¿Cómo puedo reconocer la verdadera experiencia de la santificación?

Los que desean conocer la verdad no tienen nada que temer de la investigación de la Palabra de Dios. Pero en el umbral de la investigación de la Palabra de Dios, los que preguntan por la verdad debería poner a un lado todo prejuicio, suspender toda opinión preconcebida, y abrir el oído para escuchar la voz de Dios a través de su mensajero. Opiniones acariciadas, costumbres y hábitos practicados por largo tiempo, han de ser sometidos a la prueba de las Escrituras; y si la Palabra de Dios se opone a vuestras opiniones, entonces, por el bien de vuestras almas, no torzáis las Escrituras, como lo hacen muchos para la destrucción de sus almas, a fin de hacer que éstas parezcan dar un testimonio en favor de sus errores. Que vuestra pregunta sea: ¿Cuál es la verdad? No, ¿qué es lo que he creído hasta ahora que era la verdad? No interpretéis las Escrituras a la luz de vuestra antigua creencia ni afirméis que alguna doctrina del hombre finito es la verdad.

Que vuestra pregunta sea: ¿Qué dicen las Escrituras? Dejad que Dios os hable a través de sus oráculos vivientes, y abrid vuestro corazón para recibir la Palabra de Dios. Muchos están siguiendo las tradiciones de los hombres; pero ya que las tradiciones de los hombres están erradas, y ningún error tiene un poder santificador, sus almas no están santificadas para con Dios. Sin embargo, se aferran a las doctrinas de los hombres con una firme tenacidad, y no serán movidos por el testimonio de las Escrituras. Han sido educados para creer una falsedad, y usan todo método ingenioso para hacer que la Biblia apoye su postura errónea, haciendo que la falsedad sea aparentemente la verdad. Pero la primera obra que deben hacer aquellos que desean conocer la verdad es abrir la Biblia con un propósito determinado de conformarse a los requerimientos de la Palabra de Dios, estableciendo su fe sobre un “así está escrito”. Decidid que vuestras antiguas teorías deben cambiar si no están en armonía con las doctrinas de la Biblia. Sois llamados a efectuar un esfuerzo diligente para descubrir lo que es verdad. Eso no debe ser considerado como un requerimiento difícil; porque los hombres son llamados a trabajar para obtener sus bendiciones temporales y terrenas, y no se espera que encontremos el tesoro celestial a menos que estemos dispuestos a cavar en las minas de la verdad, y ejercitar todas nuestras facultades de la mente y el corazón para comprender.

Le agradecemos a Dios por la Biblia; porque ésta es una tesorería de conocimiento, y es el deber y el privilegio de cada hijo e hija de Adán el escudriñar las páginas del Antiguo y del Nuevo Testamento con diligencia, a fin de que todos sepan los términos de la salvación. Hemos de explorar la sagrada Palabra como un minero busca en la tierra, y examina las rocas para hallar tesoros escondidos, por el oro y la plata escondidos en las vetas de las montañas. Los que vienen a la sagrada mina de la verdad con un espíritu humilde y dócil, descubrirán pronto las gemas de la verdad que recompensarán a un buscador ferviente. La Biblia contiene la ciencia de la salvación, y dirige el camino hacia Cristo. ¿Deseáis saber más acerca del carácter de Dios? Entonces, tened en mente el hecho de que la Biblia proporciona una revelación de él en el carácter de Jesucristo: “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17:3.

Cómo Leer la Palabra de Dios Tened cuidado no sea que leáis la Palabra de Dios a la luz de enseñanzas erróneas. Fue sobre ese mismo terreno que los judíos cometieron su error fatal. Declararon que no se debía colocar ninguna interpretación sobre las Escrituras que fuera diferente a la que los rabinos de años anteriores le habían dado; y a causa de que ellos habían multiplicado sus tradiciones y máximas y las habían revestido de santidad, le quitaron el efecto a la Palabra de Dios a través de sus tradiciones; y si Jesucristo, la Palabra de Dios, no hubiese venido al mundo, los hombres hubieran perdido todo conocimiento del verdadero Dios. Cristo era la luz del mundo. Todas las comunicaciones del Antiguo Testamento provenían de Jesucristo; pero los rabinos, los escribas, y los fariseos habían pervertido el significado de las Escrituras, y mientras pretendían ser adoradores de Dios, sostenían su propia tradición. Cristo les dijo: “Mas en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos te hombres.” Mateo 15:9. “Mas ¡ay de vosotros, fariseos!, que pagáis diezmo de la menta, de la ruda, y de toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto se debía hacer, sin dejar  aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos!, que amáis el primer asiento en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas. ¡Ay de vosotros! Que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. . . .¡Ay de vosotros, también, intérpretes de la ley!, porque cargáis a los hombres con cargas difíciles de llevar, pero vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas. ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres!” Lucas 11:42–47.

Les dijo que a través de su tradición, ellos hacían que los mandamientos de Dios no tuvieran efecto. Los requerimientos de los hombres fueron colocados donde los requerimientos de Dios debían haber estado, y Jesús los acusó de ser ignorantes tanto de las Escrituras como del poder de Dios. Es el plan estudiado de Satanás el pervertir las Escrituras y llevar a los hombres a poner una falsa interpretación a las palabras de Dios. Ha conducido a la iglesia romana a tomar la postura de que la Biblia ha de ser leída a la luz de la interpretación de los Padres y de la Iglesia, y por lo tanto, el Señor no puede penetrar las mentes de los miembros de esa Iglesia hasta que leen la Biblia como la Palabra del Dios infinito. Todos los artículos de fe, todas las doctrinas y credos, no importa cuán sagrados hayan sido considerados, han de ser rechazados, si contradicen las  claras declaraciones de la Palabra de Dios. Si la Biblia apoya la doctrina que hemos sostenido en el pasado, estamos justificados en conservarla; porque la Palabra de Dios nos proporciona un fundamento para nuestra fe.

Los oráculos sagrados deberían ser estudiados con corazones humildes y ferviente oración, a fin de que llevemos diariamente la verdad que vemos presentada claramente a nuestra vida práctica. De esa manera, ponemos de manifiesto el hecho de que conformamos nuestra vida a las enseñanzas de la Palabra de Dios. Jesús nos presenta dos clases que han sido bendecidas con una comprensión de la verdad divina. Un grupo no solamente escucha sus dichos, sino que los práctica, y otro grupo que oye, pero no los practica. Él dice: “Todo aquel, pues, que me oye estas palabras, y las pone por obra, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, y vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; y no se cayó, porque había sido cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone por obra, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió la lluvia, y vinieron los  torrentes y soplaron los vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y se cayó, y fue grande su ruina.” Mateo 7:24–27.

Aquellos que ven evidencias de la verdad y sin embargo rehúsan caminar en su luz porque ven que al hacerlo estarán obligados a hacer algún sacrificio de opiniones, de negocios, o de alguna otra ventaja temporal, quienes ponen a un lado sus convicciones y rechazan el claro: “Así dice el Señor,” y se apartan de la verdad para seguir fábulas, aplicando mal y malinterpretando las Escrituras de tal manera que aparenten apoyar sus errores—a esas personas se aplica el ay pronunciado contra Corazín y Betsaida. En los días de Cristo fue esta clase de personas las que fueron reprobadas por sus palabras cuando él dijo: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, ya hace tiempo que se hubieran arrepentido en saco y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, habrá más tolerancia para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaúm, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, habrá más tolerancia para la tierra de Sodoma, que para ti.” Mateo 11:21–24.

La Experiencia Ha de Ser Probada Por la Palabra Hay muchos que aseveran haber sido santificados por Dios, y sin embargo, cuando se les presenta la gran norma de justicia, se excitan mucho y manifiestan un espíritu que prueba que no saben nada acerca de lo que significa estar santificados. No tienen la mente de Cristo; porque aquellos que están verdaderamente santificados tendrán reverencia por la palabra de Dios y la obedecerán tan pronto como se abre ante ellos, y expresarán un gran deseo de conocer qué es verdad en todo punto de doctrina. Un sentimiento de júbilo no es una evidencia de santificación. La afirmación: “Estoy salvo, estoy salvo,” no prueba que el alma está salva o santificada. A muchos que están grandemente excitados se les dice que están santificados, cuando no tienen una idea inteligente acerca de lo que el término significa; porque no conocen las Escrituras ni el poder de Dios. Se halagan a sí mismos de que están en conformidad con la voluntad de Dios porque se sienten felices, pero cuando son probados, cuando la Palabra de Dios es aplicada a su experiencia, se tapan los oídos para no escuchar la verdad, diciendo: “Estoy santificado,” y eso pone fin a la controversia.

No quieren tener nada que ver con escudriñar las Escrituras para saber qué es la verdad, y prueban que están terriblemente engañados. La santificación significa mucho más que una emoción. La excitación no es santificación. Una completa conformidad con la voluntad de nuestro Padre que está en el cielo solamente constituye la santificación, y la voluntad de Dios está expresada en su santa ley. Guardar todos los mandamientos de Dios es santificación. Demostrar que sois hijos obedientes a la palabra de Dios es santificación. La palabra de Dios ha de ser nuestra guía, no las  opiniones o las ideas de los hombres. Que aquellos que se santificarían verdaderamente escudriñen la palabra de Dios con paciencia, con oración, y con una humilde contrición de alma. Recuerden que Jesús oró: “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad Juan 17:17. El cristianismo es simplemente vivir de toda palabra que sale de la boda de Dios. Hemos de creer en Cristo y vivir en él, quien es el camino, la verdad, y la vida. Tenemos fe en Dios cuando obedecemos su palabra; confiamos y obedecemos a Dios cuando guardamos sus  mandamientos; y amamos a Dios cuando amamos su ley. El creer en una mentira no colocará a ninguno de nosotros en el camino a ser santificado.

Aunque todos los ministros en el mundo nos dijeran que estábamos a salvo al desobedecer un solo precepto de la sagrada norma de justicia, eso no disminuiría nuestras obligaciones ni reduciría nuestra culpa, si rechazamos un claro “Harás” o “No harás.” No debemos pensar que porque nuestros padres actuaron de una cierta manera y murieron felices, podemos seguir  sus pisadas, y que seremos aceptados al rendir el mismo servicio, y haciendo las mismas obras que ellos realizaron. Hemos tenido más luz que aquella que tuvieron en su época; y si hemos de ser aceptados por Dios, debemos ser tan  fieles en obedecer la luz y en caminar en ella como ellos lo fueron en recibir y obedecer la luz que Dios les envió. Debemos aceptar  y usar la luz que brilla sobre nuestro sendero, tan fielmente como ellos aceptaron y usaron la luz que se derramó sobre su senda en su generación. Hemos de ser juzgados de acuerdo a la luz que brilla dentro del templo del alma en nuestros días; y si seguimos la luz, seremos hombres y mujeres libres en Jesucristo.

1.       Si Dios busca a alguien que se ponga en la brecha delante de él, ¿lo encontrará a Ud.?

2.       ¿Está usted proclamando el último mensaje divino de la cosecha?

3.       ¿Deberíamos atesorar alguna cosa que nos separara de Dios?

4.       Pasajes de confusión con la ley ceremonial

5.       Apocalipsis 18:4 "Salid de ella pueblo mio"


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