Estudio 5

Dios el Espíritu Santo

Apreciado amigo:

 

Estando Jesús en el umbral de su partida, presentó a su sucesor diciendo:  "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce, pero vosotros le conocéis, porque mora en vosotros, y estará en vosotros.  No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.  Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.  En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:16-20).

 

El creyente no está huérfano, privado de un padre divino que lo cuide, lo proteja y lo ayude.  En el momento más impresionante de tu vida, Cristo te muestra la venida del Espíritu Santo como la continuación de su obra terrenal en favor de ti y la culminación de su obra redentora.

 

La recepción del Espíritu Santo constituye el privilegio supremo que puedes tener si es que esperas el egreso corporal y visible de Jesús para llevarte a las mansiones celestiales.

El Espíritu Santo es el vicario del Hijo de Dios

Antes de su crucifixión, Jesús presentó a su sucesor en su alocución de despedida.

 

Limitado por la naturaleza humana, Cristo no podía estar en todas partes de manera personal.  Esto hacía necesario que se fuese al Padre y enviara al Espíritu como su sucesor en la tierra.

 

El Espíritu ha sido dado como el agente regenerador, sin él, la obra de Cristo en tu favor sería inútil.  El poder de Satanás se ha estado fortaleciendo durante siglos y el sometimiento del hombre a esta esclavitud es poderosísimo.

 

El poder del pecado lo puedes resistir solamente por el poder del Espíritu Santo, quien obrará en tu vida en la plenitud de la Divinidad.  El Espíritu es quien purifica tu corazón.  Por el poder del Espíritu es como tú llegas a ser participante de la naturaleza divina.  El Espíritu es el don que Dios te concede para que puedas vencer las tendencias al mal, heredadas y cultivadas, y para grabar el carácter de Jesús en tu propio carácter.

 

La palabra “Consolador” es una traducción del griego “paracletos”, que indica el nuevo ministerio que sería ejercido por el Espíritu Santo, después del ministerio de Cristo.  “Paracletos” se traduce abogado.  También significa representante, intercesor, suplicante, consolador.  Esta palabra paracletos también se le aplica a Jesús...  "Y si alguno hubiere pecado abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo"  (1 Juan 2:1).

 

El abogado en los tiempos del Nuevo Testamento, representaba a su defendido ante el tribunal, abogando por su causa; cuando era necesario para que hablara por sí mismo.  De igual manera Cristo es nuestro abogado ante el Padre celestial y el Espíritu es el abogado de Cristo ante nosotros.  (Juan 16:13-14).

 

De la manera como Cristo en su ministerio Sumo Sacerdotal en el Santuario celestial intercede por ti ante el Padre celestial, (Hebreos 9:24), también el Espíritu intercede por Cristo en tu corazón (Juan 16:8-11,14).

El Espíritu Santo es una persona

Según la presentación que Jesús hace del Espíritu Santo como un abogado que representa, intercede y consuela, te induce a reconocerlo como una persona divina, no como una influencia impersonal, porque le robarías la diferencia, el honor y el amor que le debes.  Además si tú consideraras al Espíritu Santo como una mera influencia o poder, tratarías de obtenerlo y usarlo.  Pero si lo conoces como una persona esto te conduce a la renuncia personal de ti mismo, a la negación y la humillación de tu propio yo.  No hay nada mejor diseñado para abatir tu egoísta gloria personal en el polvo.

 

Tú no puedes emplear al Espíritu Santo;  el Espíritu es quien desea usarte a ti.  Es por medio del Espíritu como Dios obra en ti, “el querer como el hacer por su buena voluntad" (Filipenses 2:13).  Pero si tú no quieres someterte a ser guiado, porque quieres dirigirte a ti mismo, ésta será la razón por la cual no recibirás el don celestial.

 

Sólo si tú esperas humildemente en Dios, su dirección y gracia, recibirás el Espíritu.

 

Esta bendición prometida si la pides con fe te traerá las demás bendiciones.  Se te dará según las riquezas de la gracia de Cristo y estará a tu disposición, según tu capacidad para recibirla.

 

Cristo presenta al Espíritu como alguien que enseña, habla, testifica, guía, escucha y declara.  Éstos son rasgos de inteligencia y discriminación y por tal razón lo son de personalidad.

 

Se pueden mencionar la voluntad, la inteligencia, el poder y la capacidad de amar como atributos de la personalidad.  La personalidad comprende, por lo tanto, un ser consciente de sí mismo, que se conoce a sí mismo, con voluntad propia y con poder de autodecisión.

 

Una persona es un ser con quién tú te puedas comunicar, en quien puedes confiar o del que es posible que dudes, a quien puedes amar u odiar, adorar o insultar.  En ti, estos atributos esenciales de personalidad se encuentran en forma limitado o imperfecta, pero Dios los posee perfecta e ilimitadamente de modo que la personalidad del Espíritu Santo no admite comparaciones.

 

Te será de gran ayuda si tú escuchas la forma en que Jesús te habla sobre este punto en los capítulos 14 y 16 en el Evangelio de San Juan.  No emite ni siquiera una palabra que pudiera apoyar la idea de que el Espíritu Santo sea una influencia.  Jesús se dirige a él y lo trata como una persona.  Lo llama el abogado (paracleto), un título que solo puede ostentar un ser personal.

 

La Biblia le atribuye cualidades personales, acciones personales y relaciones personales.  Conoce (1 Corintios 2:11); tiene voluntad (1 Corintios 12:11); tiene mente (Romanos 8:27; Hechos 15:28); ama (Romanos 15:30); se comunica (2 Corintios 13:14); se contrista (Efesios 4:30); se le puede insultar (Hebreos 10:29); se le puede tentar y mentir (Hechos 5:9,3-4).

 

Lo más solemne que Jesús dijera en los evangelios es que si tú rechazas sus palabras o su persona, podrías ser perdonado, pero que si pecas contra el Espíritu Santo y finalmente te niegas a recibir su enseñanza y poder regenerador no tendrás perdón (Mateo 12:32).  Es inconcebible que tú puedas pecar en esa forma contra una influencia, un poder, o una energía, corriendo el riesgo de cometer así un pecado imperdonable.

La misión del Espíritu Santo

Llegamos ahora a la misión que el Espíritu Santo cumple en ti.  En primer lugar te revela a Cristo como una presencia que mora en tu alma (Efesios 3:16-17).  En segundo lugar te revela la verdad de Dios, haciéndola una realidad en lo más íntimo de tu ser (1 Corintios 2:10-14).  En tercer lugar es él quien te santifica (Romanos 15:16); en cuarto lugar él te da testimonio acerca de Cristo (Juan 16:14); en quinto lugar el glorificará a Cristo ante ti y en ti (Juan 16:14).

 

Quizá de todas las declaraciones de Jesús la que más te sorprenda sea ésta: "Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros" (Juan 16:7).  ¿Por qué su partida sería una ganancia?  Porque su presencia corporal por estar en la carne humana era meramente externa y limitada.  Por lo demás su presencia era local, limitada e individualizada, no podía estar en todas partes al mismo tiempo.

 

Mejor que su presencia corporal en la dispensación cristiana es su morada en el interior de tu ser por medio del Espíritu Santo.  Mediante el Espíritu Santo él tiene comunión contigo y con la humanidad al mismo tiempo (Elena G. de White - “El Deseado de Todas las entes”, Pág. 622).

Conclusión

El Espíritu Santo viene como Dios a tomar posesión de tu vida.  Por medio de él tú percibes a Jesús glorificado y viviente.  Y él te será impartido tan completamente como si tú fueras la única persona en esta tierra en quien puede morar Dios.  Y esta experiencia puede ser ininterrumpida.  Y aunque el Cristo que conoces en la historia te es imprescindiblemente necesario, no te salva del poder del pecado.  Para lograr la salvación necesitas poseer un salvador presente y viviente, y así por el Espíritu Santo el Cristo de la historia se transforma en el Cristo de tu experiencia.

 

Pídele a Dios como la necesidad más urgente de tu vida y te será concedido (Lucas 11:13).

 

 

 


 

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