Estudio 3

Dios el Padre

Apreciado amigo:

 

“Padre” es una palabra de naturaleza totalmente distinta que te lleva adoptar una nueva actitud en tu manera de pensar acerca de Dios.

Dios en la relación de Padre

Los evangelios no presentan al Padre como el origen o la fuente de la vida, sino como el que nutre, el que alimenta, el que cuida  (Mateo 5:45).  Su relación como Padre es de providencia, de amor, de cuidado, bendición y guía  (Mateo 6:25-33)

 

Dios como Padre te revela cuál es su actitud en relación contigo.  Para el judaísmo del Antiguo Testamento, Dios era el Creador que reclamaba obediencia.  El respeto y el temor eran la base de la relación del hombre con Dios  (Salmo 33:8).

 

Para el cristianismo el respeto a Dios como el Señor absoluto es un elemento esencial del evangelio, pero no es el centro del mensaje.  Es el amor paternal de Dios.  Para quien se convierte al evangelio, Dios es su Padre.  (Mateo 23:9).

Aplicación de la paternidad de Dios

La paternidad de Dios es aplicada a quienes se vuelven a él y le obedecen.  Pero nunca a los que la rechazan.  Jesús enseñó la paternidad de Dios no como algo que los hombres posean en común, sino como una gracia concedida sólo en la espera de su reino a quienes se declaren sus súbditos.

La filiación de hijos en el reino de Dios

La filiación de hijo es la característica por excelencia del reino de Dios.  "Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3).  Sólo los niños son capaces de decir “Abba” (Padre).  Porque volverse como niño significa aprender de nuevo a decir Abba (Padre).  Significa aprender de nuevo a depositar toda confianza en el Padre celestial, regresar al hogar paterno, a los brazos del Padre.

 

La conversión del hijo pródigo consistió en hallar el camino de regreso al hogar, a los brazos del padre (Lucas 15:11-32).  En definitiva, volverse como niños no es más que abandonarse a la prodigiosa gracia de Dios.

 

La expresión “hijos de Dios”, según los evangelios (Mateo 5:9,45; Lucas 6:35; 20:36), no es un don de la creación sino el don final de la salvación.  Sólo si tú aceptas el reino de Dios en tu vida personal, puedes llamar Padre a Dios (Romanos 8:15).  Si lo aceptas ahora mismo, ya, desde ahora tienes a Dios como Padre, ya, desde ahora estás en la condición de hijo.  "Para fortalecer nuestra confianza en Dios, Cristo nos enseña a dirigirnos a él con un nuevo nombre, un nombre entretejido con las asociaciones más caras del corazón humano.  Nos concede el privilegio de llamar al Dios infinito nuestro Padre.  Este nombre pronunciado cuando le hablamos a él y cuando hablamos de él, es una señal de nuestro amor y confianza hacia él, y una prenda de la forma en que él nos considera y se relaciona con nosotros.

 

Pronunciado cuando pedimos un favor o una bendición, es música en sus oídos.  A fin de que no consideráramos una presunción llamarlo por este nombre, lo repitió en renovadas ocasiones.  Él desea que lleguemos a familiarizarnos con este apelativo.

 

"Dios nos considera sus hijos.  Nos ha redimido del mundo abandonado, y nos ha escogido para que lleguemos a ser miembros de la familia real, hijos e hijas del Rey del cielo.  Nos invita a confiar en él, con una confianza más profunda y más fuerte que aquella que un hijo deposita en un padre terrenal.  Los padres aman a sus hijos, pero el amor de Dios es más grande, más amplio, más profundo de lo que y amor humano le es posible ser"  (Elena G. de White, Palabras de Vida del Gran Maestro, Pág. 107).

 

El hecho de ser hijos de Dios marca el sello de toda tu vida.  Te confiere la certeza de que eres partícipe de la salvación futura (Hebreos 2:10); te confiere seguridad en medio de la vida diaria (Mateo 6:25-34), te confiere poder para obedecer su voluntad, aun en las circunstancias más imprevisibles.

 

Los hijos del reino de Dios son un grupo reducido, indefenso y menospreciado.  Y el hecho de conformar "la familia de Dios" hace que su muerte sea aún peor a los ojos humanos.  Así como el Padre es despreciado, también se desprecia a su familia (Mateo 10:25).  Sin embargo no debes temer.  El Padre celestial te ha prometido ya el señorío, una salvación que excede todo entendimiento  (Daniel 7:27).

Conclusión

La paternidad de Dios en el mensaje de Jesús, tiene el sentido de una relación de amor, de providencia y guía.

¡Qué seguridad se nos da aquí de la buena voluntad de Dios, para recibir al pecador arrepentido!  ¿Has escogido tú, lector, tu propio camino?  ¿Has vagado lejos de Dios?  ¿Has procurado deleitarte en los frutos de la trasgresión, para hallar tan sólo que se vuelvan ceniza en tus labios?  Ahora desperdiciada tu hacienda, frustrados los planes de tu vida, y muertas tus esperanzas, ¿te sientes solo y abandonado?  Hoy aquella voz que hace tiempo ha estado hablando a tu corazón, pero a la cual no querías escuchar, llega a ti, distinta y clara: ... vuelve a la casa de tu Padre.  El te invita diciendo: "Tórnate a mí, porque yo te redimí"  (Elena G. de White, “Palabras de Vida del Gran Maestro”, Pág. 161).


 

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