Estudio 28
Apreciado amigo:
El capítulo 12 de Apocalipsis resume el drama más
asombroso de la historia. Sus
personajes han sido tomados del capítulo 3 de Génesis, que describe la forma
como Satanás se valió de la serpiente para engañar y destruir a Eva por medio
del pecado.
En lenguaje profético la verdadera iglesia se
representa con una mujer pura. Los
profetas identificaron así al pueblo de Dios diciendo: "A mujer hermosa y
delicada compararé a la hija de Sion" (Jeremías 6:2; Isaías 54:5). Y la apostasía o una iglesia falsa es
simbolizada por una mujer impura. San
Juan recibió en visión esta imagen cuando escribió: "Vino entonces uno de
los siete ángeles que tenían las siete copas y habló conmigo diciéndome: Ven
acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada
sobre muchas aguas" (Apocalipsis 17:1).
La iglesia de la era apostólica es presentada por
la revelación en su pureza cuando dice: "Una gran señal apareció en el
cielo: Una mujer vestida de sol y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza
una corona de 12 estrellas”
(Apocalipsis 12:1).
El pueblo de Israel en el Antiguo Testamento vivió
el plan de la salvación en símbolos y sombras, representado así por la
luna. En el Nuevo Testamento la iglesia
cristiana vive el plan de la redención en la realidad del símbolo, Cristo, el
sol de justicia (Malaquías 4:2).
En la Biblia las estrellas representan a los
ángeles buenos y malos (Apocalipsis 12:4-7-9) y/o a los seres humanos (Daniel
8:10). Las doce estrellas que Juan ve
están sobre el Antiguo Testamento, ya que el Hijo no había nacido (Apocalipsis
12:1-2). Aunque en las doce estrellas
también se da una continuación del período patriarcal con el período
apostólico, que surge después del nacimiento del Hijo, y de su arrebatamiento
"para Dios y su trono" (Apocalipsis 12:5). Notemos que los 12 patriarcas y los 12 apóstoles no se suman en
24 estrellas, sino que los 12 apóstoles ocupan el lugar de los 12
patriarcas. La visión de la mujer contiene
las dos dispensaciones (Antiguo y Nuevo Testamentos).
Los doce apóstoles fueron elegidos por Jesús para
guiar a la iglesia en el primer siglo de la Era Cristiana.
El Mesías perseguido por el dragón
La mujer "dio a luz un hijo varón, que regirá
con vara de hierro a todas las naciones, y su hijo fue arrebatado por Dios y
para su trono" (Apocalipsis 12:5).
Al decirse que “regirá con vara de hierro”, se
proyecta la victoria final de Cristo y su pueblo sobre el diablo y todos sus
seguidores. Podemos ver también que
Cristo al ser arrebatado, no iba a estar dirigiendo el conflicto en persona en
esta tierra. La Biblia explica que
Cristo fue arrebatado hacia el cielo.
Hablando de la grandeza de Dios el Padre dice: "La cual obró en
Cristo resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares
celestiales" (Efesios 1:20). Y el
apóstol Pablo lo confirma diciendo que "Tenemos tal pontífice que se sentó
a la diestra del trono de la majestad en los cielos" (Hebreos 8:1).
En oposición a la mujer Juan observa "un gran
dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas
siete diademas. Y el dragón se paró
frente a la mujer que estaba para dar a luz a fin de devorar a su hijo tan pronto
como naciese" (Apocalipsis 12:3-4).
El dragón representa a Satanás. Hablando de la derrota de Satanás en el
cielo Juan dice: "Y fue lanzado fuera el dragón, la serpiente antigua que
se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero, fue arrojado a la
tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:9) ; las
siete cabezas con diademas son reinos sucesivos y los diez cuernos con diademas
son símbolos de su poder sobre el mundo entero. Dice San Juan que "el mundo entero está bajo el
maligno" (1 Juan 5:19).
A través de la historia Satanás ha utilizado
varios gobiernos y reinos terrenales como sus instrumentos para hacerles la
guerra a Dios a su pueblo y a su ley.
Así que de manera indirecta el dragón que Juan vio representa a los poderes
terrenales mediante los cuales Satanás ha obrado. Ezequiel por inspiración divina
llamó al Faraón, dragón de los mares" (Ezequiel 32:2). Y de igual manera Isaías refiriéndose a los
poderes que Dios iba a destruir para liberar a Israel dice: "Y matará al
dragón que está en el mar" (Isaías 27:1,12).
En la visión de Apocalipsis 12 el dragón
representa al Imperio Romano. Bajo el
gobierno de Augusto César, los padres de Jesús se vieron obligados a ir a
hacerse censar a Belén. Herodes, que
gobernaba en Judea en representación del gobierno romano intentó destruir al
niño Jesús.
Dice el evangelista Mateo: "Herodes entonces,
cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho y mandó matar a todos los
niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores
conforme al tiempo que había inquirido de los magos". (Mateo 2:16). Y luego Pilato como procurador romano hizo
crucificar a Cristo y selló su tumba con el sello romano: "Y Pilato le
dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro,
sellando la piedra y poniendo la guardia" (Mateo 27:65,66).
Jesús murió como víctima inocente para revelar el
amor abnegado de Dios. Pero Dios obró
un milagro resucitándole y llevándole al cielo para estar con él.
La lucha entre el bien y el mal o sea, entre
Cristo y Satanás no empezó cuando Cristo se encarnó sino en el cielo
mismo. Describiendo este conflicto en
sus comienzos dice el revelador: "Después hubo una gran batalla en el
cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón y luchaba el dragón y sus
ángeles; pero no prevalecieron ni se halló ya lugar para ellos en el
cielo. Y fue lanzado fuera el gran
dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al
mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con
él" (Apocalipsis 12:7-9).
La persecución del dragón contra la iglesia
El arcángel Miguel es Cristo. Cuando Satanás vio que Cristo resucitó y
ascendió al cielo, comprendió su rotundo fracaso en su intento por destruir a
Cristo. Entonces tal como lo explica la
profecía, enfocó su venganza contra la iglesia que ahora se iniciaba. Con todo su odio se dirigió contra los
seguidores de Jesús.
Los miembros de la iglesia primitiva se
enfrentaron al sacrificio y el martirio.
Los emperadores romanos impulsados por Satanás llevaron a muchos
cristianos a sellar sus testimonios con su propia sangre. Satanás se volvió contra la iglesia para
perseguirla y destruirla. Pero los
mártires siempre vencieron por la sangre del Cordero, y por la palabra de su
testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte (Apocalipsis 12:11).
Dice el revelador: "Y la mujer huyó al
desierto, tiene lugar aparejado por Dios, para que allí la sustenten por mil
doscientos sesenta días ; y cuando vio el dragón que había sido arrojado a
la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Y se le dieron alas a la mujer, para que
volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada
por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo" (Apocalipsis
12:6,13-14).
La historia registra la huida de la iglesia
refugiándose en las fortalezas de las montañas y los lugares despoblados.
Según Apocalipsis 12:14 un tiempo es un año, dos
tiempos dos años y medio tiempo medio año.
Pero en el versículo 6 dice que son 1.260 días proféticos:
Un
año 360 días
dos
años 720 días
medio
año 180 días
Total: 1.260 días
Según la misma Escritura un día en profecía
equivale a un año literal. Dios dijo a
Moisés que la peregrinación de Israel sería un día por año de los 40 días que
habían empleado los espías en reconocer la tierra ; dice el profeta:
"Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis
la tierra... cuarenta años un año por cada día..." (Números 14:34). En otra profecía dada a Ezequiel dijo el
Señor: ... día por año te lo he dado" (Ezequiel 4:6).
La profecía de los 1.260 años comienza en el año
538 cuando la última tribu bárbara de los ostrogodos que se oponía al obispo de
Roma fue eliminada dejando el camino libre para que se pusiera en ejercicio la
primacía de Roma religiosa.
Sumamos 538 a 1.260 años y nos da un resultado de
1798. En 1798 Napoleón Bonaparte envió al general Berthier a Roma a tomar a Pío
VI en calidad de prisionero de guerra.
Desde el 538 hasta 1798 transcurrieron exactamente
1.260 días proféticos o años literales tal como lo había anticipado la
profecía.
El dragón perseguiría al remanente
Las profecías de Daniel y Apocalipsis señalan que
en la última fase de la iglesia cristiana, que sería después de cumplidos los
1.260 años cuando se iniciaría el tiempo del fin (Daniel 12:4,7,9) ; el
pueblo de Dios sería conocido (o sea, al resto del remanente) como "el resto" "la
descendencia" de la mujer o sea la iglesia remanente. Contra esta iglesia remanente de los últimos
días, Satanás emprendería una persecución, más cruel que la de la iglesia
primitiva. Dice la divina revelación:
"¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha
descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Entonces el dragón se llenó de ira contra la
mujer (la iglesia), y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia
de ella los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de
Jesucristo" (Apocalipsis 12:12,17).
El resto quiere decir lo que queda, pero ese resto
sería de la misma calidad de la iglesia apostólica. Esto es el pueblo de Dios que ha de vivir en los últimos días
sobre la tierra justamente antes del regreso de Jesús.
Notemos especialmente las dos características que
distinguirían a los verdaderos creyentes
de las otras iglesias que existirían.
Primero, "guardan los mandamientos de Dios". Esto quiere decir que le permitirán al
Espíritu Santo escribir la ley de Dios en sus mentes y sus corazones. La promesa de Dios es: "Éste es el
pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis
leyes en sus corazones y en sus mentes las escribiré" (Hebreos
10:16). Y segundo, tienen el testimonio
de Jesús". "Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la
profecía" (Apocalipsis 12:17;1:10) Esto es, gozarán del don profético.
Apocalipsis capítulo 12 describe la lucha de la
iglesia verdadera desde su comienzo hasta el fin del tiempo. Satanás es quien lucha a través de los
poderes terrenales contra Dios, su pueblo y su ley. Pero Dios ha prometido a sus hijos fieles la victoria sobre
Satanás y sus agentes y participar con él, en su trono.
Acepta pertenecer al remanente que triunfará con
Jesús en esta gran lucha entre el bien y el mal, entre Cristo y su iglesia y
Satanás y sus agentes.