El Sermón profético:
Jesús predice el futuro
Qué
gozo se siente al considerar el momento cuando Jesús regrese para poner fin a
la injusticia, la enfermedad y la pobreza, y para inaugurar un porvenir eterno
de prosperidad y paz. Estas buenas noticias eran, por cierto, el tema que más
le gustaba a Jesús, y se refirió a él en muchas ocasiones; una de las más
notables ocurrió poco antes de su muerte. El martes de noche de la semana de
la pasión, la semana que culminó con su crucifixión el viernes, Jesús habló de
su gloriosa venida en lo que se conoce como el Sermón profético. El análisis de
este sermón nos va a ayudar muchísimo a comprender el Apocalipsis.
Tan
gozosa es la perspectiva del regreso de Cristo, que Jesús sabía que sus seguidores
esperarían con ansias su regreso. Por eso comenzó su discurso con
recomendaciones para que no fuéramos engañados.
El
Sermón profético aparece principalmente en S. Mateo capítulos 24 y 25.
Encontramos informaciones paralelas en S. Marcos 13 y en S. Lucas 21. En este
último evangelio encontramos también algunos pasajes que a primera vista
parecen ser porciones de este sermón ubicados en un contexto algo diferente.
(Compare S. Lucas 17: 22-37 con S. Mateo 24: 23-28). Esto nos permite llegar a
la conclusión de que Jesús tiene que haberse referido a su segunda venida en
muchas otras ocasiones y en diferentes circunstancias.

Al
comenzar Jesús a contestar la pregunta de ellos: "¿Cuál será la señal de
tu venida y del fin del mundo?", Los discípulos se acercaron más a Él para
escucharlo. Jesús advirtió con claridad, pero con tacto, que habría una demora.
No vendría enseguida. Contó la historia de dos mayordomos y puso en labios
de uno de ellos estas palabras: "Mi Señor tarda" (S. Mateo 24: 48).
En su famosa parábola de los talentos nos dice que el dueño regresó "al
cabo de mucho tiempo" (S. Mateo 25: 19). En la igualmente famosa parábola
de las diez vírgenes El mismo se asimila a un novio y dice con claridad:
"Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron" (S.
Mateo 25: 5).
Insinuaciones
relativas a esa demora aparecen también en otros textos: "Oiréis también
hablar de guerras y de rumores de guerras. . . pero todavía no es el fin"
(S. Mateo 24: 6). "Muchos se escandalizarán" (versículo 10). "El
que persevere hasta el fin, ése se salvará" (versículo 13). "Se
proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio
ante todos los gentiles. Y entonces vendrá el fin" (versículo 14).
Pero si la demora aparece con claridad, con más claridad todavía aparece la
preparación que debemos hacer. Y ello en diversas declaraciones y en distintas
parábolas.
El contexto del Sermón profético.
El
Sermón profético fue pronunciado después de la puesta del sol en un martes.
Había sido un día muy difícil. Por horas Jesús había estado razonando con las
multitudes en los atrios del templo. Vez tras vez sus enemigos le lanzaron
preguntas capciosas. Parecía que algunos apreciaban lo que decía, pero Jesús
sabía que la mayoría, incluso de ellos mismos, esperaban que fuera un rey
guerrero y no un Príncipe de paz. Querían que venciera a los romanos. No
querían que conquistara sus corazones mediante el amor. Usted puede leer algo
de lo que ocurrió ese día en los capítulos 22 y 23 de S. Mateo.
A
medida que transcurría la tarde, resultó evidente que los tres años y medio de
abnegado ministerio de Cristo habían logrado transformar a muy pocos de entre
ellos. En dos días más clamarían por su sangre, tal como sus antepasados habían
pedido la muerte de los profetas. Y sus descendientes serían tan malos como
ellos. También perseguirían a los predicadores que tratarían de ayudarlos.
Al
acercarse la puesta del sol el corazón de Jesús se estaba quebrantando. Sabía
que si el pueblo judío no se arrepentía, sufriría una terrible retribución. Su
testarudez finalmente enardecería de tal manera a los romanos que el emperador
enviaría ejércitos que en el año 70 DC borrarían del mapa tanto a Jerusalén
como a su templo. ¡Y cuán innecesario iba a ser todo eso!
"¡Jerusalén,
Jerusalén -decía en medio de sollozos-, que matas a los profetas y apedreas a
los que te son enviados! ¡ Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como
una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! (S.
Mateo 23: 37).
"¡ Y no quisiste!" (Versión
Reina Valera).
"¡Pero no quisiste!" (Versión
Dios habla hoy).
"Pues
bien -la angustiada sentencia surge con dificultad-, se os va a dejar desierta
vuestra casa" (S. Mateo 23: 38).
Incluso
los discípulos de Cristo quedaron perplejos. ¡El templo de Dios, el orgullo de
la nación, la casa del Señor, quedaría abandonada y desolada!
Incómoda,
la multitud se dispersó para ir a preparar la cena. Nerviosos, los discípulos
llamaron la atención de Jesús a la exquisita artesanía del famoso edificio
(véase S. Mateo 24: 1). Por casi cincuenta años el rey Herodes y sus sucesores
lo habían reconstruido a costa de enormes gastos. (Véase S. Juan 2: 20.) La
blancura de sus mármoles resplandecía al toque del sol poniente. Las placas de
oro que lo recubrían brillaban junto con la puerta principal. Algunas de las
piedras del templo, perfectamente cuadradas y pulidas, eran de dimensiones
casi increíbles.
. El
bien conocido historiador judío, Josefo, que estuvo presente cuando Jerusalén
fue destruida, dice que “a la parte exterior del edificio no le faltaba nada
que no pudiera asombrar al ojo o a la mente. Puesto que estaba totalmente
cubierto de placas de oro, en cuanto salía el sol se producía un resplandor
tan grande, que los que querían mirarlo se veían obligados a apartar sus ojos
como si estuvieran mirando los rayos del sol. A los extranjeros que se
aproximaban les parecía a la distancia que se trataba de una montaña cubierta
de nieve; porque todo lo que no estaba cubierto de oro era del blanco más
puro. Desde su parte superior aparecían picas de oro que impedían que las aves
se posaran sobre el techo y lo contaminaran. Algunas de las piedras del
edificio tenian 45 codos de largo, cinco de alto y seis de ancho" (Las
guerras de los judíos, 5.222). El codo de aquel tiempo medía más o
menos medio metro.
"
¿ Veis todo esto -preguntó Jesús casi como si no hubiera oído a los
discípulos-. Yo os aseguro: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea
derruida" (S. Mateo 24: 2).
Los
discípulos quedaron sin habla. ¿ Cómo podría Dios permitir un desastre tan
grande? ¿Se trataría, acaso, de que el fin del mundo se estaba acercando?
Esa
noche Jesús se sentó en el Monte de los Olivos. Con Él estaban Pedro y su
hermano Andrés, y Santiago y su hermano Juan, los cuatro ex pescadores que lo
habían acompañado durante todo su ministerio. (Véase S. Marcos 13: 3.) Sobre
ellos, en medio del crepúsculo, brillaba la luna casi llena. Envuelta en su
místico resplandor, la ciudad de Jerusalén se hallaba a cien metros de allí,
debajo de ellos, al otro lado del valle de Cedrón. La luz de las lámparas de
aceite de oliva parpadeaba a través de incontables ventanas. Una atmósfera semejante
a la de la Navidad saturaba el aire en anticipación de la Pascua que se
celebraría en un par de días más. Gente de lejos y de cerca se reunía con
amigos dentro de los muros, o acampaba fuera de ellos. El ruido de los perros y
los asnos y de las familias que se preparaban para la noche, llegaba hasta los
oídos de los cinco hombres sentados allí.
El
templo parecía estar tan cerca que casi se lo podía tocar. La luz de la luna
realzaba su blancura y su tamaño. Los discípulos contemplaban sus piedras
macizas y pulidas. Se sentían profundamente perturbados por la predicción de
Jesús en el sentido de que llegaría el día cuando ni una sola de esas piedras
quedaría sobre otra. Pero, ¿ese terrible día de desastre no sería acaso el
glorioso día de su regreso? ¡No entendían nada!
"Dinos
-le preguntaron, perplejos cuándo sucedeerá eso, y cual será la señal de tu
venida y del fin del mundo" (S. Mateo 24: 3).
Usted
puede leer la respuesta de Cristo en los capítulos 24 y 25 de S. Mateo. Sus
palabras aparecen en las páginas siguientes, con sus correspondientes encabezamientos
para que se las pueda entender mejor. Después que haya leído lo que Jesús
dijo, vamos a tratar de descubrir lo que quiso decir.
JESUS
PREDICE EL FUTURO
S. MA
TEO 24
Introducción.
1 Salió
Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle
las construcciones del Templo. 2 Pero él les dijo: "¿ Veis todo esto? Yo
os aseguro: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida". 3
Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a Él en privado
sus discípulos, y le dijeron: "Dinos cuando sucederá eso, y cuál será la
señal de tu venida y del fin del mundo."
El comienzo de los dolores.
4 Jesús
les respondió: "Mirad que no os engañe nadie. 5 Porque vendrán muchos
usurpando mi nombre y diciendo: 'Yo soy el Cristo', y engañarán a muchos. 6
Oiréis también hablar de guerras y de rumores de guerras. ¡Cuidado, no os
alarméis! Porque eso tiene que suceder, pero todavía no es el fin. 7 Pues se
levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos
lugares hambre y terremotos. 8 Pero todo esto será el comienzo de los dolores
de alumbramiento.
9
"Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de
todas las naciones por causa de mi nombre. 10 Muchos se escandalizarán
entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente. 11 Surgirán muchos falsos
profetas, que engañarán a muchos. 12 y al crecer cada vez más la iniquidad, la
caridad de la mayoría se enfriará. 13 Pero el que persevere hasta el fin, ése
se salvará.
14
"Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar
testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.
La
gran tribulación de Jerusalén.
15
"Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el
profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que lo entienda), 16
entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; 17 el que esté en el
terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; 18 y el que esté en el campo,
no regrese en busca de su manto. 19 ¡Ay de las que estén encinta y criando en
aquellos días! 20 Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día
de sábado. 21 Porque habrá entonces una tribulación tan grande como no la hubo
desde el principio del mundo hasta el presente ni la volverá a haber. 22 Y si
aquellos días no se hubiesen abreviado, no se salvaría nadie; pero en atención
a los elegidos se abreviarán aquellos días.
23
"Entonces, si alguno os dice: 'Mirad, el Cristo está aquí o allí', no lo
creáis. 24 Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes
señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos
elegidos. 25 ¡Mirad que os lo he Predicho!
La
venida del Hijo del hombre será manifiesta.
26
"Así que si se os dice: 'Está en el desierto', no salgáis; 'Está en lo
interior de las casas', no lo creáis. 27 Porque como el relámpago sale por
oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
28 Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.
Resonancia cósmica de la venida.
29
"Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá, la luna perderá su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y
las fuerzas de los cielos serán sacudidas. 30 Entonces aparecerá en el cielo la
señal del Hijo del hombre; y entonces harán duelo todas las razas de la tierra
y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y
gloria. 31 Y enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los
cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
El momento de la venida
32
"De la higuera aprended esta parábola: Cuando ya sus ramas están tiernas
y brotan las hojas, caéis en cuenta de que el verano está cerca. 33 Así
también vosotros, cuando veáis todo esto, caed en cuenta de que El está cerca,
a las puertas. 34 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto
suceda. 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 36 Mas
de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo,
sino sólo el Padre.
Estar
alerta para no ser sorprendidos.
37
"Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. 38
Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban
mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, 39 y no se dieron
cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la
venida del Hijo del hombre. 40 Entonces, estarán dos en el campo: uno será
llevado y otro dejado; 41 dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será
llevada y otra dejada.
42
"Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Entendedlo
bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el
ladrón, estaría en vela y no dejaría que le horadasen su casa. 44 Por eso, también
vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo
del hombre.
Parábola
del mayordomo.
45
"¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al
frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? 46 Dichoso aquel
siervo a quien su señor, cuando llegue, encuentre haciéndolo así. 47 Yo os
aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. 48 Pero si aquel siervo
malo se dice en su corazón: 'Mi señor tarda', 49 Y se pone a golpear a sus
compañeros y come y bebe con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo
el día que no espera y en el momento que no sabe, 51 le separará y le señalará
su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
S.
MATEO 25
Parábola de las diez vírgenes.
1
"Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con
su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. 2 Cinco de ellas eran
necias, y cinco prudentes. 3 Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no
se proveyeron de aceite; 4 las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas
tomaron aceite en las alcuzas.5 Como el novio tardara, se adormilaron todas y
se durmieron. 6 Mas a media noche se oyó un grito: '¡Ya está aquí el novio!
¡Salid a su encuentro!' 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y
arreglaron sus lámparas. 8 Y las necias dijeron a las prudentes: 'Dadnos de
vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.' 9 Pero las prudentes replicaron:
'No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis
donde los vendedores y os lo compréis. ' 10 Mientras fueron a comprarlo, llegó
el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y
se cerró la puerta. 11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: '¡Señor,
señor, ábrenos!' 12 Pero él respondió: 'En verdad os digo que no os conozco.'
13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
Parábola de los talentos.
14
"Es también como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y
les encomendó su hacienda: 15 a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro
uno, a cada cual según su capacidad; después se marchó. 16 Enseguida, el que
había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco.
17 Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. 18 En cambio el que
había recibido uno se fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su
señor. 19 Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y
ajusta cuentas con ellos. 20 Llegándose el que había recibido cinco talentos,
presentó otros cinco, diciendo: 'Señor, cinco talentos me entregaste; aquí
tienes otros cinco que he ganado.' 21 Dijo le su señor: '¡Bien, siervo bueno y
fiel! ; has sido fiel en lo poco, te pondré por eso al frente de lo mucho;
entra en el gozo de tu señor.' 22 Se acercó también el de los dos talentos y
dijo: 'Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.'
23 Dijo le su señor: '¡Bien, siervo bueno y fiel! ; has sido fiel en lo poco,
té pondré por eso al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor.' 24 Se
acercó por fin también el que había recibido un talento y dijo: 'Señor, sé que
eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no
esparciste. 25 Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira,
aquí tienes lo que es tuyo.' 26 Mas su señor le respondió: 'Siervo malo y
perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí. 27
Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros. Y así, al volver yo,
hubiera recobrado lo mío con los intereses. 28 Quitadle, por tanto, su talento
y dádselo al que tiene los diez talentos. 29 Porque a todo el que tenga, se le
dará y le sobrará; pero al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará. 30 Y
a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el
rechinar de dientes.'
El
Juicio final.
31
"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus
ángeles, se sentará en el trono de su gloria. 32 Serán congregadas delante de
El todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor
separa las ovejas de los cabritos. 33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos
a la izquierda. 34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: 'Venid, benditos
de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la
creación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y
me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; 36 estaba desnudo, y me
vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme'. 37
Entonces los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y té
dimos de comer? O sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos
forastero, y te acogimos? O desnudo, y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo
o en la cárcel, y fuimos a verte? 40 Y el Rey les dirá: 'En verdad os digo que
cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo
hicisteis.' 41 Entonces dirá también a los de su izquierda: 'Apartaos de mí,
malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. 42 Porque
tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43
era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo
y en la cárcel, y no me visitasteis'. 44 Entonces dirán también éstos: 'Señor,
¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la
cárcel, y nos te asistimos?' 45 Y él entonces les responderá: 'En verdad os
digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también
conmigo dejasteis de hacerlo.' 46 E irán éstos a un castigo eterno, y los
justos a una vida eterna."
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