En mi estudio personal de la Palabra de Dios con hermanos de diferentes
denominaciones cristianas. Algunos tienen una opinión de que no pueden dejar de
pecar pues la Biblia dice que no hay ninguno justo. Eclesiastes: 7:20 Ciertamente no hay hombre justo en la
tierra, que haga el bien y nunca peque.” Y con esta escusa siguen en sus pecados. Esta es una de
la mentira de Satanás para engañar si es posible a los escogidos. Y como he mencionado
muchas veces que si somos engañado podemos perder la salvación. Viven en
derrota pues se excusan que no pueden dejar de pecar, pues viene la tentación y
fracasan. Pero hay un método seguro para ganar la victoria en contra de la
tentación.
Ø En su vida terrenal, Jesús fue perseguido incesantemente por el diablo desde
su nacimiento hasta la tumba; sin embargo, hubo ciertos períodos en su vida en
los cuales él pasó por tentaciones intensas.
No fue por
accidente que eso ocurrió; era parte del plan para nuestra salvación.
La mayoría de las personas saben acerca del juicio de Jesús, de las burlas
y de su muerte en la cruz. Muchos también saben acerca de la terrible lucha en
el Getsemaní, cuando el destino de todo un mundo perdido tembló en la balanza
hasta que los labios pálidos y temblorosos de Jesús pronunciaron las palabras: “Pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Lucas 22:42. En ese tiempo él escogió continuar
con el plan y salvarnos aunque tuviera que ser separado de su Padre para
siempre.
Ø Tentado en la Carne.
A fin de que podamos comprender este tópico, primero es necesario que nos
demos cuenta de que Jesús nació en la misma carne que tenemos usted y yo. Nació
en un cuerpo humano que estaba sujeto a la debilidad y a las tentaciones que
vienen de generaciones de pecado.
Ø Nótese: “Por
lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser
misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para hacer
propiciación por los pecados del pueblo.” Hebreos 2:17.
Ø
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no
pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en
todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15.
Ø
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era
débil a causa de la carne, Dios, enviando a su propio Hijo en semejanza de
carne de pecado y en lo concerniente al pecado, condenó al pecado en la carne.”
Romanos 8:3.
Muy pocos cristianos hoy día creen esto; en vez de eso, prefieren aceptar alguna forma de la idea
católica romana de que él nació con alguna clase de “carne santa,” que no estaba sujeta
a las tentaciones como lo estamos nosotros. Algo como un salvador “simulado.”
ü Eso no es verdad de acuerdo a la Biblia. De hecho, se nos
dice que creer que Jesús no vino en la
carne humana, carne sujeta a la debilidad y a los quebrantos humanos, es un
signo del anticristo. Nos da un Cristo falso, un Salvador imaginario, pero
tenemos un Salvador verdadero:
ü “Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en
carne, no procede de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual habéis
oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.” 1 Juan 4:3.
ü “Porque
muchos engañadores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha
venido en carne. He aquí el engañador y el anticristo.” 2 Juan 7.
Jesús no estaba actuando cuando vivió en la tierra, la suya fue una lucha
tremenda más dura que la que ninguno de nosotros jamás será llamado a
enfrentar. Tenía la misma “carne” que nosotros. Podía haber pecado. No cayó.
Cierto, también era divino; sin embargo, no usó su divinidad en su propio
beneficio, ni siquiera una vez.
v Entonces, ¿por qué no cayó?
v Vivió una vida sin pecado mediante una conexión por la fe con el poder de
su Padre.
v Nosotros podemos vencer el pecado a través de una conexión por la fe con
Jesús, nuestro Gran Sumo Sacerdote.
v La mayoría de los cristiano comprenden el simbolismo de Cristo como el
cordero, pero poco lo conocen como el que esta intercediendo por nosotros en el
cielo “Sumo Sacerdote”.
Él no usó ningún poder que no esté
disponible para nosotros a través de él. Tentado en el Desierto. A menudo
pensamos en las grandes luchas que Jesús atravesó en el Getsemaní y en su
juicio y crucifixión, pero su primera gran batalla en favor suyo y mío fue en
realidad en el desierto.
Había sido planeado como parte de la salvación del hombre
que Jesús fuera tentado en los mismos puntos en los cuales Adán y Eva cayeron.
ü Esos puntos eran el apetito y la concupiscencia (la codicia), el deseo de
tener poder y fama, y la presunción.
Jesús fue llevado al desierto para esta
prueba después de ser bautizado por el Espíritu Santo para su ministerio. Ayunó
por cuarenta días, hasta que la humanidad estaba debilitada casi hasta el punto
de la muerte. Entonces Satanás apareció en la escena, determinado a engañar al
Salvador, el único que se interponía entre él y la conquista total de la
tierra. Tentó a Jesús a que usara su poder divino para sus propias necesidades
y también para proveer algo para Satanás en otras palabras, para alardear.
Jesús se negó y le respondió a
Satanás con la Palabra de Dios.
“Está
escrito”. Lucas 4:4 dice: “Jesús le respondió, diciendo: Está escrito: No sólo
de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.”
Jesús estaba ahí en el desierto bajo
la dirección de su Padre, él confiaría y obedecería, aun hasta la misma muerte.
Satanás volvió a atacar con otras tentaciones, todas conectadas con la manera
en la cual Adán y Eva cayeron en el Edén. Eran fuertes, estaban bien alimentados,
tenían mentes perfectas, no había excusa alguna para pecar en contra de su
Creador, sin embargo, cayeron vergonzosamente. Ahora, Jesús estaba pasando por
el mismo terreno, pero estaba hambriento, débil, y poseía un cuerpo y una mente
que tenía los efectos de muchas generaciones de pecado y degradación. Pero estaba
haciendo esto para proveer un camino para nosotros.
Nos estaba enseñando cómo vencer; se aferró por la fe al poder de su Padre,
y usó las vivientes palabras de la Escritura para derrotar al diablo. Puede
leer acerca de la tentación en Lucas 4 y Mateo 4. Satanás volvió dos veces más
con estratagemas para engañar a Jesús. Una vez hasta torció astutamente las
Escrituras para engañar a Jesús a fin de que fuera presuntuoso. Le ofreció a
Jesús todos los reinos de este mundo, si tan solo cedía a él una sola vez.
Cuán a menudo somos
tentados a pensar: “¡No importa si es una sola vez!”
Jesús se negó, y cada vez dependió del poder de la Biblia para vencer a Satanás.
Finalmente Jesús le ordenó a Satanás que se fuera, y tuvo que huir de la
Palabra del Padre. Aun en una condición hambrienta y moribunda, aun cuando no
usó ningún poder que no esté a nuestra disposición, Satanás no pudo vencer a
uno que mantuvo su fe en Dios y se aferró a las palabras de la Biblia. Jesús
cayó al suelo desmayándose después de esta gran batalla, pero había ganado la
victoria; Había pasado por el terreno mismo donde Adán cayó. Aunque Adán había
tenido todas las ventajas, y Jesús todas las desventajas, la victoria fue
ganada.
La Victoria Ganada para
Nosotros
Ø ¿Para qué era esa victoria?
Ø ¡Era para usted y para mí!
Sí, somos los tentados y nunca lo seremos tan severamente como lo fue Jesús
podemos escoger hacer lo bueno y clamar a Dios en el nombre de Jesús para que nos
dé la victoria. Esa misma victoria es nuestra como si nosotros mismos la hubiésemos
ganado.
Sí,
¡este es el secreto de vencer cualquier mal hábito o práctica pecaminosa, la
victoria en Jesús!
Nos engañamos a nosotros mismos, creemos que nosotros mismos podemos vencer
y de esa manera tener algo de qué vanagloriarnos o enorgullecernos. Tratamos
con ahínco, y a menudo parece que tenemos éxito por un tiempo. ¡Satanás no se
siente ni un poquito preocupado! Sabe que es un asunto de tiempo y caeremos
otra vez y nos sentiremos tan desanimados, que nos podrá enterrar sus ganchos
en una forma aún peor.
ü Lo sé, ¡lo he experimentado muchas, muchas veces! Y he sido derrotado por las
trampas de Satanás. Pero, cuando admitimos nuestra debilidad y le pedimos a
Jesús que nos dé su victoria, su poder y nosotros también nos apoyamos en la
Palabra de Dios y confiamos en Dios y en el nombre de Jesús para salvarnos y para
guardarnos, ¡entonces, Satanás tiembla! Pronto tiene que huir de ese nombre, y
la victoria de Jesús es nuestra.
ü Las batallas no se pelean solamente
una vez, y ya; la tentación viene en muchas formas, justamente como le vino a
Jesús cuando estaba aquí en la tierra, pero él ganó la victoria y se la da libremente
a todos los que la deseen.
ü Nunca se agota, nunca puede fallar. Si lo escogemos, y nos aferramos por la
fe, pidiendo esa poderosa victoria, la tendremos. El alma más débil que se
aferre a Jesús y a su Palabra es más que un contrincante para Satanás y todas
sus huestes de tinieblas.
ü Aférrese a Jesús Entonces, ¿por qué hay tan pocos que encuentra esta
victoria?
ü En parte es porque no escogen tenerla, y no la piden.
No quieren escoger renunciar completamente
al pecado, desean mantener la puerta abierta a fin de que cuando viene una
excusa, puedan correr de vuelta al pecado.
Podemos orarle al Señor para que haga que estemos dispuestos a escoger,
podemos decirle que estamos dispuestos a que nos haga estar dispuestos. Su
Espíritu obrará en nosotros. ¿Qué pasa con la falta de fe? Podemos clamar como
el hombre en la Biblia: “Creo; ven en auxilio de mi poca fe”. Marcos 9:24. Cuando
sentimos que no podemos aferrarnos, podemos clamar como lo hizo Pedro cuando se
estaba hundiendo en el agua: “¡Señor, sálvame!” Véase Mateo 14:30.
Ø Toda bendición que podamos necesitar es nuestra solamente con pedirla.
Ø Ni una sola alma necesita continuar en el pecado.
Ø Ni una sola alma necesita caer en
hábitos malos y dañinos una y otra vez.
Hay victoria, y es suya, solamente si la pide.
Nunca permita que Satanás le diga que porque usted ha
caído vez tras vez, el Señor está cansado de usted y no necesita pedir porque
él no le oirá.
Ø Esa es una mentira; nuestro Salvador
escucha el clamor más débil y su mano está extendida para salvar.
Ø Mientras la gracia para el ser humano dure, su mano está extendida para salvar hasta lo sumo.
Ø Cuando sea tentado aparte la mirada del yo y de aquello con lo cual está siendo
tentado; mire al Salvador.
Ø Véalo en su favor solo en el desierto, hambriento, débil, casi a la misma puerta
de la muerte.
Ø Vea al cruel enemigo tratando de engañarlo, llegando como lo hace la mayoría de los cobardes,
cuando Jesús estaba en el punto más débil.
Ø Vea a su Salvador aferrándose por la fe al poder de su Padre.
Ø Véalo echando al poderoso diablo con la Palabra de Dios, las sencillas
Escrituras.
Entonces
pida esa victoria y aférrese por la fe a ese Salvador. Usted nunca podrá caer
mientras haga eso. ¡Nunca!