Estudio 31

32.El Don Profetico

La Verdadera Iglesia en el Tiempo del Fin

Apreciado amigo:

 

Si en nuestra ansiedad por descubrir la verdad entre las múltiples doctrinas de las innumerables confesiones religiosas, y en nuestro anhelo por identificar la verdadera iglesia de Cristo para este tiempo del fin, entre las tantas que conocemos, encontramos un movimiento religioso que se organizó exactamente en la época en que las profecías bíblicas lo señalaron hace veinticinco siglos; que se inició con la proclamación de determinadas verdades predichas en la fecha precisa indicada en la divina revelación, tendríamos a nuestra disposición un seguro e inconmovible fundamento en que podríamos basarnos, que constituiría una categórica garantía de nuestra seguridad.

En qué basarnos

Hay una diferencia entre las inspiradas profecías de la Biblia, por una parte, y los pronósticos de los falsos profetas de todos los tiempos, por otra.  Los vaticinadores extrabíblicos se distinguen por su imprecisión y su ambigüedad, y a veces por su falsedad completa.  Pero las profecías bíblicas siendo inspiradas por Dios son por ello mismo categóricas, precisas y siempre hallan un exacto cumplimiento.

 

Los más importantes sucesos históricos de la humanidad se hallan condensados en breves y maravillosos trazos proféticos, escritos con siglos de anticipación y cumplidos al pie de la letra.  Grandes Imperios han surgido y han desaparecido en cumplimiento de sus divinas predicciones, arrogantes ciudades que en la antigüedad era el orgullo de sus fundadores, ubicadas en las encrucijadas de las rutas más importantes del mundo, son hoy un montón de ruinas, informes en armonía con los vaticinios inspirados de las Sagradas Escrituras.

 

Pero el panorama profético de los acontecimientos políticos culminantes, no es en la Biblia otra cosa que el fondo destinado a ubicar en el devenir humano, los sucesos importantes del mundo religioso, que siempre han sido factores decisivos en la evolución social.

 

Cuando Dios en su Palabra predice hechos de esta índole, lo hace de una manera absolutamente definida, estableciendo períodos específicos, como los 2.300 años con sus setenta primeras semanas que estamos revisando en esta serie de estudios.

 

Ahora bien, la revelación anticipada de los hechos del lejano futuro no la realiza Dios en la Biblia sólo para satisfacer la curiosidad, sino especialmente para orientación nuestra, a fin de que podamos cimentar nuestra fe.  Las profecías son luces, Jesús dice: "Os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda creáis" (Juan 14:29).

 

El propósito específico de la profecía es múltiple: Primero, proporcionarnos la seguridad de la inspiración divina de la Biblia.  Segundo, transmitirnos una sólida confianza en la provisión de Dios y en su poder de poner en ejecución aquello que en su sabiduría infinita, se había propuesto siglos antes.  Tercero, revelarnos a qué altura nos encontramos en nuestros días en el desarrollo de los planes divinos.  Cuarto, advertirnos con respecto a la inminente gloriosa culminación de las esperanzas humanas, mediante la segunda venida de Cristo, para que nos preparemos.  Quinto, brindarnos el más sólido fundamento para la seguridad que anhelamos tener con respecto a cuál es la verdad en materia religiosa, y cuál es la verdadera iglesia.

Un proceso restaurador de la verdad predicho

La línea profética de los 2.300 años que analizamos en los estudios anteriores, la cual comienza en el 457 a.C. y finaliza en 1844 de nuestra Era, establece que en esta última fecha ocurrirían dos hechos:

 

1.         El santuario sería purificado (Daniel 8:14).  Según vimos en el estudio anterior esto equivale a decir que en 1844 ha comenzado el solemne proceso del juicio investigador en el cielo.

 

2.         La verdad bíblica por tanto tiempo pisoteada por el error, volvería a surgir (Daniel 8:12,25,13-14).

 

En otras palabras, ese año debía comenzar a predicarse de nuevo la verdad en su integridad y belleza originales.

 

Para asegurarnos de lo que estamos diciendo, tomemos en nuestro auxilio otra profecía admirable del Apocalipsis, cuyos rayos convergen sobre el mismo hecho y se entrecruzan con los de la profecía de Daniel.  He aquí lo que dice la voz profética: "Vi volar por en medio del cielo a otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado, y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (Apocalipsis 14:6-7).

 

El evangelio eterno, o sea la doctrina poderosa de Cristo, ha sido fundamentalmente el mismo a través de todos los siglos.  Pero en cada época ese evangelio ha tenido una tónica especial, un aspecto particularmente adecuado a la ocasión, llamado la verdad presente.

 

Esta profecía apocalíptica trata del evangelio durante el tiempo del juicio y la tónica de su mensaje es precisamente el anuncio del juicio, y por ende de la segunda venida de Cristo.  Nos resultará más claro si analizamos ordenadamente el pasaje:

El mensaje, el mensajero y el tiempo

1.         "Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno".

 

            La palabra “ángel” en el idioma griego significa "mensajero".  Por lo tanto, esta profecía describe la obra de un mensajero, o un conjunto de mensajeros que predicarían el evangelio.  En otras palabras, designa a una iglesia, a un movimiento religioso.

 

2.         Diciendo a alta voz: "Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado".

 

            Estos mensajeros, iglesia o movimiento religioso proclamarían el evangelio eterno, pero dando énfasis particular a un anuncio de extraordinaria importancia: el referente al comienzo del juicio investigador.

 

3.         "La hora de su juicio ha llegado".  Esta proclama referente al juicio celestial debía comenzar en el tiempo preciso en que el juicio se iniciaría, es decir en 1844.

 

            Ahora bien, la profecía de Daniel 8:13-14, y ésta de Apocalipsis 14:6-7, se complementan y dicen lo mismo. La de Daniel, los 2.300 días proféticos o años literales predice que en 1844 se iniciaría el juicio, y que la verdad dejaría de ser pisoteada, es decir, que volvería a ser predicada en su pureza bíblica.  La profecía de Apocalipsis declara que surgiría un movimiento religioso que proclamaría la verdad, y daría un realce especial al mensaje de la segunda venida de Cristo (Apocalipsis 14:14-15) y del juicio, y que además, dicho movimiento debía iniciarse exactamente en 1844, es decir, cuando llegara la hora del juicio.

 

Estas dos profecías convergentes tan específicas y claras se cumplieron de una manera muy notable.  Precisamente en el año 1844, en conformidad con las predicciones bíblicas, se concentró luego en la organización de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.  Sus primeros integrantes vinieron de una amplia diversidad de iglesias del sector protestante.

 

El rasgo distintivo de este movimiento religioso fue la esperanza certera del pronto regreso de Cristo a la tierra, basada en el cumplimiento de las profecías ; de ahí su nombre de "adventista", es decir personas que esperan el advenimiento con énfasis particular en la iniciación del juicio investigador en 1844.  Éste, de hecho es uno de los aspectos sobresalientes de su mensaje.

 

Por otra parte, un elemento básico de su estructura es el estudio concienzudo de la Biblia como Palabra de Dios y la adhesión fiel a sus enseñanzas como principios rectores de la vida.

 

Esto guió a la Iglesia Adventista al redescubrimiento de una serie de importantes doctrinas bíblicas olvidadas, tergiversadas o enterradas bajo los escombros de dogmas humanos.

 

Así la Iglesia Adventista primeramente en los Estados Unidos, y luego en el mundo entero comenzó en 1844 a predicar de nuevo la verdad a la cual por tanto tiempo la teología popular echó tierra y pisoteó, la verdad tal como estaba consignada en la Biblia.

 

En el admirable mosaico de verdades bíblicas que constituyen un conjunto armonioso, lógico y pleno de extraordinario poder, la predicación del mensaje del advenimiento que comenzó en 1844, prosigue con ímpetu pujante por todos los países del mundo, es a saber, el importante anuncio del pronto regreso de Jesús a la tierra y la iniciación de la hora solemne del juicio en 1844.

 

Es cierto que la esperanza adventista había venido ardiendo en los corazones de los fieles creyentes a través de las edades, fue proclamada por la pluma y de viva voz por hombres esclarecidos.  Pero su énfasis sin precedentes estaba para este tiempo del fin.

Voceros ilustres de la esperanza adventista

La esperanza adventista recibió un énfasis sin precedentes durante los siglos XVIII y XIX debido al surgimiento de hombres que se levantaron simultáneamente en diversos países de varios continentes, hubo un renovado interés en el estudio de las profecías de la Biblia.

 

Los expositores proféticos pertenecen a los más variados países de Europa, América del Norte, sin exceptuar la América Latina, ya que por lo menos en Argentina, Chile y México se realizaron trabajos medulares sobre la materia.

 

En la República de México, por ejemplo, se destaca el Dr. José María Gutiérrez de Rozas (1769-1848).

 

En Chile utilizando el seudónimo de Juan Josafar Ben Ezra, el sacerdote jesuita Manuel de Lacunza (1731-1801).

 

En Argentina, Francisco Ramos Mexia, era regidor del Cabildo de Buenos Aires.

 

Pero el país sobresaliente, fueron los Estados Unidos.  En este país surgen como precursores de los adventistas, Guillermo Miller y sus asociados.  Guillermo Miller no es el fundador, sino el precursor del movimiento adventista que se formó en 1844, ¿por qué en 1844?

 

Guillermo Miller y sus asociados, de un estudio detenido de la gran profecía de los 2.300 años, habían establecido 1844 como el año de la purificación del santuario.  Pero por falta de conocimiento acabado de la verdad bíblica relativa al santuario (esto quedó explicado en los estudios anteriores), interpretaron erradamente el acontecimiento.  Miller interpretó que se trataba del santuario terrenal y concluyó que su purificación equivalía a la destrucción de la tierra por el fuego, hecho que se verificaría en forma simultánea con el advenimiento de Cristo.

 

Pasó el 22 de octubre de 1844, día de expiación del año civil de los judíos, que había sido fijado por el grupo de cristianos que aguardaban el glorioso suceso, el fracaso puede compararse en magnitud sólo con el terrible chasco que sobrecogió a los discípulos cuando Jesús, en lugar de ser proclamado rey de los judíos, de acuerdo con sus expectativas erradas, fue crucificado.  Pero así como en el tiempo de Cristo el estudio más acabado de las profecías mesiánicas convenció a los apóstoles de su error, en 1844, un estudio más profundo y cabal de las profecías y del tema del santuario, les reveló a los sinceros que aun cuando la fecha a que habían arribado era exacta e indiscutible, el suceso era distinto al que habían esperado.

 

El santuario que debía ser purificado era el celestial, ya que el de la tierra ni siquiera existía.  La purificación del santuario terrenal, que ocurría anualmente en el día de la expiación, era un hecho simbólico y representaba el día de juicio de Dios.  Por eso, la profecía de que el santuario celestial sería purificado precedía al año en que comenzaría en el cielo el juicio investigador.

 

Así como el sumo sacerdote en los servicios terrenales, entraba en el lugar santísimo llevando la sangre del sacrificio para borrar los pecados del año, en el cielo, nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo Jesús, entraba también en el segundo compartimiento del santuario celestial, llevando simbólicamente su propia sangre.  En otras palabras, comenzaba una nueva fase de su obra mediadora en favor de los pecadores.

Se inicia la iglesia del tiempo del fin

Apenas descubierta la real verdad del suceso que debía ocurrir en 1844, comenzó a producirse un reagrupamiento en torno a esa verdad bíblica de los hombres sinceros que albergaban la esperanza del advenimiento.  Por otra parte, ese mismo año 1844, este grupo de cristianos descubrió otra vieja verdad bíblica cubierta bajo el polvo de siglos de desconocimiento de las Escrituras: la observancia del séptimo día de la semana, el sábado como día de reposo cristiano ordenado por Dios en el Decálogo, que fue practicado por Jesús y los apóstoles.

 

De esta manera, el chasco que causó la gran desilusión del año 1844 señala el desaparecimiento del movimiento de Guillermo Miller y el comienzo del Movimiento Adventista el Séptimo Día.

 

Éste, de acuerdo con la doble profecía de Daniel y Apocalipsis, restauró la verdad tal como se halla en la Biblia, la cual por ese hecho dejó de ser hollada, y proclama como nota tónica de esta verdad la esperanza del pronto regreso de Cristo a la tierra, y el proceso del juicio investigador en el tribunal divino.

 

Hay otra profecía, una tercera profecía relativa a la obra difusora de la verdad que debía realizar la Iglesia Adventista.  Esta profecía anunciaba al mismo tiempo el chasco del primer grupo de creyentes con respecto a la esperada venida de Jesús en 1844, y destacaba el hecho de que después del mismo, se concretaría el movimiento que debía proclamar la venida de Cristo.

 

Dice este pasaje de Apocalipsis: "La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo y dijo: Ve y toma el librito que está abierto de la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.  Y fui al ángel diciéndole que me diese el librito.  Y él me dijo: Toma y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.  Entonces tomé el librito de la mano del ángel, lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido amargó mi vientre.  Y me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Apocalipsis 10:8-11).

 

Este librito es el libro profético de Daniel.  El personaje a quien se dirigen las palabras representa a los milleristas sobrevivientes del chasco de 1844.  La expectativa del advenimiento de Jesús para una fecha inmediata fue dulce en la boca, pero amarga en el vientre.  Pero a ese pueblo se le ordena, después de haber sentido la amargura del chasco, y luego de haber comprendido mejor la profecía de Daniel: "Es necesario que profetices otra vez a muchos pueblos".  Esta orden profética destaca una vez más la obra de proclamar un mensaje definido que debía realizar la última iglesia de Dios en la tierra.  Por otra parte, el chasco mismo no fue un accidente que la Biblia no haya provisto.  Al contrario, había sido predicho.  Por tanto, en vez de desanimarnos es un nuevo motivo de confianza.

 

Conviene destacar el hecho de que inmediatamente después del chasco de 1844, las diferentes iglesias que profesaban el cristianismo a las cuales pertenecían los creyentes adventistas comenzaron a exigirles a éstos que abandonaran su fe en el advenimiento o que de otra manera se prepararan para recibir su despido de sus correspondientes congregaciones.  Aunque muchos cedieron a esta petición un vasto grupo prefirió mantener firme su convicción basada en las profecías, y de hecho fueron expulsados.

 

Así aun cuando los dirigentes de este movimiento no habían tenido la intención de hacerlo, se vieron convencidos por la fuerza de las circunstancias profetizadas de que debían construir una nueva iglesia, en la cual se hermanaran los que habían sido despedidos contra su voluntad de las otras iglesias.

 

De esta manera la Iglesia Adventista inició su historia en el año exacto, 1844, tal como lo señalaba la profecía, proclamando precisamente la verdad bíblica, particularmente la doctrina del juicio y la segunda venida de Cristo ; dicha iglesia comenzó en condiciones muy humildes y al parecer desfavorables, su amarga misión.

 

Pero como el simbólico grano de mostaza mencionado en la parábola de Jesús se convirtió en un árbol grande (Lucas 13:18-19),  así la Iglesia Adventista en su crecimiento admirable y emocionante ha extendido sus actividades hoy en los diversos países del mundo; y valiéndose de todas las formas modernas de difusión proclama el mensaje de Dios en más de 900 idiomas y dialectos, por medio de su obra religiosa en las iglesias, por su obra social, por sus actividades educacionales y médicas y por su labor de beneficencia y caridad.

 

Finalmente, un cuarto rasgo profético está expresado así: "...Adorad a aquél que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (Apocalipsis 14:7 última parte).

 

El Creador del universo es el verdadero Dios, único digno de adoración.  La adoración es un tributo que sólo le pertenece a él.  La facultad de crear es una de las características distintivas del verdadero Dios, en contraste con los dioses falsos (Jeremías 10:11-12).  El llamado a adorar a Dios reconociéndole como el Creador era un mensaje providencialmente oportuno, especialmente en los años que siguieron a la predicación inicial del mensaje del primer ángel, debido a la rápida difusión de la teoría de la evolución que niega la intervención directa de Dios en la creación.

 

Además, el llamado a adorar a Dios como el Creador de todo lo que existe, señala que debía restaurarse y proclamarse el cuarto mandamiento que recuerda que Dios es el Creador de todo cuanto existe; el sábado, séptimo día de la semana, el día del Señor: Dice la Biblia: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en el obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.  Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" (Éxodo 20:8-11).

 

Si el cuarto mandamiento, el sábado hubiese sido observado como era el propósito divino, hubiese sido el muro de protección contra la incredulidad y la evolución que azotan nuestro mundo (Hechos 14:15).

 

La enseñanza bíblica sobre la segunda venida de Cristo a la tierra y el cuarto mandamiento sobre la observancia del sábado como el día de reposo, día del Señor, dieron origen al nombre del movimiento religioso que se inició en 1844, inspirado en las profecías de Daniel 8:13-14 y Apocalipsis 14.  De ahí entonces, nace el nombre "Adventista del Séptimo Día".

 

Consideramos que la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene su origen divino y profético, apareció en este momento preciso del tiempo del fin para cumplir una misión especial, con un mensaje especial en una circunstancia especial.

 

Ésta es la Iglesia Adventista del Séptimo Día.  Éste es el cumplimiento de la profecía.  Ésta es una revelación de Dios para ti. ¿La aceptarás?

 

Decide unirte a la iglesia que Dios profetizó para este tiempo del fin.