Estudio 7

  • 8.El Plan de Salvacion
  • 9.La Fe
  • 10.El Arrepentimiento
  • 11.La Confesion
  • 12.El Perdon de los Pecados
  • 13.El Nuevo Nacimiento
  • El Origen del Mal

    Apreciado amigo:

     

    Las escenas que tú observas a diario y que aún experimentas tú mismo, producen en ti una profunda impresión, y en estos incidentes cotidianos tu mente levanta las intrigantes preguntas ¿Por qué existen las dolencias físicas, mentales? ¿por qué el sufrimiento y la angustia me agobian a mí, a la humanidad entera, y sobre todo muchas veces a seres inocentes?

    ¿Por qué existe el mal?

    Notarás que tú mismo te sientes atrapado por la tribulación de la cual es víctima esta desesperada sociedad en que vives.  El vicio hace cautivos a los seres humanos, destrozando sus vidas, destruyendo sus conciencias, deshaciendo los hogares, manchando la existencia del ser humano que fue creado en un comienzo a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26).

     

    La desgracia y la miseria mantienen en opresión a los seres humanos y han convertido este mundo en un inmenso lazareto, en un oscuro valle de lágrimas.  Las garras de la muerte, las injusticias sociales y las tiranías que te agobian y te enlutan, te envuelven en una mortaja de sinsabores y aflicciones.

     

    Frente a este panorama, tú como persona reflexiva puedes plantearte la pregunta inevitable: ¿Por qué existen el mal y el sufrimiento en el mundo?  Este es uno de los problemas más agudos que se imponen a tu conciencia.  ¿Cómo conciliar esta tragedia con la idea de un Dios, amante, misericordioso?

     

    Sólo la Biblia te puede explicar los grandes porqués de la vida.

     

    Al rastrear la historia del proceso de la creación, la Biblia te revela que Dios hizo un mundo perfecto.  Que después de haber dado sus toques finales observa su obra y experimenta un profundo contentamiento, "Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera" (Génesis 1:31). Del hombre dice que lo creó "a su imagen y semejanza" (Génesis 1:26).

     

    Dios es inmensamente bueno.  En esencia, "Dios es amor" (1 Juan 4:8).  Y un Dios que es amor formó a un hombre "recto"  (Eclesiastés 7:29), o perfecto, para que cuanto más tiempo viviera, más plenamente reflejara la perfecta imagen divina.  Y en esta perfección estaban la felicidad, la ausencia del dolor y el sufrimiento  (Elena G. de White,  La Educación, Pág. 13).

    El hombre es un ser libre

    El hombre creado a la imagen y la semejanza de Dios fue creado con voluntad.  Poseía desde el comienzo el poder de elegir.

     

    Ahora el hombre con libre albedrío estaba en la posibilidad de hacer mal uso de esa facultad y ponerse en conflicto con la armonía y la paz del universo.  Y esto fue lo que desafortunadamente ocurrió.

     

    Dios podía haber creado al hombre sin la posibilidad de desobedecerlo ni de desviarse de la justicia y del bien.  Pero en ese caso el hombre no hubiera sido libre sino un mero autómata.  Y nunca fue ese el plan de Dios.  Dios quiso mantener un gobierno de libertad.  Quiso asociarse con hijos suyos que lo amaran y le sirvieran voluntariamente, por afecto y no por coacción.

     

    Tu Padre celestial quiso formar una raza humana con plena capacidad de razonamiento, inteligencia y voluntad, para volcar en ella su amor inefable, con la esperanza de recibir también una obediencia voluntaria nacida de un amor recíproco. Pero el hombre fracasó.

    La caída del hombre

    Adán teniendo a su alcance el poder de evitar el mal, y mantener la felicidad por medio de la obediencia, eligió el camino de la infracción, que es la senda del caos y del dolor.  He ahí el gran fracaso del hombre.

     

    Si tú quieres descubrir el origen del mal y del sufrimiento en este mundo, has de remontarte hasta los albores de la historia de la humanidad, siguiendo el inspirado relato bíblico.  Verás entonces aparecer un elemento extraño, un ser que introdujo la discordia y la mentira, y rompió el equilibrio del universo de Dios.

     

    La narración bíblica de la caída del hombre la presenta de la siguiente manera:  "Jehová plantó un huerto en Edén, al oriente y puso allí al hombre que había formado.  Y Jehová hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; y también el árbol de la vida, en medio del huerto y el árbol de la ciencia del bien y del mal... tomó, pues Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase.  Y mando Jehová Dios al hombre diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comerás; porque el día que (sic) de él comieres ciertamente morirás"  (Génesis 2:8,9,17).

     

    Dios había reservado el árbol de la ciencia del bien y del mal con el propósito de que el hombre reconociera su continua dependencia del Creador, y reconociera que todas las cosas agradables que estaba disfrutando pertenecía al autor de la vida y los bienes, y para que a la vez profesara gozosa obediencia e inteligente a su Bienhechor.

     

    “Pero la serpiente —continúa diciendo el Génesis— era astuta más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, la cual dijo a la mujer: ¿Con que Dios os ha dicho : No comáis de todo árbol del huerto?  Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.  Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que (sic) el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:1-5).

     

    Infelizmente Adán y Eva decidieron comer de ese árbol contraviniendo la orden de Dios, y quedaron bajo el peso de las consecuencias materiales y espirituales de aquella violación.  Y desde ese mismo momento se inicia en este mundo la dramática historia del mal y del dolor, la enfermedad y la muerte que han enlutado al género humano.

    El desenmascaramiento de Satanás 

    Nota el contraste entre la clara advertencia de Dios: "El día que (sic) de él comieres, ciertamente morirás".  y la declaración de la serpiente.  "No moriréis".  ¿Quién es este animal que pronuncia la primera mentira, que seduce a la primera pareja y los lleva a rebelarse contra Dios?

     

    De hecho la serpiente fue solo un instrumento utilizado por el enemigo de Dios y de la verdad, que era quien en realidad hablaba.

     

    La Biblia, que se explica a sí misma, te revela de quién se trata, al decir: "Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero"  (Apocalipsis 12:9).

     

    El diablo o Satanás, no es un personaje mitológico o legendario creado por la fantasía o la superstición, sino un ser real, que ha estado ejerciendo su influencia perversa contra todo lo bueno, lo noble y lo verdadero.

     

    Tú te preguntarías ahora: ¿Por qué creó Dios al diablo?  Pero la respuesta es fácil y precisa.  Dios no creó al diablo.  Dios creó a un ángel perfecto, de acabada hermosura, física y moral, de notable inteligencia y poder, para que fuera su ángel cubridor, su querubín grande.    Se llamaba Lucifer —en latín "el portaluz"— el cual usó mal su poder de elección se corrompió y se convirtió en el gran enemigo de Dios.  La Biblia describe su condición original y su caída posterior de la siguiente manera:  "Tú querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.  Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que (sic) fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad... Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor: Yo te arrojé por tierra" (Ezequiel 28:14-17).

     

    "¡Cómo caíste del cielo, oh, lucero, hijo de la mañana!  Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.  Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.  Mas tú, derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo"  (Isaías 14:12-15).

     

    De esta manera, Lucifer, el querubín grande, protector Lucifer, creado perfecto con el propósito de que fuera una honra para su Creador, se enalteció, se llenó de envidia en su corazón y quiso exaltar su solio hasta la igualdad con Dios.  Acusó ante los demás ángeles al Supremo Gobernante del universo, y se rodeó de la tercera parte de ellos, que se convirtieron en sus aliados (Apocalipsis 12:4).  Así se transformó en Satanás o diablo e inició una guerra contra Dios.

    El conflicto de los siglos

    He aquí cómo la Biblia describe esa guerra, ocurrida en el cielo antes de la creación de este mundo: "Hubo una gran batalla en el cielo: Miguel (Cristo) y sus ángeles luchaban contra el dragón, y luchaban el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron, ni se halló, ya lugar para ellos en el cielo.  Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él" (Apocalipsis 12:7-9).

     

    Ahora la tarea incesante de Satanás con todos los ángeles caídos o demonios como sus aliados, consiste en seducir a los hombres, engañarlos y luchar contra la verdad, tratando de frustrar el maravilloso plan ideado por Dios para la restauración de la raza humana.

     

    En la historia sangrienta y dolorosa de este gran conflicto entre el bien y el mal, entre Dios y sus ángeles leales por un lado, y Satanás con sus ángeles caídos por el otro, se ha originado las falsas doctrinas religiosas, las supersticiones y el paganismo; han ocurrido todas las guerras, se han manifestado todas las injusticias, han acaecido todos los accidentes, se han manifestado todas las pasiones y egoísmos; se han realizado todos los crímenes y homicidios.

     

    La Biblia, en el libro de Apocalipsis con sus notables profecías relativas a este tiempo final, te muestra que "espíritus de demonios que hacen señales, van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos para la batalla de aquel gran día de Dios Todopoderoso" (Apocalipsis 16:14).  El espíritu de contienda y de lucha es puesto en el corazón humano y en el ánimo de los pueblos y gobiernos, por la influencia de Satanás, el adversario de Dios y del hombre.

    ¿Por qué  no destruyó Dios a Satanás?

    Podrías hacerte ahora la siguiente pregunta: ¿Por qué no destruyó Dios a Satanás de inmediato, para cortar de raíz la rebelión y la falsedad?  Dios podía haberlo hecho.  Pero en este caso todos los demás seres inteligentes habrían obedecido por temor y no por convicción ni amor en armonía con la naturaleza de su Creador.  "Dios es amor" (1 Juan 4:8) dice la Biblia, Dios ha permitido que Satanás desarrolle toda su malignidad y que produzca plenamente los resultados de miseria y dolor, para que se evidenciara a la vista de todo el universo la verdadera naturaleza del padre de toda mentira.  Y a su debido tiempo el Señor limpiará la tierra de todo elemento discordante, extirpando las raíces y las ramas de esta rebeldía (Malaquías 4:1) que ha ocasionado este drama tan lleno de lágrimas y aflicciones.

     

    Todos los seres del universo contemplan con intenso interés la experiencia dolorosa de la especie humana (1 Corintios 4:9; 1 Pedro 1:12); pero después de observar los resultados finales de la revolución satánica no quedará en sus mentes ninguna sombra de duda acerca de la justicia y el amor de Dios, por una parte, ni del engaño y la seducción del diablo por la otra.

     

    Este mundo es el único afectado por el pecado en todo el maravilloso y perfecto universo de Dios.  Hacia donde dirijas tu mirada puedes observar que reina el orden, la armonía, la perfección.  Sea que eleves tu vista para pasearla por la inmensidad infinita del espacio estelar, por ese gigantesco mundo que se mueve con una precisión más mecánica que la de los mejores cronómetros; sea que la sumerjas en las profundidades del mundo microscópico para seguir los procesos maravillosos de la energía y la materia, animada o inanimada, quedarás abrumado por la evidencia de un plan ordenado, inteligente, exacto y de leyes que se cumplen con rigurosa precisión.

    Conclusión

    Pese al estado actual el plan de Dios de crear a una humanidad feliz para que habitara en tierra perfecta, el cual se ha visto retrasado por causa del fracaso del hombre, se ha de cumplir con toda seguridad.

     

    Mediante ese plan redimirá individualmente a toda persona que manifieste su deseo de unirse a Dios e incorporarlo en su vida.