VERS. 9-12: Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, éste también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del Cordero: y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que adoran a la bestia y a su imagen, no tienen reposo día ni noche, ni cualquiera que tomare la señal de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.

El mensaje del tercer ángel.--Este es un mensaje del significado más pavoroso. No puede hallarse en toda la Biblia una amenaza más severa con relación a la ira divina. El pecado contra el cual nos amonesta debe ser un pecado terrible, y debe ser tan claramente definido que todos podrán comprenderlo; y así saber cómo evitar los juicios pronunciados contra él. Debe notarse que estos mensajes se van añadiendo uno al otro, es decir que uno no cesa cuando se introduce el otro. De manera que por un tiempo el primer mensaje era el único que se proclamaba. Luego fue introducido el segundo mensaje, pero esto no hizo cesar al primero. Desde entonces hubo dos mensajes. Les siguió el tercero, no para reemplazarlos, sino tan sólo para unírseles, de manera que tenemos ahora tres mensajes que se proclaman simultáneamente, o mejor dicho, un mensaje triple, que abarca las verdades de los tres; y el último es, por supuesto, la proclamación culminante. Mientras la obra no se haya terminado, no cesará de ser verdad que la hora del juicio de Dios es venida y que Babilonia cayó. Sigue siendo necesario proclamar estos hechos en relación con las verdades introducidas por el tercer mensaje.

También se notará la relación lógica que hay entre los mensajes mismos. Si consideramos la situación en el momento que precede inmediatamente a la introducción del primer mensaje, vemos que el mundo religioso protestante se hallaba en gran necesidad de reforma. Existían divisiones y confusión en las iglesias. Estas seguían aferradas a muchos errores y supersticiones papales. El poder del Evangelio quedaba coartado en sus manos. Para corregir estos males, la doctrina de la segunda venida de Cristo fue introducida y proclamada con poder. Debieran haberla recibido y obtenido de ella una nueva vida. En vez de hacerlo, la rechazaron y sufrieron las consecuencias espirituales. Luego siguió el segundo mensaje, que anunciaba el resultado de aquel rechazamiento, y declaraba lo que no sólo era un hecho en sí mismo, sino un veredicto judicial de Dios sobre las iglesias por su rebelión al respecto; a saber, que Dios las había abandonado, y que habían sufrido una caída espiritual.

Esto no tuvo por efecto despertarlas e inducirlas a corregir sus errores, como podría haberlo hecho si hubiesen estado dispuestas a ser amonestadas y corregidas. ¿Qué sigue? Está preparado el camino para un movimiento más retrógrado aún, para una apostasía más amplia y males aun mayores. Las potestades de las tinieblas seguirán adelante con su obra, y si las iglesias perseveran en esta conducta de rehuir la luz y rechazar la verdad, no tardarán en encontrarse adorando la bestia y recibiendo su marca. Tal será la consecuencia lógica de aquella conducta que iniciaron al rechazar el primer mensaje. Ahora se manda otra proclamación, que anuncia en forma solemne que si alguno hace eso, beberá del vino de la ira de Dios, que es derramado sin mezcla en la copa de su indignación. Esto equivale a decir; Rechazasteis el primer mensaje, y sufristeis una caída espiritual. Si continuáis rechazando la verdad y despreciando las amonestaciones enviadas, agotaréis los últimos recursos de la gracia de Dios, y sufriréis finalmente una destrucción literal sin remedio. Esta es una amenaza tan severa como la puede hacer Dios en esta vida, y es la última. Unos pocos la escucharán y se salvarán, pero la multitud seguirá adelante y perecerá.

La proclamación del mensaje del tercer ángel es el último movimiento religioso especial que se ha de realizar antes que el Señor aparezca, porque inmediatamente después de esto, Juan contempla a Uno como el Hijo del hombre que viene en una gran nube blanca a segar la mies de la tierra. Esto no puede representar otra cosa que la segunda venida de Cristo. Por lo tanto, si la segunda venida de Cristo está a la puerta, ha llegado el momento en que debe realizarse la proclamación de este mensaje. Son muchos los que de viva voz y por escrito enseñan fervientemente que estamos en los últimos días, y que la venida de Cristo está a la puerta; pero cuando les recordamos esta profecía, se encuentran repentinamente como perdidos en el mar, sin ancla, mapa ni brújula. No saben qué hacer con él. Pueden ver tan bien como nosotros que si lo que han estado enseñando con respecto a la venida de Cristo es verdad, y el Señor está cerca, en alguna parte--sí, por toda la tierra--deben oírse las notas amonestadoras de este mensaje del tercer ángel.

Los argumentos referentes a los dos mensajes precedentes fijan la época en que se ha de dar el tercero, y demuestran que pertenece al momento actual. Pero la mejor evidencia de que el mensaje se está proclamando al mundo, se halla en los acontecimientos que demuestran su cumplimiento. Hemos identificado el primer mensaje como proclamación principal del gran movimiento adventista de 1840-1844. Hemos visto el cumplimiento del segundo mensaje en relación con ese movimiento durante el último año mencionado. Miremos ahora qué ha sucedido desde aquel tiempo.

Cuando Cristo no vino en 1844, todo el cuerpo de adventistas sé vio sumido en mayor o menor confusión. Muchos renunciaron completamente al movimiento. Muchos más concluyeron que el argumento relativo al tiempo era erróneo, e inmediatamente procuraron reajustar los períodos proféticos, y fijar una nueva fecha para la venida del Señor, labor en la cual han continuado en mayor o menor grado hasta el momento presente, fijando una nueva fecha cada vez que transcurría una. Unos pocos buscaron atenta y sinceramente la causa del error, y se vieron confirmados en su opinión de que el movimiento adventista había sido providencial, y correcto el argumento referente al tiempo; pero vieron que se había cometido un error en cuanto al santuario, y que este error explicaba la desilusión. Vieron que el santuario de Daniel 8:14 no era esta tierra, como lo habían supuesto, que la purificación no se realizaba por el fuego, y que la profecía relativa a esto no significaba la venida del Señor. Encontraron en las Escrituras evidencias claras de que el santuario aludido era el templo celestial, que Pablo llama "santuario," el "verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no-hombre." Vieron además que su purificación, según la figura, iba a consistir en el ministerio final del sacerdote en el segundo departamento, o lugar santísimo. Comprendieron entonces que había llegado el momento para que se cumpliese Apocalipsis 11:10: "Y el templo de Dios fué abierto en el cielo, y el arca de su testamento fué vista en su templo."

Habiendo sido atraída su atención al arca, se vieron naturalmente inducidos a examinar la ley contenida en el arca. Que el arca contenía la ley se desprendía del mismo nombre que se le aplicaba. Se la llamaba "el arca de su testamento," pero no habría sido el arca de su testamento, y no podría haber sido llamada así, si no hubiese contenido la ley. Allí estaba pues el arca celestial, el gran antitipo del arca que, durante los tiempos de las sombras, existió aquí en la tierra. La ley que contenía esta arca celestial debía ser por consiguiente el gran original del cual la ley de las tablas que había en el arca terrenal no era sino una copia. Ambas estas leyes deben decir precisamente lo mismo, palabra por palabra, tilde por tilde. Suponer otra cosa sería imaginar mentiras. Esta ley sigue siendo pues la ley del gobierno de Dios, y su cuarto precepto, hoy como en el comienzo, exige que se observe el séptimo día de la semana como día de reposo. Nadie que admita el argumento referente al santuario disputa este punto.

Así quedó recalcada la reforma referente al día de reposo, y se vio que todo lo hecho en oposición a esta ley, especialmente al introducir un día de reposo y un culto que destruían el sábado de Jehová, debía ser obra de la bestia papal, la potencia que iba a oponerse a Dios e intentar cambiar sus leyes al procurar ensalzarse por encima de Dios. Pero ésta es precisamente la obra acerca de la cual el tercer ángel pronuncia su amonestación. De ahí que empezaron a ver los creyentes de 1844 que la época del mensaje del tercer ángel sincroniza con la de la purificación del santuario, que se inició al terminar los 2.300 días en 1844, y que la proclamación se basa en las grandes verdades desarrolladas por este tema.

Así resplandeció sobre la iglesia la luz del mensaje del tercer ángel. Sus miembros vieron en seguida que el mundo tenía derecho a exigir de los que profesaban proclamarlo una explicación de todos los símbolos que contiene: la bestia, la imagen, el culto y la marca. De ahí que hicieran de estos puntos asuntos de estudio especial. Encontraron que el testimonio de las Escrituras era claro y abundante, y no necesitaron mucho tiempo para formular, basados en las verdades reveladas, declaraciones y pruebas definidas que explicaban todos estos puntos.

Un mensaje de amonestación.--Los argumentos que demuestran lo que constituye la bestia, la imagen y la marca, se han presentado ya en los comentarios sobre Apocalipsis 13; y se ha demostrado que la bestia de dos cuernos, que hace una imagen de la bestia e impone su marca, es los Estados Unidos de Norteamérica. Esta obra y estos agentes, contra los cuales lanza su amonestación el mensaje del tercer ángel, constituyen una prueba adicional de que este mensaje debe proclamarse ahora, y revelan la armonía más concluyente en todas estas profecías. No necesitamos repetir los argumentos aquí; bastará recapitular los puntos establecidos.

La "bestia" es la potencia católica romana.

La "marca de la bestia" es aquella institución que esta potencia presenta como prueba de su autoridad para legislar sobre los asuntos de la iglesia, y dominar las conciencias de los hombres para mantenerlos en pecado. Consiste en hacer en la ley de Dios un cambio que le quita la firma real. El sábado, o séptimo día de la semana, que es la gran institución conmemorativa de la obra creadora de Jehová, es arrancado de su lugar en el Decálogo, y se pone en su lugar un día de reposo falsificado, el primer día de la semana.

La "imagen de la bestia" es una combinación eclesiástica que se asemeja a la bestia por estar revestida de poder para imponer sus decretos so pena de castigos de la ley civil.

La "bestia de dos cuernos," que da a la imagen poder de hablar y actuar, representa a los Estados Unidos de Norteamérica, que avanzan hacia la formación de la imagen de la bestia. La bestia de dos cuernos impone la marca de la bestia, es decir que establece por ley la observancia del primer día de la semana, o domingo, como día de reposo. Ya hemos notado lo que se está haciendo en este sentido. Muchas personas y grupos organizados están entrelazando los mejores fines con una agitación en favor de las leyes religiosas.

Pero la gente no ha de ser dejada en las tinieblas al respecto. El mensaje del tercer ángel lanza una solemne protesta contra todo este mal. Desenmascara la obra de la bestia, revela la naturaleza de su oposición a la ley de Dios, amonesta a la gente contra el cumplimiento de sus demandas, y señala a todos el camino de la verdad. Esto despierta naturalmente oposición, y la iglesia se siente tanto más inducida a procurar la ayuda del poder humano en favor de sus dogmas por cuanto carecen de autoridad divina.

"El tercer ángel lo siguió." Así que este movimiento sigue a los dos mencionados antes. Reanuda y continúa la promulgación de las verdades que ellos proclamaban, y les añade lo que entraña el mensaje del tercer ángel.

El tercer mensaje se caracteriza como amonestación contra la bestia. Así también este movimiento recalca entre sus temas una explicación de este símbolo, expone a la gente lo que es, como también sus asertos y actos blasfemos.

El tercer mensaje amonesta a todos contra la adoración de la bestia. Así también este movimiento explica como esa potencia creó en el cristianismo ciertas instituciones que se oponen a los requerimientos del Altísimo, y demuestra que si las acatamos, adoramos dicha potencia. "¿No sabéis--dice Pablo--que a quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis?" (Romanos 6:16.)

El tercer mensaje amonesta a todos contra la recepción de la marca de la bestia. Así también este movimiento dedica su obra mayormente a demostrar lo que es la marca de la bestia, y a amonestar a la gente contra su recepción. Es tanto mayor su solicitud en ello por cuanto esta potencia anticristiana ha obrado tan astutamente que la mayoría se ha dejado seducir y hace inconscientemente concesiones a su autoridad. Se demuestra que la marca de la bestia es una institución que ha recibido el manto cristiano, y se ha introducido insidiosamente en la iglesia cristiana en forma tal que anula la autoridad de Jehová y entroniza la de la bestia. Despojada de todos sus disfraces, levanta simplemente un día de reposo falsificado propio como el primer día de la semana, en lugar del reposo de Jehová, que es el séptimo día de la semana. Pero es una usurpación que el gran Dios no puede tolerar y de ella debe librarse la iglesia remanente antes que esté preparada para la venida de Cristo. De ahí la urgente amonestación: Nadie adore la bestia ni reciba su marca.

El tercer mensaje tiene algo que decir contra la adoración de la imagen de la bestia. Así también este movimiento habla del tema y explica lo que será la imagen, o por lo menos explica la profecía de la bestia de dos cuernos. Revela dónde se ha de formar la imagen. La profecía concierne a esta generación; y está evidentemente a punto de cumplirse.

Fuera de los adventistas del séptimo día no hay en existencia empresa religiosa alguna que asevere ser un cumplimiento del mensaje del tercer ángel; no hay otra que haga resaltar como sus temas prominentes los asuntos a los cuales se este seminario. ¿Qué haremos con estas cosas? ¿Es éste el cumplimiento? Debe reconocérselo como tal, a menos que se puedan desmentir sus asertos: a menos que se pueda demostrar que no se oyeron los mensajes del primer y del segundo; que las interpretaciones dadas a la bestia, la imagen y la adoración no son correctas; y que pueden descartarse completamente todas las profecías, señales y evidencias que demuestran la proximidad de la venida de Cristo, y por consiguiente la necesidad de proclamar el mensaje. Difícil le resultará hacer esto a toda persona que estudie la Biblia con inteligencia.

El fruto de la proclamación presentada en el versículo 12 demuestra aún mejor la exactitud de las interpretaciones ofrecidas. Se menciona allí a una compañía de la cual se dice: "Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús." En el mismo corazón de la cristiandad se está haciendo esta obra, y los que reciben el mensaje se distinguen por su práctica con referencia a los mandamientos de Dios. ¿Cuál es la diferencia que hay en su práctica, y cuál es la única diferencia que hay entre los cristianos al respecto? Tan sólo ésta: Algunos piensan que se guarda el cuarto mandamiento al dedicar el primer día de la semana al descanso y al culto. Otros sostienen que el séptimo día es el que ha sido separado para tales deberes, y de acuerdo con esto santifican sus horas y reanudan sus trabajos comunes el primer día. No podría trazarse entre estas dos clases una raya de demarcación más clara. El tiempo que una clase considera sagrado y destinado a usos religiosos la otra lo mira como secular y lo dedica a la labor común. Una clase descansa píamente, mientras que la otra trabaja celosamente. Mientras una clase atiende sus vocaciones mundanas, encuentra a la otra retraída de todas estas actividades, y esto corta abruptamente todo trato comercial entre ellas. Durante dos días por semana estas dos clases quedan separadas por su diferencia de doctrina y práctica con respecto al cuarto mandamiento. Ningún otro mandamiento podría crear una diferencia tan notable.

El sábado se destaca en el mensaje.--El mensaje del tercer ángel induce a sus adherentes a observar el séptimo día, porque sólo de esta manera llegan ellos a distinguirse, por cuanto la observancia del primer día no distinguiría una persona de las masas que ya estaban observando ese día cuando el mensaje fue introducido. Tenemos en esto evidencia adicional de que la observancia del domingo es la marca de la bestia, porque el mensaje, que recalca principalmente la amonestación contra la recepción de la marca de la bestia, inducirá por supuesto a sus adherentes a descartar esta práctica que constituye la marca, y les hará adoptar la conducta opuesta. Los induce a descartar la observancia del primer día de la semana y a adoptar la del séptimo. En vista de esto, se ve inmediatamente que hay más que simples deducciones en favor de que la observancia del domingo es la marca de la bestia contra la cual se nos amonesta, y de que la observancia del séptimo día es lo opuesto, o sea, el sello de Dios.

Esto armoniza con los argumentos referentes al sello de Dios, que se dieron en las observaciones sobre Apocalipsis 7. Se demostró allí que las palabras "señal," "sello" y "marca" son sinónimas, y que Dios nos indica que su sábado es su señal, o sello con referencia a su pueblo. De manera que Dios tiene un sello, que es su sábado. La bestia tiene una marca, que es el día de reposo falsificado. Uno es el séptimo día, la otra el primer día. La cristiandad quedará al fin dividida en dos clases solamente: (1) los que estarán sellados con el sello del Dios viviente, es decir que tendrán su señal y guardarán su sábado; (2) los que recibirán la marca de la bestia, es decir que tendrán su señal y observarán su día de reposo falsificado. Con referencia a este asunto, el mensaje del tercer ángel nos ilumina y nos amonesta.

En vista de que tiene tanta importancia el séptimo día como día de reposo, convendrá presentar aquí los hechos principales que se relacionan con la institución del sábado.

El sábado se fundó al principio, cuando terminó la primera semana. (Génesis 2:1-3.)

Era el séptimo día de aquella semana, y se basó en hechos inmutables e inseparablemente relacionados con su propio nombre y existencia. Al reposar Dios en el séptimo día, hizo de él su día de reposo, o sábado (reposo) de Jehová; y nunca podrá dejar de ser su día de reposo, puesto que aquel hecho no puede cambiarse nunca. Dios santificó entonces, o puso aparte aquel día, según nos indica el relato; y esa santificación no ha de cesar nunca, a menos que la elimine un acto de parte de Jehová tan directo y explícito como aquel por medio del cual la concedió a aquel día en el principio. Nadie puede decir que haya hecho esto alguna vez y quien lo dijera no podría probarlo.

Nada tiene el sábado que sea de naturaleza típica o ceremonial, porque fue instituido antes que pecara el hombre, y por esto pertenece a un tiempo en que no podía existir un tipo, sombra o figura. Las leyes e instituciones que existieron antes de la caída del hombre eran primarias en su naturaleza. Provenían de la relación que había entre Dios y el hombre, y de la que debían sostener los seres humanos entre sí; y habrían conservado para siempre su carácter si el hombre no hubiese pecado, y no hubiese sido afectado por su pecado. En otras palabras, eran por su misma naturaleza inmutables y eternas. Las leyes ceremoniales y típicas debieron su origen al hecho de que el hombre había pecado. De una dispensación a la otra eran sujetas a cambios; y ellas fueron, y tan sólo ellas, abolidas en ocasión de la crucifixión. La ley del sábado era una ley primaria, y por lo tanto inmutable y eterna.

La santificación del sábado en el Edén prueba su existencia desde la creación hasta el Sinaí. Allí fue colocada en el mismo seno del Decálogo cuando Dios lo pronunció con voz audible y lo escribió con su dedo en tablas de piedra. Estas son circunstancias que lo separan para siempre de las leyes ceremoniales, y lo colocan entre las morales y eternas.

El sábado no es indefinido; no es cualquier séptimo día después de seis días de trabajo. La ley del Sinaí (Éxodo 20:8-11) lo indica en forma tan definida como lo permite el lenguaje. Los sucesos que le dieron origen (Génesis 2:1-3) lo limitan a un séptimo día definido. Los 6.240 milagros realizados en ocasión del sábado mientras el pueblo de Israel estaba en el desierto, a razón de tres cada semana durante cuarenta años, cuando se proporcionaba una doble provisión de maná el sexto día, se conservaban el maná del sexto día hasta el séptimo día, y no caía maná el séptimo día (Éxodo 16), demuestran que es un día particular, y no simplemente una proporción de tiempo. Decir otra cosa sería como aseverar que el aniversario de Washington o del día de la Independencia es tan sólo 1/365 de un año, y puede celebrarse en cualquier día igual que el día en que realmente ocurrió.

El sábado es parte de aquella ley que nuestro Señor declaró abiertamente que no había venido a destruir. Por otro lado, afirmó muy solemnemente que subsistiría con todas sus jotas y tildes mientras perdurase la tierra. (Mateo 5:17-20.)

Forma parte de aquella ley que Pablo declaró, no anulada, sino corroborada por la fe en Cristo. (Romanos 3:31.) Por el contrario, la ley ceremonial o típica, que apuntaba a Cristo y cesó cuando él fue crucificado, queda anulada o reemplazada por la fe en él. (Efesios 2:15.)

Forma parte de aquella ley real, la ley que pertenece al rey Jehová, que Santiago declara ley de libertad, y por la cual seremos juzgados en el postrer día. Dios no establece normas diferentes de juicio para diferentes épocas del mundo. (Santiago 2:11, 12.)

Se nos presenta como la institución acerca de la cual se predice una gran reforma para los postreros días. (Isaías 56:1, 2 comparado con 1 Pedro 1:5.) Esta reforma abarca también el mensaje que estamos considerando.

En la nueva creación, el sábado, fiel a su origen y naturaleza, vuelve a aparecer, y derramará desde entonces sus bendiciones sobre el pueblo de Dios a través de toda la eternidad. (Isaías 66:22,23.)

Esta es una breve sinopsis de algunos de los argumentos demostrativos de que la ley del sábado no ha sido abrogada ni ha sido cambiada la institución; que no se puede decir de una persona que guarda los mandamientos de Dios a menos que observe su día. Es un alto honor hallarse relacionado con una institución tal; y prestar atención a sus requerimientos reportará una bendición infinita.

Castigo de los que adoran a la bestia.--Estos serán atormentados con fuego y azufre en presencia de los santos ángeles y del Cordero. ¿Cuándo se inflige este tormento? En Apocalipsis 19:20 se nos muestra que cuando venga Cristo por segunda vez habrá castigos por fuego que pueden ser llamados lagos de fuego y azufre. En ellos son lanzados vivos la bestia y el falso profeta. Esto puede referirse únicamente a la destrucción que se les inflige al comienzo, y no al fin, de los mil años. Hay en Isaías un pasaje notable al cual nos vemos obligados a referirnos para explicar las frases de amenaza que pronuncia el tercer ángel, pues describe indudablemente escenas que han de.ocurrir aquí en ocasión del segundo advenimiento y mientras la tierra permanece asolada durante los mil años que siguen. Es casi forzoso reconocer que el lenguaje del Apocalipsis reproduce partes de aquella profecía. Después de describir la ira de Jehová manifestada sobre las naciones, la gran matanza de sus ejércitos, y el apartamiento de los cielos como un rollo, el profeta dice:"Porque es día de venganza de Jehová, año de retribuciones en el pleito de Sión. Y sus arroyos se tornarán en pez, y su polvo en azufre, y su tierra en pez ardiente. No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo: de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella." (Isaías 34:8-10.) En vista de que se revela expresamente que ha de haber un lago de fuego en el cual perecerán todos los pecadores al fin de los mil años, no podemos sino concluir que la destrucción de los impíos vivos al comienzo de este período, y la condenación final de todos los impíos al terminar dicho período, son similares.

La expresión "para siempre jamás," del tercer mensaje (Apocalipsis 14:11), no puede significar la eternidad. Ello es evidente por el hecho de que este castigo se inflige en esta tierra, donde el tiempo se mide por los días con sus noches. Esto se demuestra aún mejor en el pasaje de Isaías ya mencionado, que es, como se ha sugerido ya, de donde se sacó el lenguaje usado, y se aplica al mismo tiempo. Lo que dice Isaías lo aplica a la tierra de Idumea; pero sea que esta expresión designe la tierra literal de Edom, situada al sur y al este de Judea, o que represente, como indudablemente sucede, toda la tierra en el momento en que el Señor Jesús será revelado del cielo en llama de fuego, cuando llegue el año de retribuciones en el pleito de Sión, en cualquier caso la escena tendrá eventualmente un fin. Esta tierra ha de ser finalmente renovada, purificada de toda mancha del pecado, de todo vestigio de sufrimiento y decadencia, y llegará a ser habitación de la justicia y del gozo a través de las edades eternas. La palabra aion, aquí traducida "para siempre jamás" queda así definida por G. Abbot-Smith, en su pequeño diccionario griego del Nuevo Testamento: "Un espacio de tiempo, como una vida, una generación, un período de la historia, un período indefinidamente largo." De manera que, sin hacer violencia al significado aceptado de la palabra griega, podemos interpretarla aquí en armonía con otras declaraciones categóricas de la Escritura.

El período del mensaje del tercer, ángel es un tiempo de paciencia para el pueblo de Dios. Pablo y Santiago nos dan ambos instrucciones al respecto. (Hebreos 10:36; Santiago 5:7, 8.) Mientras dura, la compañía que aguarda observa los mandamientos de Dios, el Decálogo, y conserva la fe de Jesús, es decir que cumple todas las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles según están contenidas en el Nuevo Testamento. El verdadero sábado, según lo presenta el Decálogo, resalta así en vívido contraste con el día de reposo falsificado, la marca de la bestia, que finalmente distingue a los que rechazan el mensaje del tercer ángel.

VERS. 13-16: Y oí una voz del cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen. Y miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda. Y otro ángel salió del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida, porque la mies de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada.

Una solemne crisis.--Los acontecimientos cobran solemnidad a medida que nos acercamos al fin. Este hecho es el que da al mensaje del tercer ángel, que se está proclamando ahora, una solemnidad e importancia inusitadas. Es la última amonestación que se ha de proclamar antes de la venida del Hijo del hombre, al que se representa aquí como sentado sobre una nube blanca, con una corona en la cabeza, y una hoz en la mano, listo para segar la mies de la tierra.

Estamos recorriendo rápidamente un plazo profético que culmina en la revelación del Señor Jesús desde el cielo en llama de fuego, para vengarse de sus enemigos y recompensar a sus santos. No sólo esto, sino que nos hemos aproximado tanto a su cumplimiento que el siguiente eslabón de la cadena es este acontecimiento culminante y portentoso. El tiempo no retrocede nunca. Como el río no vacila al acercarse al precipicio, sino que arrastra consigo con poder irresistible todos los cuerpos que flotan en él; y como las estaciones no invierten nunca su curso, sino que el verano sigue al enternecimiento de las yemas de la higuera, y el invierno sigue a la caída de las hojas; nosotros también somos llevados hacia adelante, querámoslo o no, estemos preparados o no, hacia la crisis inevitable e irreversible. ¡Ah! ¡Cuán lejos están de soñar qué suerte arrostrarán pronto los que profesan orgullosamente su religión y los pecadores negligentes! ¡Cuán difícil es comprender esto, aun para los que conocen la verdad y profesan seguirla!

Una bendición prometida.--Una voz del cielo le ordenó a Juan que escribiese: "Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor," y la respuesta del Espíritu es: "Sí, . . . que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen." "De aquí adelante" debe significar desde algún momento particular. ¿Qué momento? Evidentemente, el comienzo del mensaje en relación con el cual se dice esto. Pero ¿por qué son bienaventurados los que mueren desde este momento? Por alguna razón especial debe haberse pronunciado esta bienaventuranza sobre ellos. ¿No será porque escapan al tiempo de terrible peligro que los santos han de encontrar al acercarse al fin de su peregrinación? Aunque son así bienaventurados en común con todos los justos muertos tienen sobre ellos la ventaja de pertenecer indudablemente a aquella compañía que resucitará para vida eterna en la resurrección especial de Daniel 12:2.

Es de notar que en esta cadena profética tres ángeles preceden al Hijo del hombre que viene en la nube blanca, y tres de ellos son introducidos después de ese símbolo. Ya se ha expresado la opinión de que los ángeles literales participan en las escenas aquí descriptas. Los tres primeros tienen a su cargo los tres mensajes especiales. El mensaje del cuarto ángel se ha de proclamar evidentemente después que el Hijo del hombre termine su obra sacerdotal y se siente en la nube blanca, pero antes que aparezca en las nubes de los cielos. Como las palabras se dirigen a aquel que está sentado en la nube blanca, teniendo en la mano una hoz aguda lista para la siega, debe denotar un mensaje de oración de parte de la iglesia, después que ella terminó su obra en favor del mundo, cuando ya cesó el tiempo de gracia, y sólo falta que el Señor aparezca y lleve a su pueblo consigo. Es indudablemente el clamor de día y de noche que menciona nuestro Señor en Lucas 18:7, 8, en relación con la venida del Hijo del hombre. Esta oración será contestada; los escogidos serán vengados; porque ¿no dice acaso la parábola: "¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?" El que está sentado en la nube arrojará su hoz, y los santos, representados por el trigo en la tierra, serán recogidos en el alfolí celestial.

El trigo recogido.--"El que estaba sentado sobre la nube--dice la profecía--echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada." Estas palabras nos llevan más allá del segundo advenimiento con sus escenas acompañantes de destrucción para los impíos y de salvación para los justos. Debemos por lo tanto buscar más allá de estas escenas la aplicación de los versículos siguientes.

VERS. 17-20: Y salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. Y otro ángel salió del altar, el cual tenía poder sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra; porque están maduras sus uvas. Y el ángel echó su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la uva en el grande lagar de la ira de Dios. Y el lagar fue hollado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.

El lagar de la ira de Dios.--Los últimos dos ángeles tienen algo que ver con los impíos, a quienes representan en forma muy idónea los purpúreos racimos de la viña de la tierra. ¿No será que la suerte final de aquella clase al fin de los mil años nos es presentada aquí, y la profecía nos muestra lo que sucede finalmente tanto a los justos como a los impíos: los justos quedan revestidos de inmortalidad, establecidos en salvo en el reino, mientras que los impíos perecen fuera de la ciudad? Es difícil aplicar esto al tiempo del segundo advenimiento, porque los acontecimientos se dan aquí en orden cronológico, y la destrucción de los impíos sería contemporánea con el recogimiento de los justos. Además, los impíos que están vivos cuando viene Cristo beben de la copa de su ira. Pero este pasaje nos presenta el momento en que perecen en el lagar de su ira, acerca del cual se dice que fue hollado "fuera de la ciudad," lo cual corresponde totalmente a la descripción de Apocalipsis 20:9, donde se denota en forma más natural su destrucción completa y final.

El ángel sale del templo, donde se guardan los registros y se determinan los castigos. El otro ángel tiene poder sobre el fuego. Esto puede relacionarse con el hecho de que el fuego es el agente que destruye al final a los impíos, aunque, para seguir con la figura, se compara a los impíos con los racimos de la viña de la tierra, y se dice que son echados en el gran lagar que es hollado fuera de la ciudad. Del lagar sale sangre que llega hasta los frenos de los caballos. Sabemos que los impíos están condenados a ser absorbidos al fin por una llama devoradora que bajará del cielo de Dios, pero no sabemos qué matanza precedente debe realizarse entre la hueste condenada. No es improbable que estas expresiones se cumplirán literalmente. Como los primeros cuatro ángeles de esta serie denotaron un movimiento notable de parte del pueblo de Dios, los dos últimos pueden denotar lo mismo; porque los santos han de desempeñar cierto papel en la determinación y ejecución del castigo final de los impíos (1 Corintios 6:2; Salmo 149:9.)

El tercer ángel amonesta a los ciudadanos de la tierra a rechazar la marca de la bestia.