* La Revelación De Jesucristo

La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto, y la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo, el cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto (1:1,2).

Las primeras palabras del libro indican el título:  “La Revelación de Jesucristo”.  El diccionario de Strong define así la palabra Apocalipsis:  “Apopcalupsis, de la palabra ‘Apokalupto', destapar, revelar.  Aparecimiento, venida, alumbramiento, manifestación, revelación.”  (James Strong, LL.D, S.T.D.,  The New Strong's Complete Dictionary  of Bible Words,  Thomas Nelson Publishers, 1996, Nashville, Tennessee.)  Algunos teólogos prefieren interpretar la palabra como “un velo que se descorre”.  Y eso es lo que es el Apocalipsis: un velo que se descorre para saber el futuro.  Recordemos que en la época que se escribió el libro, para el año 95 ó 96, todo era futuro.  Hoy, 19 siglos después, la mayoría de su contenido es pasado.  Pero, a la luz de ese pasado, podemos proyectarnos hacia el futuro confiados en la firme Palabra profética. 

   Cuando estamos en un teatro y el velo se descorre, podemos contemplar el rico escenario donde los actores se mueven.  Pero nosotros no somos meros espectadores; somos actores en el drama de los siglos.

Apocalipsis es la revelación de Cristo como el Mesías, el Salvador de la humanidad.  La línea de revelación comienza con el Padre, a través de su Hijo Jesucristo, luego el ángel que trae el mensaje del Creador a Juan, siervo del Señor.

   El autor del libro no es Juan, sino Jesucristo, el personaje central.  Juan es el siervo, el escritor, el autor del cuarto Evangelio y de las tres cartas que llevan su nombre.  Es el discípulo amado, aquel que recostaba su cabeza sobre el pecho de Jesús.

   La tradición apostólica dice que Juan fue condenado a ser muerto echado en una paila de aceite hirviendo de donde fue milagrosamente salvado.  Luego fue llevado a la solitaria isla de Patmos, en el Mar Egeo, donde los romanos tenían unas inmensas canteras.  El emperador reinante para esa época fue Domiciano, gran perseguidor de los cristianos.

 

* La Literatura Apocalíptica

El estilo de este libro no es nuevo, ya que desde hacía unos 200 años este tipo de literatura floreció entre los hebreos.  Prueba de esto son los libros de Enoc y los de Esdras, los cuales pueden leerse en los llamados libros de la pseudoepigrafía.  No faltan detractores que indiquen que el libro de Juan fue una copia de estos libros de la época del Antiguo Testamento, pero un análisis cuidadoso probará fuera de toda duda que, aunque Juan usó un estilo común de su época, todo lo revelado es auténtico, como veremos al estudiar sus páginas inspiradas.

   Tenemos que visualizar que hay mucho de apocalíptica en Isaías, Jeremías, Ezequiel, Zacarías y, sobre todo en Daniel.  Veremos alusiones a estos profetas en el libro de Apocalipsis.

   Hay dos razones fundamentales para que Juan usara este estilo literario en su libro.  Primeramente, como suele suceder con las parábolas e ilustraciones que solemos usar en los sermones, lo símbolos apocalípticos, nos ayudan a recordar más fácilmente los detalles de las profecías.  En segundo lugar, debido a los símbolos, cosa que los romanos desconocían, el libro pudo pasar la censura de Roma.  Ellos concluyeron que el libro era obra de un pobre viejo que estaba fuera de sí.   Pasada esta etapa, el Apocalipsis pudo llegar a los destinatarios: los creyentes de Asia Menor.

 

* El Libro

Bien aventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca (1: 3).

Esta es la primera de varias bienaventuranzas del Apocalipsis.  Para la iglesia cristiana, perseguida por sanguinarios emperadores, el libro del Apocalipsis sería un gran consuelo.  Lleno de verdades, el libro sería leído en los centros de reunión de los hermanos.  Muy poca gente sabía leer, así que el lector recibiría una gran bienaventuranza.  “Los que oyen” atentamente las profecías del libro  recibirán gran felicidad, pero  los que guardan, los que obedecen, son mayormente bendecidos.  El libro es el mayor regalo de Dios a su pueblo y aunque fue tenido por siglos como un libro sellado, hoy se presenta como el gran baluarte contra los errores que han minado el cristianismo por casi 2,000 años.

El verso 3 del capítulo 1  se refiere directamente al libro de Apocalipsis, pero también  puede aplicarse al resto de las Sagradas Escrituras.  En ellas   Dios revela su voluntad y cada creyente debe atesorar esos mensajes maravillosos. “La profecía”, escribió San Pedro, “no fue traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”  (2 Pedro 1:21)  San Pablo dice que “toda Escritura es inspirada divinamente.” (2 Timoteo 3:16)   Al tomar en nuestras manos el Tomo Sagrado debemos actuar con reverencia, implorando la bendición de Dios y aceptando todo como una inspiración del Todopoderoso.

La Santa Biblia está dividida en dos partes:  el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.  ¿Cuál de ellas es la más importante?  Algunos dicen que el nuevo, porque en él habla Cristo directamente.  Pero tenemos que visualizar que el llamado Antiguo Testamento es la base, el fundamento del nuevo.  Cuando Cristo nos dice: “Escudriñad las Escrituras”, no puede referirse al Nuevo Testamento, ya que este comenzó a escribirse varios años después de la ascensión del  Señor.  Cada vez que la palabra “Escritura” aparezca en el Nuevo Testamento se refiere a lo que hoy conocemos como “Antiguo Testamento”.  Cristo es el que habla, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento. 

Los que hacen diferencia entre testamentos obran de forma incorrecta.  El mismo Espíritu que inspiró a los escritores del Nuevo Testamento  es el que inspiró a los escritores del Antiguo Testamento.  Hay predicadores que están constantemente contradiciendo la Palabra de Dios con la excusa de que este u otro texto es del Antiguo Testamento y por tanto no tiene validez, ya que el Antiguo Testamento es eliminado con la introducción del Nuevo.  Tal aseveración es falsa. ya que, aunque el antiguo pacto caducó al morir Cristo, esto no se refiere a Escritura alguna, sino al convenio que el pueblo hizo con Dios en el monte Sinaí.  “Toda Escritura” contiene la voluntad de Dios y tiene que aceptarse completa.  Lo que Dios dijo a través de Moisés tiene tanto valor con lo que dijo por medio de Isaías, Daniel, Lucas o Pablo.

En estos días de honda confusión y división, Dios espera de su pueblo una predicación enteramente bíblica, como indica Pablo, trazando “bien la palabra de verdad.”

No basta creer la Biblia, hay que obedecer los mandamientos que ella presenta.   El cristianismo tiene  que  ser  purificado de tanta escoria  que el paganismo ha colocado en él.  El Evangelio tiene que ser presentado en toda su pureza, con valentía.  Dios no espera menos de su pueblo hoy.

* Dedicatoria

Juan, a las siete iglesias que están en Asia:  gracia y paz a vosotros, del que es  y  que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante del trono y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.  Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios,  su Padre; a Él sea gloria e imperio por los siglos.  Amén.  (1:4-6)

El libro entero es dedicado a las siete iglesias, ubicadas en la provincia romana de Asia menor.  Como veremos en el próximo capítulo, esto puede entenderse como la iglesia de Cristo a través de todas las edades.  Amigo lector, tú estás también incluido en  esa dedicatoria.  Para ti es este libro.

Apocalipsis es un libro apto para desenmascarar las doctrinas falsas que han minado el cristianismo de hoy.  En estos versos se nos presenta a Dios como tres personas, o lo que llamamos la Trinidad.  “El que es y que era y que ha de venir”, no es el Hijo, sino el Padre, ya que Jesucristo se menciona más adelante.

Los siete Espíritus es una manera peculiar de Apocalipsis de mencionar algunas de las verdades del reino de Dios.  Siete es el número favorito de este libro.  Lo veremos en los capítulos siguientes. La numerología Bíblica contiene mensajes importantes.  El número 3 , así como sus múltiplos de 30, 300 ó 3,000.  El 4 representa los puntos cardinales, con los cuales se cubre toda la tierra.  También sus múltiplos 40 ó 400.  El 6 es el número del hombre, así como el 666.  El 7 denota perfección o plenitud, como también el 70, 700 y 7,000.  El 8 es el que sobrepasa la perfección.  El nombre de Cristo, en el griego antiguo suma 888.  El 10 denota mucho o abarcante.  También sus múltiplos 100, 1,000 y 10,000.  Para los semitas el número mayor es 10,000 veces 10,000.  El 12 significa un número completo, así como 120 y 144, que es doce al cuadrado y el 144,000, que es este multiplicado por 1,000, haciendo el número más amplio.

El hecho que se mencionen siete Espíritus no significa que sea ese el número, más bien representa la obra perfecta o plena del Espíritu santo.  Esta Persona Divina es de las tres la más necesaria , luego del sacrificio de Cristo.  Él es el que obra el arrepentimiento y la aceptación del plan de salvación.  Él es el que da dones a la iglesia para el éxito del Evangelio.  Por eso Cristo dijo que la blasfemia contra el Espíritu Santo no ha de ser perdonada.

La tercera persona mencionada en el texto es el Hijo, Jesucristo, a quien se llama  “el testigo fiel y verdadero” .  Qué hermoso es saber que Cristo es fiel y veraz.  Podemos confiar plenamente en Él.  También se llama a Jesús “el  primogénito de los muertos”.  La palabra griega “primogénito” es “prototokos” y , además de usarse para “el primero nacido”, se usa para denotar  “primero”.   En este caso, Cristo fue el primero en morir, en el sentido de que se ofreció a morir por el hombre antes de que este existiera.  Es lo que dice Apocalipsis 13:8, que “el Cordero” fue “muerto desde el principio del mundo”.  Aquel cordero que fue muerto en el huerto de Edén representaba a Cristo, el Cordero de Dios, que habría de dar su vida para salvar del pecado a la raza humana.

Al Hijo también se le llama “el soberano de los reyes de la tierra”, frase paralela a “Rey de reyes y Señor de señores”, título que se presenta en Apocalipsis 19 y que indica la soberanía de Jesucristo sobre la tierra que es su posesión especial.  Luego se presenta por vez primera en Apocalipsis el Evangelio, las buenas nuevas para el pecador: Cristo “nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.”  Esa sangre derramada aún tiene poder salvador.  Nadie que se acerque a Dios confiando en esa sangre redentora será chasqueado.

Finalmente el texto nos dice que Cristo  “nos hizo reyes y sacerdotes para Dios.”  Como sacerdotes, tenemos la autoridad de Dios para interceder unos por los otros y ministrar a los que aceptan el Evangelio.  Como reyes, tenemos ya un lugar con el Señor.  Estamos sentados “en lugares celestiales”, ya que nuestro representante está sentado “a la diestra de Dios.”  Finalmente reinaremos con Él en la tierra renovada.

Dije que hay sectas que niegan la doctrina de la Trinidad, diciendo que en la Biblia esta palabra no aparece, y esto es cierto.  La Biblia habla de la “Deidad” o “Divinidad”.  Pero siendo que esa Divinidad está compuesta por tres personas, entonces la palabra Trinidad es correcta.

Estos sectarios también dicen que 1 Juan 5:7 está mal traducido en las versiones bíblicas más conocidas.  En esto también tienen razón, pues los manuscritos más antiguos rezan así en los versos 6 y 7 de 1 de Juan 5: “Porque tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres concuerdan.”  El hecho que estos versos hayan sido alterados no indica que la enseñanza de la Trinidad es falsa, ya que hay otros textos que así lo verifican.  Estos son Mateo 28:19, 1 Corintios 12:4-6, 2 Corintios 13:14, 1 Pedro 1:2 y el texto que hemos visto, Apocalipsis 1:4,5.

A pesar de estas evidencias bíblicas contundentes, los enemigos de la verdad insisten, diciendo que Jesucristo es inferior al Padre y que no es el Dios Todopoderoso.  Cierto que Jesús dijo que el Padre es mayor que Él, pero se refería a que Él era humano, aunque nunca dejó de ser Dios.  Como hombre es inferior al Padre, pero como Dios es igual a Él.  (Vea Filipenses 2:5-11.)

 

 

  * La Venida de Cristo

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo lo verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra  harán lamentación sobre él. (1:7)

La segunda venida de Cristo es “la esperanza bienaventurada” para la iglesia.  (Tito 2:13)  La creemos porque el mismo Salvador lo prometió en uno de  los últimos discursos a sus discípulos:  “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.  En la casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho.  Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”  (Juan 14: 1-3)  Ante esta promesa infalible del Señor, lo que nos resta es decir, como Juan al final del Apocalipsis:  “Ven, Señor Jesús”.

En cuanto a la manifestación de Cristo, el mundo cristiano está dividido.  Mientras unos dicen que ya Jesús vino en su segunda aparición, otros dicen que nunca vendrá.  Los más indican que su venida será secreta, lo que llaman “el rapto” o “arrebatamiento secreto”.   El mismo texto que estamos considerando dice que “todo ojo le verá”.   Los que enseñan el llamado “rapto” dicen que la segunda venida de Cristo se divide en dos partes: la primera es el rapto, donde Jesús se llevará a la iglesia.  Los que estén listos se volverán transparentes y se irán sin que nadie los vea.  Los muertos en Cristo saldrán de sus tumbas y, también transparentes, se irán al cielo.  Los que queden sobre la tierra tendrán que convivir con el Anticristo por 7 años, lo que llaman “la gran tribulación”.

Luego del rapto, al finalizar los 7 años, Cristo vendrá con la iglesia a luchar contra el Anticristo y reinará por el milenio en la Jerusalén terrenal.  Toda esta fantasía es enseñada y creída por millones en nuestros días.

En Mateo 24:30 Jesús expone claramente como será su venida: “Entonces se manifestará la señal del Hijo del hombre en el cielo.  Entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre que viene sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.”   Los que hablan del rapto argumentan que este texto  y  otros  de  Mateo  24  se refieren a la tercera venida, luego de la tribulación.  Ese es el mayor problema de ellos: colocan arbitrariamente los textos en una u otra venida. 

Es cierto que Jesús ha de reinar en Jerusalén durante el milenio, pero no será en la Jerusalén terrenal, centro de intrigas entre árabes e israelíes y muchas veces  lugar de hechos sangrientos de parte de los que aun se creen pueblo de Dios.  La Jerusalén que funciona en el nuevo pacto es la “Jerusalén de arriba”  (Gálatas 4:26), o “la Nueva Jerusalén” que tanto se menciona en Apocalipsis.

Otro argumento que indican para favorecer el llamado “rapto” es la frase tantas veces mencionada en el Nuevo Testamento que dice que Jesús vendrá  “como ladrón de noche”.   Esto  lo  que indica  es que la venida de Cristo vendrá sin anunciarse, no en secreto.  Hay textos que dicen que cuando aquel día venga “como ladrón”, el mundo no estará en paz con el Anticristo, sino que será destruido.  (Vea 1 Tesalonicenses 5:2,3 y 2 Pedro 3: 10.)

Cristo vendrá.  Su venida será visible.  Todos le verán:  los justos para irse con Él y los impíos para ser destruidos “por el resplandor de su venida”.  (Vea 2 Tesalonicenses 1:6-10 y 2:8.)  Además de ver a Cristo, han de oír el sonido de las trompetas.

El Anticristo no vendrá después que Cristo se lleve a su iglesia.  En 2 Tesalonicenses 2:1-4, Pablo hace claro que la segunda venida de Cristo no se verificará sin que venga antes la manifestación del Anticristo.  Ese es el orden bíblico: primero aparecerá el Anticristo, luego el Salvador vendrá por su pueblo.   De hecho, como veremos en el capítulo correspondiente, el Anticristo lleva ya 1,500 años en la tierra y el mundo no lo ha descubierto.  Pero la iglesia verdadera de Jesucristo sabe  quien es y está predicando sobre su obra de engaño.

Además de los habitantes de la tierra que estén vivos, han de ver a Cristo en su venida “los que le traspasaron”.  Estos que tuvieron parte activa en el apresamiento, juicio y crucifixión del Señor tienen que verlo venir en gloria.  Para verlo tienen antes que resucitar.  Esa resurrección es la que menciona Daniel 12:2.  En este texto se habla de “muchos” que serán “despertados” y se indica que unos serán para “vida eterna”  y los otros “para vergüenza y confusión perpetua”.  Los que serán resucitados para vida eterna lo componen aquellos que han muerto en la fe del mensaje final descrito en Apocalipsis 14.

Jesús dijo a los miembros del Sanedrín que le juzgaron: “…desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia Dios y que viene en las nubes del cielo”.  (Mateo 26:64)  Tanto Judas, como los sacerdotes judíos que juzgaron a Jesús, Poncio Pilatos y los soldados que le escarnecieron, así como los más acérrimos enemigos de Dios han de ver “al que traspasaron”.  Este grupo de malvados aun tendrán que ver a Cristo “sentado a la diestra de la potencia de Dios”.  La gloria de la venida de Cristo los habrá de destruir, pero aún les aguardará lo peor:  luego del milenio resucitarán por segunda vez para ver al Redentor sentado a la diestra de Dios y recibir la paga final juntamente con Satanás, sus ángeles y el resto de los impíos.

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que habrá de venir  (1:8).

Alfa y Omega son la primera y última letras del alfabeto griego.  Es como si dijéramos la A y la Z.  Dios es el principio y el fin de todo.  Esto se aplica tanto al Padre, como al Hijo y al Espíritu Santo.  Los tres miembros de la Divinidad  son eternos.

Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe  vuestro en la tribulación, en el reino  y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo  (1:9).

Aquí Juan se presenta como un desterrado por causa de “la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”.  ¡Qué maravilloso!   No ha sido enjuiciado por ser un delincuente contra el estado ni por violar leyes morales, sino por su fe en Cristo y su Palabra.  Juan se presenta como un hermano y participante en la tribulación.  Esto serviría de gran ayuda espiritual para la iglesia perseguida del primer siglo y se extendería por  el resto de la época de Roma y la Edad Media, donde millones perecieron por su preciosa fe.

* El Día del Señor

Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (1:10, primera parte),…

Algunos intérpretes enseñan que la expresión “día del Señor” se refiere al día final, la venida de Cristo y los eventos que le anteceden.  Pero sería extraño que Juan diga que “fue” en ese período de tiempo.  La mayoría de los que han interpretado el Apocalipsis están de acuerdo que aquí se trata de un día específico de la semana.

La Vulgata latina de Jerónimo traduce la frase griega “Kuriaké Emera” como “Dominicus Díes”.   Díes en latín y Emera en griego significa lo mismo: “día”.  La palabra “Kuriaké” y  “Dominicus” o “Dominica”  significa  “Del Señor”.  La  frase griega se usaba para todo lo referente al emperador.  De la expresión de Jerónimo, “Dominicus”, se originó la palabra “Domingo” en español y esta se ha generalizado.  Pero, ¿es eso lo que presenta la expresión apocalíptica?

Jerónimo tradujo la Biblia para el siglo 5to. al 6to.  Ya para ese tiempo se había cambiado el día de reposo bíblico del Sábado al Domingo.  La versión bíblica de Miguel de Petisco, conocida como Torres Amatt, traduce la frase “Dominicus Díes” como “día de domingo”.  La versión original de Casiodoro de Reyna también la traduce igual. Pero todo cristiano sincero debe preguntarse si esto es correcto; si Dios ha permitido que su día de descanso haya sido cambiado.  Más aún, tenemos que darnos cuenta que antes de Cristo nacer ya los mitraístas persas dedicaron el primer día de la semana a su dios sol, Mithra.  Es por eso que aún en idiomas como el inglés y el alemán el primer día de la semana se llama “Día del Sol”.

Para saber cuál es el día del Señor no tenemos que recurrir a enciclopedia o diccionario alguno.  Tampoco tenemos que aceptar textos forzados de la Escritura, sino buscar en la Biblia misma.  En Isaías 58:13 Dios  llama al sábado “mi día santo” y el mismo Jesús se proclamó “Señor del sábado” en Mateo 12:8.  Por varias ocasiones en el Antiguo Testamento el día sagrado del cuarto mandamiento es llamado “Sábado de Jehová”.  ¿Necesitamos más argumentos?  Dios ha hablado.  Sólo digamos “Amén” y obedezcamos la Palabra de Dios.

En las minas de Patmos, el fiel siervo de Dios no olvidó los preceptos divinos.  Los guardias que vigilaban a los presos posiblemente tendrían compasión del anciano cautivo y le concedían los sábados para que sirviera a Dios de acuerdo a su costumbre.  En una cueva de la rocosa isla, en un día de sábado,  Juan tuvo la primera  visión que describe en su precioso libro.

  * Visión de Cristo

… y oí detrás de mí una voz como de trompeta que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último (1:10, última parte y 11, primera parte).

El que habla con Juan es obviamente Cristo, como veremos en el resto del pasaje.  Por derecho propio, Cristo usa la frase “Yo soy Alfa y Omega, el Primero y el Último”, ya que Él es Dios.

Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (1:11, s. parte)

Los receptores del libro son los hermanos de las comunidades cristianas de Asia Menor.  En el próximo capítulo veremos en detalle a estas iglesias y los mensajes que Cristo envía a cada una de ellas mediante el apóstol Juan.

Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo (1:12, primera parte);

Es interesante la forma que Juan nos habla.  Dice “para ver la voz”.  Una voz no se ve, se escucha.  La voz viene de detrás de él y él se da vuelta para ver quién es el que le habla.

…y vuelto, vi siete candeleros de oro.  Y en medio de los  siete candeleros, a uno  semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro.  Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgentes como en un horno; y su voz como estruendo de  muchas aguas.  Tenía en su diestra siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza (12, última parte, 13- 16).

Juan queda extasiado ante la visión que tiene ante sí.  La expresión “Hijo del hombre” indica que el ser que está viendo es un humano, pero lleno de la gloria celestial.     Esta es la misma frase que usa Daniel para describir a Cristo (Daniel 7:13).

Los siete candeleros nos recuerdan el candelabro de siete brazos que se hallaba en el lugar santo del santuario terrenal.  El que Cristo se halle entre los candeleros es indicio de que está en la primera fase de su ministerio, ya que en el culto hebreo, el sacerdote dividía su trabajo en dos: “el continuo” o culto diario celebrado en el atrio y el lugar santo y el culto anual que era celebrado en el lugar santísimo o “santo de los santos”.  En el capítulo de El Santuario daré más detalles sobre este tema.

Las ropas largas indican el sacerdocio de Cristo.  Él es sacerdote eterno, según el orden de Melquisedec.  Él es el intercesor de su pueblo.  Él es el Sumo pontífice de  la iglesia.  El ceñidor del pecho simboliza su realeza.  Él no sólo es rey, sino “Rey de reyes”.  Sus ojos llameantes representan su omnisciencia, característica exclusiva de Dios.  Sus pies como bronce bruñido  indican la estabilidad de su  reino.   Su voz refleja su omnipotencia, otra característica única de Dios.  La espada que sale de su boca representa la Palabra de Dios.   En Hebreos  4:12  se  nos dice:   “Porque la palabra de Dios es viva  y eficaz,  y más penetrante quetoda espada de dos filos:  y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

“Su rostro era como el sol, cuando resplandece en su fuerza”;  esta expresión es hermosa.  Cuando Moisés bajó del Sinaí, su rostro resplandecía; cuando Esteban contempló a Cristo sentado a la diestra del Padre, su rostro se volvió resplandeciente,  “como el rostro de un ángel”.  Ahora Juan  ve  a  Cristo  con  su  rostro  iluminado,  aún  más  que  el de Moisés, porque Cristo es Dios, aunque se presenta al apóstol como un ser humano.

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies.  Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome:  No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y he sido muerto, mas he aquí que vivo por todos los siglos, Amén.  Y tengo las llaves de la muerte y el hades (1:17,18).

Juan desfallece ante la gloria de Jesucristo, pero el Hijo de Dios le conforta.  Si había alguna incertidumbre respecto a quién tenía ante sí, ahora Juan está plenamente seguro que este es su Maestro Jesús.  Él estuvo muerto, pero resucitó.  Juan lo vio resucitado, pero ahora lo ve glorificado.

Cristo tiene “las  llaves del la muerte y el hades”, lo que indica que tiene el poder de resucitar a todos los “muertos en Cristo”  en su venida gloriosa.  La palabra “hades”, realmente es un nombre propio.  Se refiere al dios del reino de la muerte, según la mitología griega (los romanos le llamaban Plutón).  Esta palabra griega  fue traducida en las versiones antiguas como “infierno”, pero los traductores  han rectificado en las versiones recientes y han colocado la palabra “hades”.  Aunque la palabra significa “tumba” o “sepulcro”, prefieren dejarla según el griego.  De todos modos, la palabra “infierno”, si se usara como lo que el latín indica, no sería incorrecta.  Su significado latino es “lugar inferior”, o sea, la tumba.  Fue en la Edad Media y por la influencia de la “Divina Comedia” de Dante   que se popularizó la palabra como un lugar de fuego, donde Satanás se goza en torturar con una horquilla a los perdidos que se retuercen en las llamas eternas. Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después De estas (1:19):

Enseñar que Apocalipsis es sólo futuro no es correcto.  Esa visión futurista lleva a la gente a dejar de ver las grandes lecciones que Dios tiene para los que estudian diligentemente este libro.  El Apocalipsis no es sólo futuro, sino el pasado, el presente y el futuro de la iglesia.  En él se encuentra su pueblo, con sus victorias y sus fracasos a través de todas las edades. Aunque una gran porción del libro es futuro, es leyendo el pasado que recibiremos la seguridad de que el futuro ha de cumplirse según Dios  lo ha revelado.

El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias (1:20).

Los ángeles que Jesús menciona son los ministros de las iglesias, ya que la palabra griega “anguelos”  significa “mensajero”.   Cristo tiene a los dirigentes de la iglesia en su mano derecha, indicando que Él sostiene a sus ministros fieles.  Hoy más que nunca los ministros necesitan de esa dirección del Maestro.  Los siete candeleros representan a las siete iglesias.  Cristo vela cada iglesia para que su luz no se apague.  Los cristianos verdaderos necesitamos estar siempre encendidos.  Para ello, tenemos que depender continuamente de nuestro Señor y Salvador.

Este es el mensaje del primer capítulo  de Apocalipsis.  Hemos tenido mensajes variados, pero, sobre todo, hemos visualizado a Cristo, nuestro Salvador y Mediador ante Dios, nuestro Padre.  Lo que sigue es un conjunto de visiones que tiene Juan, el discípulo amado, y que constituye el mayor regalo de Dios a su iglesia.   Actuemos con reverencia al revisar estas interesantes profecías y que el mismo Espíritu que guió al escritor, guíe a cada uno de los que lo estudien con deseo de saber la revelación de Jesucristo.

 

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