* 1ra. Plaga: Úlceras Malignas

Y oí gran voz del templo, que decía a los siete ángeles:  Id, y derramad  las siete copas de la ira de Dios  sobre la tierra.  Y fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la señal de la bestia, y sobre los que adoraban su imagen (16.1,2).

Las primeras tres plagas son locales, o sea, no caerán todas sobre los mismos lugares, pues solo la primera sería suficiente para destruir a todos los moradores de la tierra.  Pero han de ser los azotes más terribles que han padecido los mortales.

Esta plaga caerá “sobre los hombres que tenían la señal de la bestia”, que, como vimos en el capítulo del Anticristo, tiene que ver  con la observancia del domingo pagano.  El texto es sumamente claro al decir que habrá dos grupos claramente definidos: los que tienen la señal de la bestia y los que tienen el sello del Dios Viviente.

El  “fuerte clamor” comienza con la “ley dominical”, iniciada en los Estados Unidos de Norteamérica y seguida por todas las naciones del mundo.  Los Adventistas  no han de amilanarse por esa ley, antes han de proclamar con más énfasis el Sábado de Jehová.  No hemos de ser enjuiciados y perseguidos por violar el descanso dominical. más bien por predicar el verdadero día de reposo.  La persecución proseguirá durante todo el tiempo de angustia.

Aunque esta primera plaga caerá en un gran sector del planeta, toda la tierra se verá afectada, debido a que los medios masivos de comunicación habrán de informar a lo vivo toda la tragedia que ha de vivir la población que reciba este castigo de Dios.  La ciencia médica trabajará afanosamente por hallar cura para el mal o algún antídoto.  Pero todo será inútil, la plaga no podrá ser controlada.

Los propulsores del “rapto” alegan que Dios llevará a su iglesia al cielo para  librarla de las plagas.  Pero  cuando el Señor envió las diez plagas a Egipto, no se llevó a su pueblo al cielo, más bien demostró su poder salvador al preservar a los suyos de los juicios que devastaron la tierra de Egipto.  El Salmo 91, tan apreciado por todos, nos da una idea de cómo Dios nos ha de guardar en el tiempo de angustia:

El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová:  Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré. Y él te librará del lazo del cazador: de la peste destruidora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad. No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día; ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos. Porque tú has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada (Salmo 91:1-10).

Con tales promesas, ¿cómo vamos a creer la falacia de los  falsos profetas que nos hablan de un supuesto rapto de la iglesia antes de las plagas?  Ciertamente la iglesia no recibirá las plagas, pero estará en la tierra, guardada por el Dios de Israel.  La iglesia ha de escuchar y obedecer el mandato del Señor:

Anda, pueblo mío, éntrate en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete poquito, por un momento, en tanto que pasa la ira (Isaías 26:20).

Al saber terminado el tiempo de gracia, la Iglesia Remanente ha de huir a lugares apartados.  Las montañas y las cavernas del mar serán “sus aposentos”.  La razón de su huida es para ser más accesible a la protección de Dios y aguardar la venida del Libertador.

* 2da. Plaga: Mar en Sangre

Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como  de un muerto; y toda alma viviente fue muerta en el mar (16:3).

Un gran mar u océano ha de cambiar su apariencia.  Tendrá el color y la viscosidad de la sangre podrida.  Los animales marinos morirán y sus cuerpos muertos aparecerán en las orillas de los mares, causando pestes secundarias.  La televisión y la prensa escrita presentarán las imágenes vívidas de la horrible plaga que aumentará el temor de todo el mundo.

 

 

 

 

* 3ra. Plaga: Rios en Sangre

Y el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos y las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas que decía: Justo eres tú, oh Señor, que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas:  Porque ellos derramaron la sangre  de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. Y oí a otro del altar, que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos (16: 4-7).

Esta plaga cae sobre los ríos, lagos, arroyos y quebradas; las aguas que se usan para beber, preparar los alimentos y asear el cuerpo.  Esta vez la condición de los afectados es desesperante.  Las máquinas de purificar y los acueductos no podrán hacer nada.  Al abrir los grifos, lo que saldrá será apariencia de sangre de muerto.

Babilonia, la gran ramera, ha sido perseguidora de los hijos de Dios.  Se ha gozado en torturar y matar a los santos del Altísimo, ahora tendrá sangre por bebida.

* 4ta. Plaga: El Sol Quema El Mundo

Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol; y le fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria (16:8,9).

Esta plaga es mundial, ya que el sol rige todo el planeta y, además, es el centro de este sistema planetario.  Por lo tanto el mundo entero será afectado.  Grandes bosques se quemarán, mientras glaciares de los polos se habrán de derretir, causando inundaciones en los lugares más bajos.  Ciudades enteras quedarán bajo las aguas.

Sólo en esta plaga y en la siguiente aparece la frase “y no se arrepintieron”.  Pareciera indicar que en el tiempo de estas plagas la gente aún tiene oportunidad de arrepentirse.  Pero ya hemos visto que, finalizado el tiempo de gracia y el retiro del Espíritu Santo, ya nadie podrá arrepentirse y aceptar a Dios.  Ya los que portaban el mensaje final no aparecerán.  Esta trágica escena la describe el profeta:

He aquí vienen días, dice el Señor Jehová, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír palabra de Jehová.  E irán errantes de mar a mar, desde el norte hasta  el  oriente  discurrirán buscando palabra  de  Jehová,  y  no  la  hallarán  (Amós  8:11,12).

Hay una razón para que el texto diga que los impíos “no se arrepintieron”.  El odio que estos sentían por los observadores del Sábado se acrecienta mientras las plagas van cayendo.  Razonan que Dios está airado contra el mundo por el desprecio de parte de un pequeño grupo de su día de reposo, el domingo, que, como hemos visto, ha de ser una ley mundial.  Se ha de emprender por todo el mundo una gran persecución contra los fieles guardadores del Sábado de Jehová.

* El Falso Cristo

En algún momento después de caer las primeras plagas sucederá un acontecimiento extraordinario.  Pablo lo llama “el hombre de pecado, el hijo de perdición”, el cual deberá aparecer antes de la venida gloriosa de Cristo.  Veamos las palabras del apóstol con referencia a este personaje:

Porque ya está obrando el misterio de iniquidad: solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide; y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; a aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos (2 Tesalonicenses 2: 7-9).

Estos textos, aunque pueden aplicarse al Anticristo,  se refieren más bien a la personificación satánica.

La palabra “advenimiento” del verso 9 es la misma que se traduce “venida” en el verso 1.  En griego esa palabra es “parousía”, y el texto indica que este “hombre de pecado” imitará la venida de Cristo.  Satanás ha estado obrando en el mundo usando sus agentes humanos y ha hecho ligeras apariciones durante los pasados seis mil años. La presencia del Espíritu Santo es quien impide una aparición directa del diablo.  Pero una vez el Espíritu Santo se aparta de la tierra, entonces Satanás obrará a sus anchas.

Como en el mundo se habla mucho de platos voladores y tantos están engañados con esta artimaña del diablo, es posible que él venga en uno de estos artefactos.  En diferentes partes del mundo, y de varias maneras, este “falso Cristo” aparecerá, realizando innumerables señales y milagros.  Para los que creen en el “rapto”, les será fácil aceptarlo,  al  igual  que  para  las  iglesias  protestantes.   En cuanto al catolicismo, siendo que ellos raramente hablan del tema de la venida de Jesús, al oír a este usurpador y ver los milagros y señales que ejecutará, lo aceptarán fácilmente.  Hace tiempo que los Islámicos aguardan a alguien especial, pues este ser extraño satisfará sus expectativas.  Los Judíos, que rechazaron a Jesús, ahora ven en este ser el Mesías que tanto han esperado.  El falso Cristo visitará Jerusalén y por vez primera, la “puerta dorada” se abrirá, y por ella entrará triunfalmente, ante la aclamación del pueblo.  Para las religiones paganas no será difícil aceptarlo, ya que los engañará con sus falsos milagros.  La clase alta y los grandes científicos no escaparán el engaño. Este personaje satánico aparecerá por los medios de comunicación masivos y atraerá a todos hacia él.   “¡Cristo ha venido!”, será el grito triunfal en toda  la tierra.  Con voz tan suave y firme como la de Cristo, este engañador dirá a las multitudes que su día de descanso es el domingo, y que los que se empeñan en profanarlo deben pagar con su vida.  Dirá que los que observan el Sábado son sus enemigos y dirigirá a las multitudes contra los que guardan el Sabado de Jehova.

* 5ta. Plaga: Males en la sede Papal

Y el quinto ángel derramó su copa sobre la silla de la bestia; y su reino se hizo tenebroso, y se mordían sus lenguas de dolor;  y blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores y por sus plagas, y no se arrepintieron de sus obras (16:10,11).

Vimos que Satanás ha tenido su sede en siete imperios, que corresponden a las siete cabezas del dragón y de la bestia.  Desde el año 538, la sede o “silla de la bestia” ha estado en el Vaticano.  Este estado político-religioso ha de recibir una plaga especial.  Todo el estado vaticano sufrirá este juicio de Dios, como retribución por toda la obra de falsedad que ha realizado y por la persecución contra el pueblo de los santos.

A pesar de estar pasando por esta tremenda plaga, el papa seguirá con su odio contra el Remanente de Dios. Planes siniestros serán trazados para aplastar a todos los guardan la ley de Dios y su Santo Sabado en sus escondrijos.

 

 

* 6ta. Plaga: Armagedón

Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de él se secó, para que  fuese preparado el camino de los reyes del Oriente (16:12).

Algunos intérpretes ven en la mención del río Éufrates como una región geográfica específica, aquella que baña las aguas de este río.  Pero tenemos que recordar que el Éufrates es el río de Babilonia y que este nombre en la profecía apocalíptica es simbólico,  representando a la ramera del capítulo 17 con sus hijas, que son el Catolicismo romano y las iglesias protestantes.

El río Éufrates fue secado en una ocasión.  Los reyes de Media y Persia, Ciro y Darío, desviaron el cauce de este río haciendo que se secara, y por el lecho seco en la muralla de Babilonia,  pudieron entrar los ejércitos invasores y  lograr la caída de Babilonia en el año 538 AC.  Pues la historia se repetirá.  El río es agua, y las aguas representan naciones.  Estas naciones son aquellas que han sostenido a la ramera, las cuales se han de secar, en el sentido que le negarán el apoyo al romanismo y el resto del mundo protestante.  Recordemos que en le capítulo 17, los 10 reinos harían desolada a la ramera.  En el momento que las naciones se den cuenta de la obra realizada por la iglesia romana y las otras iglesias le negarán su sostén.  Esto abre le camino para que nuevamente “los reyes de Oriente” vengan en ayuda del pueblo perseguido.  Estos “reyes” son Cristo y su comitiva de ángeles que viene para rescatar al pueblo de Dios.

 

 

Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas:  porque son espíritus de demonios que hacen señales, para ir a los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso (16:13,14).

El “dragón” es Satanás y las fuerzas que él usa directamente contra Dios y su pueblo.  Podríamos colocar en esto al Espiritismo y el paganismo.  La “bestia” es el  papado y el Catolicismo romano.  El “falso profeta”, es la misma segunda bestia de Apocalipsis 13: los Estados Unidos de Norteamérica y el Protestantismo que se ha apartado de la Palabra de Dios.  De estos tres grandes poderes salen los “tres espíritus inmundos”, que representan los medios que estas entidades religiosas están usando para engañar a la humanidad.  Los falsos milagros realizados tanto por los católicos como por los protestantes, las lenguas falsas,  la obra misteriosa del Espiritismo, la astrología, la Nueva Era, el misticismo oriental, el Yoga, los OVNI, y tantas otras filosofías que han llenado el mundo son parte de estos espíritus inmundos que son presentados como “ranas”, por lo rastrero  que son.

Las señales y supuestos milagros realizados por estas tres entidades tienen el propósito de unir a los gobiernos políticos y aglutinarlos para la batalla final.

He aquí yo vengo como ladrón.  Bienaventurado el que vela  y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo y vean su vergüenza (16:15).

Este verso es un paréntesis en el pasaje de la sexta plaga.  Va dirigido al pueblo remanente que está apartado por bosques y montañas aguardando a su Señor.  Mientras los impíos reciben las plagas  en el “tiempo de angustia cual nunca fue”, los justos pasarán por el “tiempo de angustia de Jacob”.  Su angustia no es por los azotes de la tribulación, mas bien es una angustia mental.  La noción de la cercanía del regreso del Señor Jesucristo, hace que sientan preocupación. “¿Quién podrá estar firme?”  ¿Podrán resistir la gloria de la venida de Jesús?  Han vivido como en la presencia del Todopoderoso.  Están vestidos de la justicia de Cristo.  Han sido santificados en la obediencia a los preceptos divinos.  Ahora están sin Mediador, rodeados de las huestes de los impíos, que quieren su destrucción.  Cristo los contempla con amor y dice: “Helos aquí; santos e inmaculados.”  A pesar de la preocupación de los justos, no encuentran pecados sin confesar en sus vidas.  Recorren paso a paso su caminar por el mundo y reconocen que sólo el Espíritu de Cristo puede reclamar la victoria.

Y los congregó en el lugar que en hebreo se llama Armagedón (16:16).

Para la mayoría de los cristianos de hoy, Armagedón es una guerra literal en un lugar geográfico, llamado “Valle de Edraelón” en Jesreel, cerca de donde Elías tuvo su encuentro con los profetas de Baal.  Estos intérpretes proféticos dicen que la palabra   viene de “Colina de Megido”.  Este lugar ha sido escenario de grandes batallas desde  tiempos remotos.  Realmente Megido, aunque tiene una colina, es un valle gigantesco.  Ahí, según esta interpretación, los ejércitos árabes con los rusos pelearán la última batalla contra los Israelitas unidos con los ejércitos norteamericanos e ingleses.

Esta idea se relaciona con la doctrina del “rapto secreto”, pues dicen que Israel ha de ser de nuevo la nación de Dios y reanudará los sacrificios en su nuevo templo.  Las naciones enemigas han de luchar contra Israel en ese gran valle.  Esta doctrina, tan creída por el mundo religioso de hoy, hace que las gentes se sientan seguras, pero  el tiempo de angustia caerá “como un lazo” sobre ellos.

El prefijo “Ar” de la palabra Armagedón, significa “monte”, y las batallas no se  libran en montes, sino en valles.  Si esta interpretación popular es equivocada, entonces, ¿qué significa Armagedón?  Si vemos que la gran batalla entre el bien y el mal es espiritual, debemos buscar entonces un significado más adecuado.

La frase hebrea “Ar mo'ed”,  que se encuentra en Isaías 14:13 nos podrá ayudar.  Veamos el texto:       Tú (Lucifer) que decías en tu corazón:  Subiré al cielo, en lo alto, junto a las estrellas de Dios  (los ángeles) ensalzaré mi trono, y en el monte del testimonio (Ar Mo'ed) me sentaré, a los  lados del norte.

Las ambiciones de Satanás son reinar en el “Ar Mo'ed” (puede pronunciarse “Ar–majed”), están aun en pie.  En el tiempo de angustia él tratará de reinar en esta tierra, la cual fue creada por Cristo para convertirla en el “Ar Mo'ed”, o centro del gobierno del Universo.  De aquí, según el plan de Cristo, se habrá de gobernar todo el cosmos.  Satán pensó que si él podía conquistar la tierra, él la haría el centro de su gobierno y de aquí exportar su obra maléfica por todos los mundos.

Satanás tuvo éxito con Adán, pero Cristo lo venció en la cruz.  Pero todavía él piensa que puede tomar el reino por la fuerza.  Para ello, él necesita que todos en la tierra le rindan homenaje.  Hasta aquí, la sexta plaga, él ha tenido éxito.  Pero hay un grupo, los 144,000 (que ya vimos que es un número simbólico), que se niega a reconocerlo como dios.  Aunque este grupo está escondido en parajes apartados, él dirigirá a los tres grandes grupos religiosos junto con los políticos, a poner un decreto de muerte contra los santos de Dios.  Esto no está ajeno a los estudiosos de las profecías.  Lo vimos en Apocalipsis 13:15.  Este decreto ha de ser similar al que Amán hizo contra los Judíos en días de la reina Ester.

Habrá un gran concilio mundial en una ciudad grande, presidido por el obispo de Roma con la asistencia del falso Cristo.  Allí se decidirá dar el golpe en una fecha específica.  Se escogerá el día del mes cuando se dará muerte a cada uno de los hijos de Dios.  Habrá una cruzada mundial y se quitará todo derecho a los guardadores del Sábado.  Esto, y no otra cosa, es el Armagedón: el último intento de Satanás de apoderarse de la tierra.  Pero Apocalipsis 19 nos presenta el desenlace de este conflicto.

 

 

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