquistado por Cósroes, y el rey de Persia cayó bajo los romanos. Pero las conquistas romanas duraron poco,
pues la caída de Cósroes trajo una plaga peor,
simbolizada por el “humo del pozo del abismo”. El “abismo” mencionado en los versos 1 y 2 es una representación
de los desiertos árabes, donde los seguidores de Mahoma esperaban la orden de
ataque. El “humo del pozo” del abismo
representa la doctrina de Islam.
Para rivalizar con judíos y cristianos, Mahoma escribió el “Korán”,
pretendiendo ser dirigido por Alá, dios tribal de los árabes. Las tribus ismaelitas estaban divididas,
pero el nuevo profeta logró aglutinarlas.
Un gran ejército fue alistado para entrar en el escenario histórico. La profecía los pinta como “langostas” por
su obra destructora.
Y
se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna,
ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de
Dios en sus frentes. Y les fue dado que
no los matasen, sino que los atormentasen
cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere
al hombre. Y en aquellos días los
hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero La muerte
huirá de ellos. El aspecto de las las langostas era semejante a caballos
preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras
eran como caras humanas; tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran
como de leones; tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era
como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; tenían
colas como de escorpión; y también aguijones y en sus colas tenían poder para
dañar a los hombres durante cinco meses.
Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo
es Abadón, y en griego Apolión (9:4-11).
Abubéker, sucesor de Mahoma, preparó su gran ejército para la
conquista. No sólo invadiría los
pueblos, sino que su doctrina religiosa habría de ser impuesta por la fuerza.
El carecer de la “señal de Dios en la frente” puede asociarse
con la orden de Abubéker de atacar a los líderes eclesiásticos, que él llamó “sinagoga
de Satanás”, y los describió como “de coronilla afeitada”, aludiendo a la
tonsura de los monjes, a los cuales indicó que no se les diera cuartel “hasta
que se hagan mahometanos o paguen tributo”.
Los pequeños grupos que guardaban el Sábado en esos tiempos estaban
aislados y ninguno de ellos fue afectado por las invasiones de los árabes.
Aunque “el sello del Dios Vivo” es colocado en las frentes de
los que han de ser salvos en la última generación, es también cierto que en
toda época Dios ha contado con siervos fieles.
En cada momento histórico, la obediencia a la Palabra de Dios ha sido
siempre el medio de diferenciar a los que sirven a Dios y los que no le
sirven. De la misma manera, la
obediencia a mandamientos de hombre constituye la “marca de la bestia”. En el capítulo sobre el Anticristo daré más
detalles sobre el tema.
Los versos siguientes presentan la fiereza de las hordas
sarracenas no sólo contra el imperio
bizantino, sino contra todos los pueblos que conquistaron. La orden no es matar, sino atormentar.
Era común en los árabes usar tambores en las batallas. Este sonido marcial, unido al ruido de los
caballos y los gritos de los soldados, hacían de estas batallas algo diferente
a las que solían llevarse a cabo
antes. Era realmente un gran estruendo
que asustaba a sus adversarios.
Las “coronas de oro” pueden referirse a los vistosos
turbantes que usaban los árabes. Algunos ven en la expresión “cabellos de mujer”
al hecho de que estos soldados usaban el pelo largo, aunque esto no les restaba
masculinidad. Los “dientes de leones” y
las “corazas de hierro” muestran lo fiero de la batalla.
“El ángel del abismo” es una clara referencia a Lucifer. El enemigo de Dios y de su pueblo ha usado
siempre a naciones y sus reyes contra
el Señor. Podemos notar esto en Isaias
14 y Ezequiel
28, donde el rey de Babilonia y el de Tiro son identificados con Satanás. En este pasaje podemos identificar a este
personaje con Otmán, quien a fines del siglo XIII acaudilló a los Turcos,
formando un gran imperio. “Abadón” en
hebreo y “Apolión” en griego, significa “el destructor” y es apropiado para
este líder turco.
El primer asalto
otomano contra las dominaciones del imperio oriental fue, según el historiador
Gibbon, el 27 de julio del 1299, y es conocido como la batalla de Bafeo. Los “cinco
meses”, o 150 días, debe ser entendido como 150 años, siendo que es una profecía
de tiempo. Esta profecía llega entonces
hasta el año 1449. La orden dada no era
matar, sino atormentar por un tiempo definido, orden que cambia con la
introducción de la sexta trompeta o el segundo “Ay”.
El primer ay pasó; he aquí vienen aún dos ayes después
de esto. El sexto ángel tocó la
trompeta, y oí una voz entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba
delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados
junto al gran río Éufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban
preparados para la hora, día, mes y año,
a fin de matar a la tercera parte de los hombres (9:12-15).
Esta trompeta, pues, comienza en el año 1449, cuando culminan
los 5 meses o 150 días o años. La orden
es matar a la tercera parte de los hombres, o sea, la tercera parte del imperio
romano, representada por la porción
griega o bizantina.
Los cuatro ángeles, o mensajeros, representan los cuatro
principales sultanatos árabes otomanos, a saber: Alepo, Iconio, Damasco y Bagdad.
Estos “ángeles” fueron desatados para la hora, día, mes y año. Veamos el siguiente diagrama:
1 hora = (medio mes) 15
días
1 día = 1 año
1 mes = (30 días) 30 años
1 año = 360 años
Total = 391 años y 15 días
Comenzando con el 27 de julio del 1449, cuando los turcos
otomanos llegaron al poder al triunfar en Bafeo, y añadiendo los 391 años y 15
días, llegamos al 11 de agosto de 1840.
Exactamente en esa fecha, el sultán otomano entregó el poder a las
potencias de Inglaterra, Austria y Prusia. (Vea Apendice)
Y
el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí el número de ellos. Así vi en visión los caballos y a sus
jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y azufre. Y las cabezas de los caballos eran como
cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera
parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su
boca. Pues el poder de los caballos
estaba en su boca y en sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas y con
ellas dañaban. Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun
no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los
demonios, y a las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de
madera; las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar. Y no se arrepintieron de
sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de sus fornicación, ni de sus hurtos
(9:16-21).
Estos versos indican la fiereza de la guerra entre los
griegos y turcos y luego las potencias aliadas que causaron la derrota de los
turcos. El “fuego, humo y azufre” alude al uso de la pólvora en ese
conflicto. Desolación y sangre fue el
saldo de las guerras turco-cristianas.
Se indica que los soldados de a caballo eran 200 millones:
tremendo ejército. El número es
demasiado grande para un ejército a caballo.
Algunos intérpretes creen que más bien es 2 veces 200,000, que aún es un
inmenso ejercito. Otros creen que son
todos los soldados que hubo durante los casi 400 años de la ocupación turca
sobre los griegos. De todos modos la
cifra indica un ejército inmenso, innumerable.
El segundo ay ha pasado, y la gente afectada no reconoció
que, tras las invasiones y las guerras estaba la mano del Todopoderoso. Él permite estos conflictos para que la
gente tema, se arrepienta y vuelva a Dios.
Pero no hubo esa reacción positiva, más bien, el mundo continuó con su
desobediencia y rebeldía contra Dios.
Sobre todo la vil idolatría, renovada por el romanismo, se acrecentó.
En el imperio bizantino fue que se proliferó el uso de “íconos”
o imágenes para el culto católico.
Aunque estos indican que esas imágenes no se adoran y que esta
referencia es a las estatuas y cuadros que usaban los paganos, lo cierto es que
para Dios son aun más aborrecibles las figuras que hacen para su culto los que
pretenden ser el pueblo de Dios, que las que realizan los paganos. ¿O es que acaso las imágenes católicas sí
pueden ver, oír y caminar? Vale la pena
que los hermanos católicos relean el verso 20 de Apocalipsis 9.
La séptima trompeta,
o tercer “Ay”, aparecerá en el capítulo 11 del libro de Apocalipsis. Hablaremos de ella en el capítulo “Los Dos Testigos”.