* El Comienzo del Milenio

Y vi un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano.  Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y le ató por mil años; y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más a las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo (20:1-3).

La expresión “milenio” no se halla en la Biblia.  La usamos para referirnos a este tiempo de mil años que se presenta sólo en este capítulo de la Biblia.  Hay dos símbolos que tienen que ser interpretados: la “llave” y la “cadena”.  También debemos saber que es “el abismo” y qué significa la “atadura” del dragón.  No tenemos que definir quién es el dragón.  El mismo texto dice que es “la serpiente antigua que se  llama diablo y Satanás”.

El capítulo anterior nos llevó a las plagas postreras y el conflicto de Armagedón.  Vimos  lo que ha de suceder con los impíos que estén vivos en ocasión del segundo advenimiento del Señor.   Aquellos  que  hayan  logrado  resistir  las plagas, han de enfrentarse con la persona de Cristo, cuya gloria los destruye.

·        Antes de proseguir con el análisis de este capítulo, es necesario visualizar el concepto popular de el milenio que es creído por la inmensa mayoría de los cristianos de hoy.

La doctrina del “rapto” hace que se trastoque todo el aparato profético.  Según esta enseñanza, luego de siete años de reinado del Anticristo y de la “gran tribulación”, Cristo volverá, esta vez con la iglesia que fue raptada, para luchar contra el Anticristo.  Una vez este personaje sea destruido, y con él todos los malos, Cristo ha de reinar en  la Jerusalén terrenal por mil años.  Durante este tiempo no habrá guerras, y todo será paz  y armonía entre la gente que habite el planeta.  Esto es, en síntesis, lo que se cree en el mundo religioso, pero esa  enseñanza no resiste un estudio concienzudo de los textos de Apocalipsis 20.

Vamos a continuar con los textos iniciales de este capítulo.

 

* La Resurrección de los Justos

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio; y vi las almas de los degollados  por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, y que no habían adorado a la bestia, ni a su imagen, y que no recibieron la señal en sus frentes ni en sus manos, y vivieron y reinaron con Cristo mil años (20:4).

¿Quienes son estos que han de resucitar al comienzo del milenio?  Creemos que son todos los redimidos que resucitan cuando se verifique la segunda venida de Cristo.  Son los que “resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16), “a la final trompeta” (1 Corintios 15:52), “cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo, con los ángeles de su potencia” (2 Tesalonicenses 1:7).  Alguien podría objetar este punto de vista porque el texto dice que  han sido “degollados por el testimonio de Jesús”.  Pero no todos los mártires murieron degollados. Unos dicen que son los que se dejaron degollar en la “gran tribulación”, o sea, los que no se fueron en el rapto, y tuvieron que dejarse matar por no dejarse marcar por el Anticristo.

“Todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12).  Antes les dije que la palabra griega “martureo” se refiere tanto a “mártir” como a “testigo”.  Todo el que acepta el Evangelio, con él acepta el ser perseguido por su fe.  No creo que Juan Huss hizo una obra mayor que Lutero o Wicleff, por el hecho que él sufriera el martirio.  Para Dios, todos somos cual si fuéramos mártires.

Otra razón que dan para rechazar que estos mencionados en el verso 4 son todos los salvados resucitados al venir el Señor, es que el texto dice que “no habían adorado a la bestia, ni a su imagen, y que no recibieron su señal en sus frentes, ni en sus manos.”  Estos intérpretes alegan que el Anticristo o la bestia será un personaje que  reinará siete años, luego del rapto de la iglesia, pero como vimos en el capítulo  “el Anticristo”, este es el papado.

El Anticristo ha existido desde que Satán engañó a la mujer en el huerto.  Luego el diablo se apoderó del mundo y ha estado usando a reyes y reinos contra Dios y su verdad.  Vimos que  las siete cabezas de la bestia representan los siete grandes imperios donde el diablo ha tenido su trono.  Para los que vivían en tiempos de Babilonia, este imperio era la bestia, juntamente con todos sus reyes.  Lo mismo pasó con los que vivían en los días de Egipto, Asiria, Medo-Persia, Grecia y Roma.  Esos imperios eran el Anticristo en sus tiempos.  Desde el siglo 6to. el trono de la bestia está en el Vaticano.  Todos lo papas han estado sentado en “la silla de la bestia”.  La “marca de la bestia” significa las leyes  humanas que reemplazan la ley de Dios.  En todo tiempo ha existido este fenómeno, el cual ha afectado al pueblo de Dios.

Así que, los que aparecen en el verso 4, son los mismos del verso 6.

(Mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años.) Esta es la primera resurrección.  Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en estos; antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años (20:5,6).

La primera oración del verso cinco la puse entre paréntesis, porque así debe de estar, ya que interrumpe el pensamiento que lleva el escritor.  De esa forma la colocan las versiones en inglés de Phillips, The New English Version (NIV),y  The Living Bible. Esta parte indica que los impíos, los otros muertos, resucitarán al fin del milenio.

La razón indubitable para creer que esta primera resurrección es la de todos los justos en la venida del Señor, es que el texto dice que estos no sufrirán  “la segunda muerte”, la cual es el castigo final para todos los impíos.  Entonces “los otros muertos”, los que resuciten después, sí tendrán la  muerte segunda.

El comienzo del milenio trae varias cosas:  Satanás será atado y echado en el abismo, que es la tierra “desolada y vacía”, como veremos un poco más adelante; los justos resucitarán y ascenderán al cielo para reinar con Cristo, además han de estar en un juicio y serán sacerdotes  de Dios y de Cristo.  Aunque en este pasaje no se menciona, la segunda venida del Señor está implícita, ya que la resurrección de los justos es un evento que pasará en ese glorioso momento.

* El Apresamiento de Satanás

Veamos ahora el apresamiento de Satanás.  El texto dice que el ángel lo ata con la cadena y lo echa al abismo.   La atadura no es real.  Satanás es una persona espiritual.  Dios no tiene que atarlo para que él haga lo que Dios le ordene.  La obra de Satanás consiste en engañar, producir enfermedad y desastres y obrar toda suerte de males.  Para esto él necesita seres humanos: a los buenos para maltratar y a los malos para seducirlos, engañarlos y usarlos como sus agentes malignos.  Las plagas han menguado considerablemente las huestes impías y los que quedaron fueron destruidos “por la presencia del Señor” (2 Tesalonicenses 1:9).  Así que él no tiene malos para controlar.  Todos los justos se irán con Jesús al cielo.  ¿A quién va el diablo a maltratar o a inducir al pecado?  La tierra está vacía:  Así la vio Jeremías:

Miré la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y los cielos, y no había en ellos luz.  Miré los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos.  Miré y no parecía hombre, y todas las aves del cielo se habían ido.  Miré, y he aquí el Carmelo desierto, y todas sus ciudades eran asoladas a la presencia de Jehová, a la presencia del furor de su ira (Jeremías 4:23-26).

La devastación que sufrirá la tierra por las plagas y por la presencia formidable de Jesucristo, hará de ella un verdadero abismo, el cual será la cárcel de Satanás. Este no estará literalmente atado, sino la circunstancia de la falta de seres humanos lo imposibilitará de actuar.  Pero  él no estará solo.  Los demonios, que han sido sus agentes en su obra maléfica sobre los humanos, lo acompañarán en su angustia.  No será fácil para Satanás controlar a estos ángeles caídos.  El milenio será una verdadera agonía para Lucifer.

Podríamos preguntarnos, ¿para qué el milenio?  Si ya Cristo se llevó a los redimidos al cielo y los impíos vivos murieron, ¿no es eso suficiente?  Satanás es una de las causas del milenio.  Hay un pasaje muy significativo en el libro de Levítico, donde Moisés profetiza la dispersión de los Judíos:

…vuestra tierra será asolada, y yermas vuestras ciudades.  Entonces la tierra holgará sus sábados todos los días que estuviere asolada… La tierra descansará entonces y gozará sus sábados (Levítico 26:33,34).

De igual forma, la tierra, que ha estado soportando la maldad y la contaminación del hombre por seis milenios, descansará un sábado milenial.  Toda ciudad ha sido destruida por las plagas y la radiación de la venida de Cristo.  La vegetación crecerá y todo el planeta ha de estar devastado.

Hay otra razón para el milenio y se relaciona con el servicio del Santuario.  Aprendimos que habían dos servicios: el diario o “continuo” y el anual, o la fiesta de la expiación.   Ese día el pueblo era reconciliado con Dios al limpiar el santuario de todas sus inmundicias acumuladas cada año.  El sacerdote escogía dos machos cabríos y los presentaba a Dios a la puerta del tabernáculo.  Echaba suertes sobre ellos: uno para Jehová y otro para Azazel.  El escogido por Jehová era sacrificado y con su sangre se hacía la expiación.  Este animal era símbolo de Cristo, ya “sin derramamiento de sangre no hay remisión”.  El otro representa a Satanás, instigador del pecado y principal  violador de los preceptos divinos.

Al culminar la expiación en el lugar santísimo, el sacerdote salía, purificaba con la sangre el santuario y confesaba los pecados ya expiados sobre la cabeza del macho cabrío escogido por Azazel y este era enviado al desierto, donde moría por falta de agua y comida.  Al terminar la expiación final en el Santuario celestial, mediante la limpieza del libro de la vida en el juicio, Cristo echará sobre Satanás los pecados ya expiados.  Lucifer tendrá que soportar esta culpa por todo el milenio, hasta que finalmente sea destruido.

 

 

* El Juicio del Milenio

Al principio del pasaje del milenio, vimos un juicio.  Estas son las palabras:  “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio” (verso 4).  ¿Por qué otro juicio?  Más bien es la segunda fase del juicio, el cual llamaremos “El Juicio del Milenio”.  Si ya los casos de todos han sido juzgados en el juicio pre-advenimiento,  ¿qué se va a juzgar aquí?

Aunque cada caso ya se ha decidido, es posible que haya sorpresas.  Puede que usted no vea a alguien que usted consideraba salvo o viceversa, puede ver a alguien que usted dio por perdido.  Dios no quiere que haya la más mínima duda en las mentes de los salvados de que Él obró justamente.  Durante el milenio, además de reinar con Cristo, hemos de revisar los casos de aquellos que podríamos dudar, no para decidir su suerte, pero sí para ver la razón por qué se salvaron o se perdieron.  Los libros “de las memorias” contienen los hechos de todos y  habrán de ser los testigos en ese gran juicio.

Hay algo más:  en ese juicio, los salvados han de asignar el castigo a los perdidos.  Esto dijo Pablo: ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?… ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles (1 Corintios 6:2,3)?

En este juicio del milenio, los ángeles que pecaron, incluyendo a Lucifer, van a ser juzgados por los redimidos.  Además será juzgado el “mundo”, que es la multitud de impíos que habrá de resucitar después del milenio.  Los castigo a los perdidos han de ser de acuerdo a sus obras.  No podemos pensar que Adolfo Hitler va a tener el mismo castigo que un pecador cualquiera.  El castigo será proporcional a la culpa.  En el “fuego eterno” unos padecerán por segundos, otros por minutos u horas, mientras que algunos pueden padecer por días.  El último en perecer será Satanás, del cual saldrá fuego que lo consumirá (Ezequiel 28:18).

Los mil años no se dedicarán meramente a un juicio.  Los santos han de reinar con Cristo.  El cielo es un lugar real, donde habrá lugares que habremos de visitar, gente con quien compartir, empresas que realizar.  Hablaremos con los ángeles, con los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires.  Será maravilloso compartir con Adán, Enoc, Noé, David, Daniel, Pablo, Juan y con el mismo Jesús.

 Pero como todas las vacaciones, los mil años pasarán.  Veamos qué sucede al finalizar este período de tiempo.

* El Fin del Milenio

Y cuando los mil años fueren cumplidos, Satanás será suelto de sus prisión (20:7).

El verso 5 decía que “los otros muertos” resucitarían al fin del milenio.  Algunos dicen que estos “otros muertos” son otros salvados.  El problema es que, si los primeros no se afectarán por “la segunda muerte”, se entiende que estos sí.  Así que creemos que el texto menciona la resurrección de los impíos.  Vimos que la falta de seres humanos ata a Satanás, pues ahora, al ver la multitud de impíos resucitados es desatado, como veremos en los textos siguientes.

Y saldrá para engañar las naciones que están sobre los cuatro ángulos de la tierra, a  Gog y a Magog, a fin de congregarlos para la batalla; el número de los cuales es  como la arena del mar(20:8).

Los modernos “profetas”, sobre todo los que promueven el “rapto”, dicen que Gog, en tierra de Magog representa a Rusia con los árabes que han de atacar a Israel.  Un principio de interpretación muy valioso  es que  las profecías que no se cumplieron con el Israel literal, se cumplirán con el Israel espiritual, aunque no en todos los detalles.  Veamos la profecía de Ezequiel:

Hijo del hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de  Magog... De aquí a muchos días serás tú visitado: al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron para asolamientos: mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente.  Y subirás tú, vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú, y todas tus compañías, y muchos pueblos contigo… Y subirás contra mi pueblo Israel… y te traeré sobre mi tierra, para que las gentes me conozcan, cuando fuere santificado en ti, oh Gog, delante de tus ojos… Y yo litigaré con él con pestilencia y sangre: y haré llover sobre él, y sobre sus compañías, y sobre los muchos pueblos que están con él , impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre (Ezequiel 38:2,8,9,16,22).

El lenguaje es tan parecido que no podemos dudar que se trata de  lo  mismo.  Satanás es Gog y la hueste de los impíos es Magog.  Cuando Lucifer contempla los millones de millones de seres humanos, entre los cuales hay científicos y grandes  militares,   sus  fuerzas   se   renuevan  y  decide no rendirse en el conflicto.  Los malos han salido de sus tumbas según bajaron a ellas, con dolencias y heridas y el mismo pensamiento de odio contra Dios.  Satanás cura las dolencias de los afectados a  todos  y le infunde su mentalidad inicua.  Les hace creer que los sacó de sus tumbas con su poder y que es su salvador.  Todos creen su engaño y se preparan con Satanás y sus ángeles para la batalla final.  En tiempo relativamente corto fabrican armas terribles.  pronto se prepara el más grande ejército que jamás se ha visto en la tierra.

Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los santos y la  ciudad amada (20:9, primera parte):

A una orden de Satanás, el gran ejército se prepara para dar batalla. El texto dice que la multitud de impíos “circundaron el campo de los santos y la ciudad amada”.  Obviamente se refiere a Jerusalén, pero ¿cuál Jerusalén?  Luego de mil años, la tierra toda está devastada y toda ciudad destruida, incluyendo la Jerusalén terrenal.  Entonces tiene que referirse a la Nueva Jerusalén.  Si está en la tierra en ese instante es que ya ha bajado del cielo.  Así dice el vidente de Patmos:

Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (21.2).

Al terminar el milenio, y antes de la resurrección de los impíos, la ciudad santa ha de bajar del cielo.  Viene engalanada, porque en ella vienen todos los salvados.  Al formar su formidable ejército, Satanás apunta hacia la ciudad y le dice que Jerusalén le pertenece y que será fácil conquistarla.  Las innumerables armas están alistadas y el ejército se prepara para la guerra.  La inmensa armada rodea la ciudad.  A una orden de Cristo, las puertas se cierran.  Por sobre la ciudad aparece un gran trono blanco.  Sobre él está Cristo y un ángel se prepara para coronarlo, ante las aclamaciones de los ángeles y los salvados.  Los impíos y los ángeles malos han quedado como petrificados y aclaman el nombre de Cristo; no porque sale de su corazón el reconocimiento de la grandeza y poder del Mesías, sino porque se dan cuenta finalmente que han sido engañados por Lucifer y que Cristo es el gran Rey.

Desaparecido el panorama de la coronación del Salvador, Satanás da la orden de ataque, pero es inútil.  Ya en ninguno queda fuerzas para guerrear.  Todos se saben perdidos y comienzan a atacarse unos a otros.  Entre el fragor del combate, se cumple lo dicho en el final del verso 9: “y de Dios descendió fuego del cielo y los devoró”.

Malaquías profeta describe la escena:  Porque he aquí viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de  los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama… Y hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo hago, ha dicho Jehová de los ejércitos (Malaquías 4:1,3).

La teología popular dice que en la eternidad los impíos estarán ardiendo todo el tiempo.  Ellos dicen “vida eterna en tormento eterno”.  Pero ya vimos en el texto de Apocalipsis 20:9 que el fuego de Dios “los devoró”.  El texto de Malaquías dice que arderán como la “estopa” y  que se volverán “ceniza”.

Es cierto que en algunos textos habla de “fuego eterno”, “fuego que nunca se apaga”,  y otras expresiones que muchos confunden.  El fuego es eterno por sus consecuencias.  Como dice Judas, Sodoma y Gomorra sufrieron “el juicio del fuego eterno” (Judas 7).  Estas ciudades y las otras de la llanura no existen hoy.  Fueron destruidas hace más de tres milenios, pero hoy no hay ni rastro de ellas.  El “fuego eterno” cumplió su fin.  Nadie lo apagó, el se extinguió por sí mismo.  De igual forma, el fuego que Dios enviará a destruir los malos y los demonios los destruirá hasta quedar cenizas.

Y el diablo que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde está la bestia y el falsos profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás (20:10).

La destrucción de Satanás será diferente a la de los demonios y los humanos condenados.  Él es la “raíz”, y luego que los impíos, que son la “rama” sean destruidos por las llamas eternas, él ha de arder aún más, hasta que saldrá fuego de su interior que terminará su existencia (Ezequiel 28:18).

La bestia y el falso profeta, mas que personas, son entidades, naciones.  El decir que fueron echados en el “lago de fuego”, lo que indica es su desaparición total.  Su tormento es “para siempre”, en el sentido de que ni siquiera se recordarán.

 

 

Y vi un gran trono blanco y el que estaba sentado sobre él, de delante del cual huyó la tierra y el cielo; y no fue hallado el lugar de ellos.  Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el de la vida: y fueron juzgados los muertos por las  cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.  Y el mar dio sus muertos que estaban en él:  y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno según sus obras.  Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago  de fuego.  Esta es la muerte segunda.  Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego (20:11-15).

 

 

Los impíos resucitados ya han sido devorados por el fuego y azufre.  Los versos 12-15 son metafóricos, al punto de decir que “la muerte y el infierno (hades, sepulcro) fueron lanzados en el lago de fuego”.  Tanto la muerte como el sepulcro son abstractos, no son personas, por lo tanto no pueden quemarse.  Es como lo dice Oseas:

De la mano del sepulcro los redimiré, los libraré de la muerte.  Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh sepulcro (Oseas 13:14).

Es maravilloso la forma en que Dios dice que en la eternidad la muerte será abolida y ya no habrán cementerios.  Con esta preciosa promesa termina el capítulo 20 e iniciamos una aventura emocionante con la vida en la tierra renovada.

 

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