Desde
el punto de vista de un alcohólico en un barrio de baja categoría, pero de
acuerdo a su creencia de haber sido salvado cuando aceptó a Cristo, y elevado
ahora a la posición de un pastor, el caballero con el cual estaba hablando,
declaró enfáticamente que no importaba cómo había vivido, aun si volvía a la
vida de un alcohólico, él estaba salvo. Repitiendo en forma vehemente este
sentimiento, él salió por la puerta del frente, cerrándola ruidosamente
mientras se marchaba. Habíamos estado discutiendo el tema de la salvación a
través de Cristo y la teología de que una vez que somos salvos siempre somos
salvos, junto con los requerimientos bíblicos necesarios para permanecer en una
relación salvadora con el Señor. Por supuesto, la ley, la gran norma moral
divina, entró en la discusión, lo cual fue la causa de la precipitada y abrupta
salida del ministro. Él estaba demostrando la reacción natural de alguien que
cree que la ley fue clavada en la cruz, suprimiendo, por consiguiente, nuestra
obligación de obedecer, especialmente en la observancia del sábado del séptimo día.
Estudiando el mismo tema con mi hermana que es Pastora de la iglesia los
Nazarenos, también salió de la discusión, diciendo que ella era salva sin tener
que guardar la ley, solamente por fe y que no era necesario guardar el cuarto
mandamiento. ¿Qué cree usted? ¿Quién tiene la razón la mayoría o la minoría que
todavía obedece la Palabra de Dios?
Las
Escrituras están repletas de la historia idólatra de Israel. Aun en la
inmediata presencia de Dios al pie del Sinaí, las inclinaciones pecaminosas de la humanidad se manifestaron
en una forma patente. Así ocurre hoy en día en el mundo espiritual, la
humanidad está sumida en la adoración idólatra, ya sea que estén conscientes de esto o no. “Al rechazar la verdad, los hombres rechazan al Autor de
ella. Al pisotear la ley de Dios, se niega la autoridad del Legislador. Es tan
fácil hacer un ídolo de las falsas doctrinas y teorías como tallar un ídolo de
madera o de piedra”. Al representar falsamente los atributos de Dios,
Satanás induce a los hombres a que se formen un falso concepto con respecto a
él. Muchos han entronizado un ídolo filosófico en lugar de Jehová, mientras que
el Dios viviente, tal cual está revelado en su Palabra, en Cristo y en las
obras de la creación, no es adorado sino por un número relativamente pequeño.
Miles y miles deifican la naturaleza al paso que niegan al Dios de ella. Aunque
en forma diferente, la idolatría existe en el mundo cristiano de hoy tan
ciertamente como existió entre el antiguo Israel en tiempos de Elías. El Dios
de muchos así llamados sabios, o filósofos, poetas, políticos, periodistas el
Dios de los círculos selectos y a la moda, de muchos colegios y universidades y
hasta de muchos centros de teología no es mucho mejor que Baal, el dios–sol de
los fenicios. Ninguno de los errores
aceptados por el mundo cristiano ataca más atrevidamente la autoridad de
Dios, ninguno está en tan abierta oposición con las enseñanzas de la razón,
ninguno es de tan perniciosos resultados como la doctrina moderna que tanto
cunde, de que la ley de Dios ya no es más de carácter obligatorio para los
hombres. Proverbios 28:9 fortalece la declaración mencionada anteriormente: “El que aparta su
oído para no oír la ley, su oración también es abominable (idolatría).”
Este
versículo revela la importancia de la obediencia debida a la gran regla moral
divina, su ley, la cual es la norma del universo. Porque ésta es la ley de
amor, la revelación del amor eterno de
Dios y su carácter. Aquí tenemos una información sólida, la cual expone el engaño
de la teología de pecar y vivir, la mentalidad de que una vez que somos salvos,
somos siempre salvos. A quienes afirman que la obediencia a la ley ya no es
obligatoria, Dios les dice que aun sus oraciones él las considera como
idolatría y abominación. El así llamado mundo cristiano de hoy, está
profundamente arraigado en la idolatría de falsas doctrinas y teorías y no está
dispuesto a reconocer los reclamos obligatorios de las leyes de Dios como están
relacionadas con el Evangelio eterno.
El
Poder de Dios En Romanos 1:16–17, el fiel apóstol Pablo revela la unidad de la
ley y el evangelio: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es potencia de
Dios para salud a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al
griego. Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está
escrito: Mas el justo vivirá por la fe.” ¿Qué está Pablo realmente
diciendo aquí? Lo que él ha escrito anuncia el fin de la filosofía de pecar y
vivir, porque él asocia con el evangelio tanto la ley como la salvación
mediante la gracia a través de la fe. La esencia del Evangelio revelada en esos
textos es, que el evangelio es una demostración del poder de Dios para librar
del poder y la penalidad del pecado, mediante el poder justificador y
santificador de Cristo, y su prometido don del Espíritu Santo. Liberación del
poder del pecado aquí y ahora, y de su penalidad cuando el tiempo se encuentre
con la eternidad, es de lo que se trata el glorioso Evangelio de Cristo. Este
es el resultado de la persona convertida aferrándose por la fe a las muchas y
preciosas promesas que se encuentran en la Escritura y aplicándoselas a la vida
de él o de ella. Como lo ha hecho Pablo, asimismo Pedro también revela esta
maravillosa verdad en el capítulo uno de su carta a los fieles a quienes él les
da la seguridad de “una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni
marchitarse, reservada en los cielos. Para nosotros que somos guardados en la virtud
de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada.” 1 Pedro 1:4–5.
El
terco rechazo de la obediencia a la ley de Dios por parte del profeso mundo
cristiano, especialmente hacia el sábado del cuarto mandamiento, es considerado
por Dios como iniquidad e idolatría. “Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los
holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el
obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que el sebo de los
carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e
idolatría el infringir. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él
también te ha desechado para que no seas rey.” 1 Samuel 15:22–23. En
vez de salir de la casa airadamente, hubiera sido mucho mejor para el pastor
que creía que una vez que era salvo sería siempre salvo, seguir el consejo de
Pablo: “Por
tanto, amados míos, huid de la idolatría.” 1 Corintios 10:14.
Tristemente,
hoy en día,la idea de la
victoria sobre el pecado y la perfección del carácter están siendo rechazada y
la filosofía de pecar y vivir está siendo promovida. Sin embargo, los cinco primeros
versículos de Apocalipsis 14 rechazan esta teología. Porque los sellados, el
grupo fiel que se describe allí, son aquellos que serán trasladados a la
segunda venida de Cristo. En Apocalipsis 7 se muestra al mismo grupo que es
sellado antes del cierre de la gracia.
ü Son descritos como estando ante Dios sin ninguna falta.
ü Le permitieron a la levadura de la verdad que hiciera su
obra en ellos.
ü La levadura de la verdad efectúa un cambio en todo el
hombre:
ü Convirtiendo al rústico en refinado,
ü al áspero en amable,
ü al egoísta en generoso.
Por su medio el impuro queda
limpio, lavado en la sangre del Cordero. Por medio de su poder vivificante,
hace que la totalidad de la mente, el alma y las fuerzas quede en armonía con
la vida divina. El hombre con su naturaleza humana llega a ser partícipe de la divinidad.
Cristo es honrado con la excelencia y la perfección del carácter. Esta será la
experiencia de todos los que sean encontrados entre ese grupo de fieles
sellados, porque han caminado por la senda de la obediencia siguiendo el
consejo que Pablo da en Romanos 13:11–14: “Y esto, conociendo
el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más
cerca nuestra salud que cuando creímos. La noche ha pasado, y ha llegado el
día; echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz. Andemos
como de día, honestamente, no en glotonerías y borracheras, no en lechos y
disoluciones, no en pendencias y envidia. Mas vestíos del Señor Jesucristo, y
no hagáis caso de la carne en sus deseos.” Romanos 13:11–14.
Es “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”
(Colosenses 1:27), el que revelará su carácter a un mundo saturado de idolatría
espiritual y brujería. El Sendero Hacia el Paraíso ¿Cuándo aprenderán los
hombres que Dios es Dios, no un hombre, y que él no cambia? Toda calamidad, toda
muerte, es un testigo del poder del mal y de la verdad de un Dios viviente. La Palabra de Dios es vida, y permanecerá para siempre. A través de toda la
eternidad se mantendrá firme. ¿Cómo puede el hombre, sabiendo lo
que Dios es y lo que ha hecho, escoger el camino de Satanás en vez del camino de Dios? Hay
solamente un sendero hacia el Paraíso restaurado el sendero de la obediencia.
La mayoría de los habitantes de la tierra ha escogido el camino de Satanás. El ministro que
mencionamos al comienzo de este artículo es el ejemplo principal de la ceguera
espiritual que impera en el mundo de hoy, pero en contraste marcado con esta
multitud se destaca un pequeño grupo que no se desviará de su fidelidad a Dios.
‘Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios
y la fe de Jesús.’ Apocalipsis 14:12. “Esos son aquellos de los
cuales habla Isaías: ‘Y edificarán los de ti los
desiertos antiguos, los cimientos de generación y generación levantarás; y
serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.’
Isaías 58:12. Se abrió una brecha en la ley de Dios cuando el sábado
fue cambiado por el poder romano. Pero el tiempo ha llegado para que esa
institución divina sea restaurada. La brecha ha de ser reparada, y los
cimientos de muchas generaciones han de ser levantados. Y este mensaje es el
último que será proclamado antes de la venida del Señor. Siguiendo
inmediatamente su proclamación, el profeta ve al Hijo del Hombre viniendo en
gloria para recoger la cosecha de la tierra.
Que
usted pueda, querido lector, tener el bendito privilegio de encontrarse entre
el remanente fiel que dará la advertencia final a los habitantes de este
planeta oscurecido por el pecado, y finalmente, trasladado, estar en pie sobre
el mar de vidrio cantando el cántico de victoria, el cántico de Moisés y del
Cordero. Apocalipsis 15:1–4.