* La séptima iglesia: Laodicea
Escribe al ángel de la iglesia en LAODICEA: Así dice el Amén, el Testigo fiel y verdadero, el principio de la
creación de Dios, dice esto (3:14):
El nombre Laodicea quiere decir “Pueblo del Juicio” y representa el
período del 1844 hasta la segunda venida de Cristo. Es natural que ostente este nombre, pues es la última iglesia, el
pueblo remanente, que comienza con el período del juicio, luego del
cumplimiento de la profecía de los 2,300 días o años de Daniel 8:13,14. Es la iglesia que proclama: “La hora del
juicio ha llegado” (Apocalipsis 14: 7).
Cristo se presenta a esta iglesia con tres títulos: el “Amén”, que
significa afirmación; el “Testigo fiel
y verdadero”, título que corresponde admirablemente a Jesús, que representó al
Padre mientras estuvo en la tierra y ahora, como nuestro Sumo Pontífice, nos
representa ante el Padre. Su final
título en este texto es “el principio de la creación de Dios”. Hay quienes aseguran que estas palabras indican que Cristo es un
ser creado, y por lo tanto no es divino.
Pablo dice otro título de Cristo, semejante a este: “el primogénito de
toda criatura”. Ambas expresiones lo
que indican es que Cristo es el autor de la creación. El texto de Pablo, tomado de Colosenses 1:15, continúa diciendo: “Porque por él fueron criadas todas las
cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles;
sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado
por él y para él. Y él es antes de
todas las cosas y por él todas las cosas subsisten:” (versos 16 y 17) Nada es más elocuente para presentar a
Cristo como el Hacedor de todo. Si es
Creador, no puede ser criatura. Si es
Creador, es Dios que merece ser adorado.
Fue Pablo el que dijo también, luego de presentar la humillación de
Cristo: “Por lo cual Dios también lo ensalzó a los sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; para que
en el nombre de Jesús se doble toda rodilla…” (Filipenses 2:9,10)
Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente,
te vomitaré de mi boca (3:15,16).
La condición de la iglesia en este período es triste: tibieza
espiritual. Los laodicenses
comprendieron bien las palabras del Testigo fiel. A Laodicea bajaba un arroyo que provenía de Hierápolis. La aguas salían calientes, pero al recorrer
su camino hasta Laodicea se tornaban tibias.
Podemos beber agua fría o caliente, pero la tibia es un vomitivo.
Son tres los estados que Cristo menciona: frío, tibio y caliente. El “caliente” es aquel que conoce lo que
cree, lo comparte, es fiel a todos los requerimientos de Dios, es rico en obras
de amor, pero ante todo, siente una dependencia constante en Dios. Su vista está puesta en Cristo y su vida
gira en torno a Él. Este es el estado
ideal.
El “frío” es el que está mal en la iglesia. Es posible que esté desanimado, pero se mantiene en la
iglesia. Defiende lo que cree, pero no
obra, no es ferviente. Pero lo más importante es que reconoce su
estado. Es sincero para consigo
mismo. Hay esperanza para este, pues en
cualquier momento puede reconocer sus faltas y tornarse caliente.
El caso del tibio es sumamente peligroso. Veamos la causa de su tibieza: Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de
ninguna cosa tengo necesidad: Y no conoces que tú eres un desventurado,
miserable, pobre, ciego y desnudo (3:17).
El “tibio” conoce a plenitud
las doctrinas de la iglesia. Es un gran
líder. Podría ser un ministro o un
prominente miembro de la congregación.
Puede que ante la vista de sus hermanos y vecinos sea un ciudadano
ejemplar. Pero su gran problema es que
“no conoce”, no se da cuenta de su estado. Se parece exteriormente al caliente,
pero la diferencia es que el tibio no siente la dependencia de Dios. Se cree sabio, pero no es sincero.
El estado de tibieza de Laodicea ha hecho que muchos miren a esta
iglesia como tan corrupta que ninguno de sus miembros ha de salvarse. Pero tenemos que recordar que tanto las
promesas como las amenazas de Dios son condicionales. Si no hubiera posibilidad para los laodicenses, ¿por qué Cristo
se toma el trabajo de ofrecer remedios
para sus males? ¿Por qué Él concede una
promesa tan hermosa a “los vencedores”?
Esto es una clara indicación de parte del Testigo fiel de que hay
posibilidad de vencer. No temamos a ser
laodicenses, pero seamos laodicenses victoriosos en Cristo.
Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas hecho rico, y vestiduras
blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge
tus ojos con colirio, para que veas (3:18).
Cristo no dice que va a otorgar estos dones a los tibios laodicenses,
Él dice que debemos comprarlos. ¿Por
que comprar? Sencillamente porque tenemos
que dar algo a cambio. ¿Y qué podemos
nosotros dar al Maestro? Dios nos
dice: “Dame hijo mío tu corazón.” Demos a Cristo nuestra voluntad, nuestro
yo. Contemos con Él para todos los
actos de nuestra vida. Sintamos que sin
Él nada podemos hacer.
El primer regalo de Cristo es para corregir nuestra pobreza. Él dijo que somos desventurados, miserables
y pobres. El oro significa la fe y el
amor. Si tuviéramos esas virtudes el
Señor no tendría que ofrecérnoslas.
Seamos sinceros y veamos esa gran necesidad. Entre los dones del Espíritu ninguno es tan importante como el
amor. Así lo declara Pablo en 1
Corintios 13. La fe es también incluida
en la lista de dones.
Es imprescindible aprender a amar.
En la iglesia puede que hayan hermanos que no nos agraden, pero tenemos
que recordar que es posible que tengamos que compartir la eternidad con
ellos. Aprendamos a tolerar a la gente
con sus defectos y virtudes. El amor no
puede ser fingido, sino sincero. Es el
amor de Dios el que nos impulsa a amar
a todos por igual. Oremos al Señor y seamos ricos en amor.
El segundo don es las ropas blancas.
Estas representan la justicia por la fe en Cristo. Algunos enseñan que tenemos que buscar
dentro de nosotros la capacidad para regenerarnos. Es por eso que
vemos los fakires
orientales caminando sobre brasas encendidas o acostados sobre camas de
clavos. Durante la semana santa en
Filipinas docenas de personas se crucifican y otros se azotan hasta
sangrar. En la India, cada doce años, millones se bañan
en el río Ganges con el
propósito de purificar sus almas. Hay
quienes se visten de saco o se atan a la cintura correas gruesas con partes
filosas. Los que hacen estas cosas creen que así se limpian de sus pecados.
La gran verdad bíblica es que ya Cristo realizó un sacrificio
expiatorio por todos los hombres. Es
inútil tratar por nosotros mismos de alcanzar la aceptación de Dios. Cristo dice: “…Nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6) Pedro indicó: “ Y en ningún otro hay
salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que
podamos ser salvos.” (Hechos 4:12) Las ropas blancas que Cristo ofrece es su
propia justicia. El laodicense necesita
deponer su orgullo y aceptar su desnudez de la justicia, para que Cristo lo
vista con su ropaje celestial.
El último, pero no menos importante, de los regalos del Testigo fiel es
el “colirio”. Los habitantes de
Laodicea estaban familiarizados con este sencillo ungüento que curaba
enfermedades menores de los ojos. El colirio que Cristo ofrece es el Espíritu
Santo. Este don es indispensable, ya
que es el único que nos ayuda a visualizar nuestra condición espiritual. Cristo está más dispuesto a dar su Espíritu
a los que lo pidan que los padres a dar regalos a sus hijos. Debemos orar por un bautismo diario del
Espíritu Santo. Debemos hablar más de
Él, predicar más sobre Él. Como la
naturaleza necesita el aire, el sol y la lluvia, así la iglesia necesita del
Espíritu.
Algunos le temen a la presencia del
Espíritu, porque se han confundido con el teatro burdo que se hace en algunas
iglesias. Cultos alborotosos, música
estridente y falsas lenguas son manifestaciones que muchos dicen ser obra del
Espíritu Santo, pero está muy lejos de eso.
La presencia del Espíritu es una
experiencia maravillosa que cada cristiano debe poseer. La gracia del Espíritu que se nos concede
hoy no rinde hasta mañana. Cada día
tenemos que orar por esa presencia divina.
* Laodicea
MALES
Ceguera, Desnudez,Ceguera
REMEDIOS
Oro, Ropas Blancas, Colirio
SIGNIFICADO
Fe y Amor, Justicia de
Cristo, El Espíritu Santo
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; se, pues, celoso, y
arrepiéntete (3:19).
Cristo le garantiza a los laodicenses que los ama. Esto es indicio de el cuidado de Dios por
esta iglesia en quien Él ha puesto su confianza y a quién le ha encomendado el
mensaje más significativo que jamás se ha predicado en el mundo. Cada uno de nosotros debemos aceptar con
humildad la corrección del Todopoderoso.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo:
Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con
él, y él conmigo (3:20).
El tierno cuidado de Cristo por su iglesia es maravilloso. Él está fuera, llamando a la puerta del corazón, esperando que oigamos su
llamado. Esto es una prueba más de que el caso de Laodicea no está perdido. Hay la oportunidad de una
reconciliación con Dios. Basta sólo oír
los consejos del Redentor, aceptar sus dones preciosos y abrir de par en par la
puerta de nuestro corazón a Él.
Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo
he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias
(3:21,22).
Si
es verdad que las amonestaciones a Laodicea son de las más duras de todo el
pasaje de las iglesias apocalípticas, también es cierto que la promesa a los
laodicenses victoriosos es la más hermosa y significativa de todas las
demás. Sentarse con Cristo en su trono
significa reinar con Él. La última
generación de santos ha de ser el cuerpo gobernante del reino venidero. En el capítulo “El Sello del Dios Vivo”
veremos la relación de los vencedores de Laodicea con los 144,000. Recuerde amigo: Usted, quiera o no, es parte de la iglesia de Laodicea, pues esta
es la última. No habrá una octava
iglesia. Laodicea es pues, la iglesia
remanente en especial y el mundo cristiano en particular. El mensaje final de Dios, basado en
Apocalipsis 14 y 18, ha de llegar a todos los confines de la tierra. La recepción de ese glorioso mensaje ha de
decidir quienes son los vencedores, dueños de las preciosas promesas de Cristo.
Tu conocimiento de las 7 iglesias
Cristo escribe a las 7 iglesias