Estudio 13

El Nuevo Nacimiento

Apreciado amigo:

 

Con el perdón de tus pecados llegas, como es natural a la reconciliación con Dios.  El apóstol Pablo presenta las dos verdades fundamentales que estamos tratando de establecer, diciendo que el pecado entró por un hombre, Adán, y que la reconciliación vino por Cristo: "Y no sólo esto sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.  Por tanto como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:11-12).

 

Siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.  La expresión “siendo enemigos” implica, no una situación temporal ni pasajera, sino también una naturaleza en el hombre que es mala y que debe ser cambiada (Romanos 5:10).  La Biblia dice que somos carnales, vendidos al pecado, las obras que producimos prácticamente de la misma naturaleza y están en armonía con su modo de ser.  La Biblia dice que "manifiestas son las obras de la carne que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredan el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

Una naturaleza que debe cambiar

La vida de cualquier persona en quien se manifiestan los sentimientos y acciones señalados en el texto anterior, tiene que ser muy difícil, muy vacía, muy llena de insatisfacción.  Ése es un camino amargo y áspero en el que abunda el fango.  Quizá nos explique mejor esta situación la Biblia: "En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12).

 

En esta triste situación, el hombre está como se comprende, totalmente incapacitado para hacer el bien.  "Por tanto, la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede; y los que viven según la carne no puede agradar a Dios” (Romanos 8:7-8).

 

No bien comprendes cuán penosa es tal situación, se hace evidente la imperiosa necesidad de salir de ella y de que haya un cambio de naturaleza.  Y cuando el arrepentimiento llama al corazón, surge el supremo anhelo de vivir una vida mejor o como dice la Biblia, de "crucificar la carne" (Gálatas 5:24). "Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con el, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6).

 

Es necesario morir a la vida anterior para que se produzca luego un nuevo nacimiento.  Así es como el hombre se convierte en una nueva criatura.  Recuerda que para llegar a ser ciudadano de este mundo tuviste que nacer de carne y sangre, y que este estado natural en que naciste es un estado pecaminoso por la herencia de Adán (Salmo 51:5; Romanos 5:12).  Y que para ser ciudadano del reino de los cielos tienes que nacer de nuevo (Juan 3:3).  La Biblia dice: que todo creyente que ha nacido de nuevo se convierte en ciudadano del cielo (Filipenses 3:20).

 

Jesús en el texto de Juan 3:3 enfoca directamente lo que constituye la necesidad del hombre; abandonar todas sus ideas humanas, sus conceptos constituidos en torno a su experiencia pasada.  Sólo así puede producirse la completa reforma de su corazón.  Un cambio completo, absoluto, es en realidad un nuevo nacimiento.

Nacer del agua y del Espíritu

Jesús advierte, que el hombre debe nacer del agua y del Espíritu si quiere ser salvo (Juan 3:5).  El nacer del Espíritu implica una transformación de la vida y significa reconocerse pecador ante Dios y experimentar repugnancia hacia el mal cometido en el pasado.  Nacer del Espíritu es someterse a la voluntad divina.  Significa dejar penetrar a Dios en el corazón para que ponga luz en nuestra sombra. Implica amar y comprender lo bueno hacia lo cual uno manifestaba antes indiferencia o enemistad.  La Sagrada Palabra de Dios es ahora el alimento diario del corazón y sus principios rigen toda la existencia.  La Biblia dice: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25).

 

Pero el ser humano había de nacer no solamente del Espíritu sino también del agua.  El Señor estaba refiriéndose a un rito que era nuevo para la iglesia, es decir, el bautismo.  Poco tiempo más tarde, con su muerte en la cruz caducaría el sistema ceremonial de la antigua ley escrita por Moisés.  Para sustituir todo ello Jesús introdujo unas pocas ceremonias simbólicas, una de las cuales fue el bautismo, que debía aplicarse a todo nuevo creyente de la fe cristiana.  Por eso cuando los envió con el mensaje de salvación al mundo, les dijo: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo;  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, Amén” (Mateo 28:19-20).

 

El bautismo es un rito cuyo significado no siempre se comprende bien y no siempre se administra de la manera correcta.  Veamos en primer lugar, algunos requisitos previos a ese rito.  Primeramente, la persona que decide bautizarse tal como Jesús lo ordena debe creer en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, debe aceptar el sacrificio de Jesús y debe tener plena confianza en la Biblia como la Sagrada Palabra de Dios.

 

Es lógico que quien no cree en una cosa no puede consagrarse a ella.  El bautismo es un expresión de fe.  El etíope dijo: "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios” (Hechos 8:37).

 

El arrepentimiento y la confesión de los pecados a Dios deben cumplirse antes del bautismo.  Hablando de los que se convirtieron el día de Pentecostés la Biblia dice: "Al oír esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: “Arrepentios y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:37-38).

 

Estarás listo para el bautismo si comprendes que Jesús es tu único Salvador, crees en él y experimentas el arrepentimiento de tus pecados a la vez que los confiesas con humildad, a Dios, implorando el perdón y llegas a obrar de acuerdo con los principios establecidos con toda claridad en las Sagradas Escrituras.  En la Biblia se traza el camino que debes seguir para obtener la vida eterna.  La Sagrada Palabra de Dios a partir de entonces, ilumina tu sendero.  Así lo expresa David: "Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105).

 

Se comprende que tanto para creer como para arrepentirse y confesar a Dios los pecados,  la persona debe tener edad suficiente para saber lo que está haciendo.  El bautismo según la Biblia, debe administrarse cuando la persona tiene uso de razón, cuando comprende el sacrificio de Cristo, cuando sabe distinguir entre lo bueno y lo malo, cuando se reconoce a sí misma pecadora y busca librarse de la esclavitud del mal.  Esto quiere decir que la decisión de bautizarse debe venir como culminación de un proceso que Dios realiza en el corazón.

 

Es una decisión que ha de ser hecha por la persona que se bautiza.  Nadie puede decidir por otra, ni tiene autoridad ningún dirigente religioso para imponerla por la fuerza; Jesús dijo que solamente podía ser bautizado quien por voluntad propia creyera: "El que creyera” —dijo Jesús— “y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16:15).  El bautismo es una experiencia personal que representa un cambio de corazón.  Es la demostración de que se pasa de muerte a vida.  De lo dicho se desprende que el bautismo de los niños recién nacidos no está contemplado en la Biblia, puesto que ellos no están en condiciones de saber lo que hacen.

 

En cuanto a la forma de practicarlo hay en la Biblia algunos hechos que convienen notar.  En primer lugar es indispensable que haya suficiente agua para practicar el rito, tal como lo registra la Biblia.  Jesús sube del agua es porque fue sumergido (Mateo 3:16) Juan bautizaba en el río Enón porque allí había muchas aguas (Juan 3:23).

 

¿Por qué razón es indispensable suficiente agua para sumergir a la persona?  La Biblia responde: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos, por la gloria del Padre así también nosotros andemos en vida nueva.  Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección, sabiendo esto que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él para que el cuerpo de pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado" (Romanos 6:3-6).  Aquí se establece que en el acto del bautismo eres “ muerto” y “sepultado” juntamente con Jesús.  Se demuestra que es indispensable abundante agua como para sumergir a la persona.

 

Para que el bautismo tenga el real significado, para que pueda ser símbolo de la muerte, de la sepultura, es necesario que el converso sea totalmente sumergido en el agua.  Y esto es lo que precisamente nuestra palabra griega “baptizo”, de donde viene el término bautismo, significa: "Sumergir", "zambullir".  No se trata de asperjar algunas gotas de agua sobre la cabeza o cuerpo del nuevo converso.  Ha de sumergírselo por entero en el agua.

 

¿Qué simboliza, entonces el bautismo?  En primer lugar, el acto de sumergir a la persona en el agua es un símbolo de la muerte de nuestro Señor Jesucristo.  Y lo es de su resurrección cuando se lo levanta del agua.  Además simboliza, la muerte del pecador a la naturaleza pecaminosa, al ser este introducido en el agua, y también resurrección a una vida nueva, cuando el converso es levantado.  Esto fue lo que Cristo quiso expresar a Nicodemo: Nacer del agua simboliza el renacimiento dado por el Espíritu Santo, en virtud del cual mueren la naturaleza pecaminosa y las malas tendencias.

Viviendo una vida plena

Por supuesto que el bautismo como acto material, no tiene ningún poder sobrenatural y no tiene ningún significado a menos que vaya acompañado del bautismo del Espíritu Santo, es decir, del cambio de corazón, de la conversión, la cual encamina la vida en la dirección contraria al mal.  El bautismo del agua es una demostración simbólica y pública del proceso que el Espíritu Santo ya realizó en el interior.

 

Dice la Biblia: "Mas el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley" (Gálatas 5:22-23).  Éstas son las virtudes que florecen en aquellos que se cumple el proceso del nuevo nacimiento.  Se vuelve entonces comprensivo, tolerante, perdonador y aprende a amar al prójimo.  Encuentra gozo en las cosas de arriba (Colosenses 3:1), como las llama la Palabra de Dios, y se cuenta con la protección de Cristo. "Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27).

Conclusión

Jesús advirtió que para entrar en el reino de Dios había que nacer del agua y del Espíritu.

 

Nacer del Espíritu implica una transformación de la vida.  Es someterse a la voluntad divina.  Las Sagradas Escrituras se convierten en el alimento del corazón, sus principios rigen toda la existencia.

 

Nacer del agua es una demostración simbólica y pública del proceso que el Espíritu Santo ya realizó en el interior, a través del bautismo.

 

Nacer del agua implica el bautismo. El bautismo es un testimonio público de la obra realizada por el Espíritu Santo.


  • 8.El Plan de Salvacion
  • 9.La Fe
  • 10.El Arrepentimiento
  • 11.La Confesion
  • 12.El Perdon de los Pecados
  • 13.El Nuevo Nacimiento