* La sexta iglesia: Filadelfia

Escribe al ángel de la iglesia en FILADELFIA: esto dice el Santo, el Verdadero, el que  tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra,  y cierra,  y ninguno abre: Yo conozco tus obras:  He aquí he puesto ante ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre (3:7,8).

Filadelfia  quiere decir “Amor Fraternal” y representa  la iglesia en el período de 1798 al 1844.  ¿Por qué escoger el año 1798 para el fin del período de Sardis y el comienzo de Filadelfia?  En este año terminó el tiempo de la supremacía papal con el apresamiento del obispo de Roma por el general Berthier.  Esta fecha tiene, como ya vimos, gran importancia para el estudio de las profecías de tiempo  y se darán detalle adicionales en varios de los comentarios de otros capítulos  de este libro.

Cuando esta fecha se cumplió, el mundo fue testigo de un gran despertar religioso.  Sin conocerse uno al otro, predicadores en vario países hablaban de un mismo mensaje: el pronto regreso de Cristo.  Uno de estos prominentes predicadores fue el doctor José Wolff, quien predicó exitosamente en su natal Inglaterra, en Abisinia y en otros países.  Enrique Gausen predicó en Italia; Hetzepeter en Holanda,  y José María Rozas, Francisco Ramos Mejía y Manuel Lacunza en varios países latinoamericanos.

Los Estados Unidos de Norteamérica tuvieron un digno representante del despertar en Guillermo Miller.  Para el 1831, luego de varios años de investigación, Miller dictó su primera conferencia pública.  Sus estudios lo llevaron a la conclusión de que el regreso de Cristo estaba próximo.  Basado en Daniel 8:13,14, él concluyó que ese acontecimiento  se verificaría entre el 21 de marzo del l843 y el 21 de marzo del 1844.  En diez años, Miller predicó unos 3,000 sermones que conmovieron a toda la nación.  Muchos pastores con sus congregaciones  se  unieron al reformador.   Más  de  100,000  norteamericanos y otros miles en otros países abrazaron la fe milerista.

Hubo gran expectación cuando se acercaba la fecha de marzo del 1843.  Otras fechas fueron puestas y finalmente Samuel S. Snow convenció a Miller y el resto de los creyentes que debía ser el 22 de octubre del 1844, ya que en ese día los judíos celebraban el día de la expiación.  La medianoche del 22 de octubre pasó y la esperanza de los Mileristas se desvaneció.  Históricamente el acontecimiento se llamó “el gran chasco”.

Los mileristas habían vendido sus propiedades, abandonado sus trabajos y despedido de sus familiares y amigos.  Algunos se habían ido a los campos a esperar la venida del Señor.  Ahora tenían que enfrentar a un mundo escéptico, que se había burlado de sus creencias adventistas.  El mismo Miller se excusó ante el pueblo y murió un poco más tarde sin entender su gran contribución al estudio de las profecías.  Seguidores del reformador no permitieron que la luz del “mensaje del tercer ángel”  llegara hasta él.

Un pequeño grupo de aquellos chasqueados se reunieron en varias ocasiones para estudiar de nuevo sus conclusiones y descubrir el error.  Por más que escudriñaron, no encontraron error en los cálculos matemático-proféticos.  Fue el milerista Hiram Edson que dio la clave para resolver el misterio.  De camino a una reunión de estudio de la Biblia con algunos creyentes, Edson tuvo una visión donde contempló a Jesús vestido como el sumo sacerdote ante el arca del pacto.  Al reunirse con sus compañeros relató su visión, y al estudiar los libros de Levítico y Hebreos, comparados con las profecías de Daniel 7,8 y 9, la razón del chasco fue aclarada.  El 1844 no marcaba la segunda venida de Cristo a la tierra, sino su aparición ante “el Anciano de grande edad,” (Daniel 7:13)  para el inicio del juicio pre-advenimiento.  Si Cristo viene con el galardón para todos (Apocalipsis 22:12), entonces el juicio debe realizarse antes.  Cada nombre escrito en el libro de la vida debe ser cotejado y ver si es digno de quedar en el libro, o, si no es un vencedor, ser borrado (Apocalipsis 3:5).

La “puerta abierta” ante la iglesia de Filadelfia es la puerta al lugar santísimo del santuario celestial, donde nuestro Sumo Pontífice está realizando la última fase de su ministerio, que es el juicio pre-advenimiento o juicio investigador.  Una vez nuestro Salvador termine, Él vendrá por los suyos.

He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te He amado (3:9).

De nuevo la palabra “Judíos” está en sentido figurado y simboliza a los verdaderos cristianos.  Algunos de los que se unieron a los mileristas lo hicieron por temor, sin sentir un verdadero interés por le mensaje de urgencia presentado por los líderes del movimiento.  Estos son los falsos “Judíos”.  Luego del chasco, varias iglesias fueron organizadas, algunas ostentando el nombre de adventistas, por seguir creyendo en el inminente regreso de Cristo.  Otros siguieron poniendo fechas para la venida del Señor, cayendo en errores tras errores.  Lo importante es la contribución inmensa de Miller al movimiento evangélico en los Estados Unidos de Norteamérica.

La profecía decía que los contradictores habrían de postrarse a los pies de aquellos que con tanto fervor anunciaron el evento tan destacado en la Biblia.  Postrarse a los pies de estos es reconocer  que su mensaje era verdadero. El hecho que tantas iglesias hoy enseñen la segunda venida de Cristo es evidencia del cumplimiento de esta profecía del Maestro.  La frase milerista: “Cristo viene pronto”, es hoy lema de muchos evangelistas y predicadores por todo el mundo.  Cristo no vino el 22 de octubre del 1844, pero su promesa es hoy  más inminente.  Cada minuto que pasa nos acerca más a ese gran momento.  El consejo de Dios es para nosotros:  “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12).

Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra (3:10).

Es tan hermoso oír de labios del Redentor palabras tan significativas:  “Has guardado la palabra de mi paciencia”.   En el verso 8 había dicho que el movimiento tenía “poca fuerza”, pero ahora alaba su fidelidad.

“La hora de la prueba” o “tiempo de angustia” que vendrá sobre la tierra será terrible.  “Gritará allí el valiente”, escribió el profeta (Sofonías 1:14).  La promesa a los vencedores es alentadora:  Cristo los protegerá en la tribulación.  El Salmo 91 contiene promesas fieles de Dios sobre su auxilio a los fieles en los días de la prueba.  En el verso 15 el Señor asegura al cristiano fiel:  “Con él estaré yo en la angustia”.

He aquí yo vengo pronto;  retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona (3:11).

Puesto que el día final se acerca, a la iglesia se le indica: “Retén lo que tienes”.  Esto implica que las verdades desenterradas por el movimiento del despertar habrían de permanecer.

“Que ninguno tome tu corona” es un llamado a la fidelidad.  Los ángeles están preparando las coronas que habrán de lucir los fieles, pero el que cae perderá su galardón y su corona la recibirá otro que sea digno.  Al profesar creer en Cristo, nos convertimos en candidatos para la redención eterna,  pero el juicio, comenzado en el 1844, decidirá quienes  quedarán al fin como merecedores de la corona incorruptible.  (El tema es explicado con más detalles en el siguiente capítulo: El Santuario.)

Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (3:12,13).

La columna en el templo representa la aportación de la iglesia del despertar, sobre todo, esta última fase de este gran movimiento, a la fe cristiana.  El énfasis en la segunda venida de Cristo; la doctrina del Santuario, que se formuló después del chasco, y con ella la maravillosa aportación al descifrar la profecía de tiempo de Daniel 8:13,14 y la verdad del Sábado, que se inició con una iglesia milerista, constituyen la “columna” al mensaje que dará la última iglesia de la profecía, llamada “el Remanente”.  Después de la Reforma del siglo XIV, nunca hubo un movimiento tan cargado de verdades que el que sigue luego del período de Filadelfia.

La promesa de la eternidad a los victoriosos de este período tiene que ver con el “nombre nuevo” y la residencia en la Santa Ciudad, “la Nueva Jerusalén”.  Esta se encuentra en el cielo, pero ha de bajar, luego del milenio, para ser la capital del reino en la tierra renovada.

 

* La séptima iglesia: Laodicea